Ayer, la presidenta Claudia Sheinbaum aprovechó “este momento” para reconocer al general Ricardo Trevilla Trejo, secretario de la Defensa Nacional. El marco fue la clausura y apertura de cursos del Sistema Educativo Militar 2026 en Zapopan, Jalisco, ante el gobernador —de oposición, lo subrayo— Pablo Lemus Navarro, el propio general Trevilla y el almirante Raymundo Pedro Morales Ángeles, secretario de Marina.
“Este momento” fue la clausura y apertura de cursos del Sistema Educativo Militar 2026, en Zapopan, Jalisco. En su mensaje, la mandataria destacó que México cuenta hoy con un gran mando al frente del Ejército Mexicano, la Guardia Nacional y la Fuerza Aérea, y señaló:
“Un hombre visionario, sensible y patriota, que entiende que una Fuerza Armada fuerte no se construye únicamente con capacidad operativa, sino con preparación, disciplina, valores y una profunda comprensión de la responsabilidad frente a la patria y al pueblo”.
En momentos de gran tensión por las evidentes tentaciones de injerencismo de sectores conservadores de EEUU, apoyados por la ultraderecha mexicana que insiste en traer del extranjero a un nuevo Maximiliano, las mencionadas palabras de la presidenta adquieren un significado muy especial, ya que es el Ejército el principal defensor y garante de la soberanía.
En la lógica del discurso político y militar, un reconocimiento de este calibre por parte de la comandanta suprema no es un mero gesto protocolario ni una simple amabilidad. Si la titular del Ejecutivo respalda de forma tan explícita al principal operador de las Fuerzas Armadas ante la cúpula militar y las autoridades civiles, el mensaje está diseñado para que lo entienda todo el mundo dentro y fuera de la 4T, tanto en nuestro territorio como en otras naciones.
Para empezar, el reconocimiento de la presidenta al general secretario consolida la línea de mando. La jefa se llama Claudia Sheinbaum, es verdad, pero inmediatamente después hay un mando confiable, experimentado y preparado, en el que descansa la defensa de la soberanía.
Es importante destacar lo anterior porque la presidenta, de ese modo, pone el acento en la necesaria cohesión institucional, sin la cual nos resultará imposible mostrar un frente interno sólido en un momento histórico altísimamente complejo que solo será posible superar con unidad y disciplina.
Al calificar Claudia Sheinbaum al general Trevilla como “visionario, sensible y patriota”, la presidenta valida de manera pública la orientación operativa y doctrinal de nuestro Ejército, que es ante todo un Ejército de paz. Sin duda, representa una ratificación del rumbo del proyecto de seguridad nacional ante actores nacionales e internacionales que pudieran caer en el error de pensar que en México hay una situación gubernamental de debilidad, cuando lo cierto es que contamos con una presidencia más fuerte que en ningún otro momento, en gran medida gracias al papel de las Fuerzas Armadas.
Reitero que el nuestro es un Ejército de paz, ampliamente estimado por la sociedad mexicana por todo lo que hace a favor de la población. Recordemos que la labor de la Secretaría de la Defensa no se limita al combate contra los principales capos del crimen organizado; su vocación fundamental, más allá de la lógica militar, es social y humanitaria, lo que se demuestra en la atención de desastres naturales y en el auxilio constante a la población civil en cualquier situación crítica.
A diferencia de otras Fuerzas Armadas orientadas casi exclusivamente a mostrar potencia en las relaciones geopolíticas, el Ejército en México se ha configurado históricamente no solo como garante de la soberanía —papel que cumple más que adecuadamente—, sino también alrededor de la protección interna, la proximidad social en las catástrofes y como el principal promotor del deporte de alto rendimiento en México.
El deporte es otra misión del Ejército Mexicano; quizá la menos conocida, pero tan importante como sus otras tareas. En los recientes Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026, los atletas del Ejército tuvieron una participación extraordinaria al conquistar 67 medallas de oro de las 167 obtenidas por la delegación nacional; es decir, prácticamente el 40%.
Entender el papel de las Fuerzas Armadas bajo esta visión integradora otorga un valor adicional al discurso, ya que muestra a una institución profundamente arraigada en la vida cotidiana del país. No por nada, para la 4T el Ejército es pueblo uniformado. De ahí el vínculo de confianza que tanto la tropa como sus superiores han construido con la sociedad mexicana.



