El ciclismo mostró nuevamente su rostro más cruel. Tadej Pogacar, vestido de líder y encaminado a conquistar la Vuelta a España, tuvo que abandonar después de una fuerte caída en la octava etapa.

A 32 kilómetros de meta, en una recta aparentemente sencilla, el esloveno sufrió un descuido y terminó contra el asfalto, golpeándose fuertemente el rostro y el hombro izquierdo. Todo el UAE Team Emirates se detuvo para auxiliar y esperar a su líder, pero continuar ya no era posible.

El abandono termina, por ahora, con la posibilidad de que Pogacar entrara al selecto grupo de campeones de las tres Grandes Vueltas: Giro de Italia, Tour de Francia y Vuelta a España.

Ahora habrá que esperar el parte médico. La preocupación va más allá de la Vuelta: el próximo 27 de septiembre está programado el Campeonato del Mundo de Montreal y queda menos de un mes para recuperarse.

Técnicamente, no será suficiente con volver a pedalear. Pogacar necesitaría recuperar movilidad, fuerza y capacidad para soportar las máximas intensidades que exige un Mundial.

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El ciclismo no distingue jerarquías. Existe una vieja sentencia: hay dos tipos de ciclistas, los que se caen y los que se volverán a caer.

Esta vez le tocó al mejor ciclista del momento. Un segundo bastó para transformar una Vuelta prácticamente en sus manos en una carrera contra el tiempo para volver a competir.