A simple vista podemos decir que lo que vimos hace un par de días fue una sinopsis de un contenido tan amplio que, apenas hace poco, se publicó. De hecho, el documento firmado por Sheinbaum ya está en manos de la presidenta de la Cámara de Diputados, que será el espacio legislativo que iniciará con los trabajos en las comisiones correspondientes. Inclusive, el tema no puede estar más claro ahora que el análisis se elevó en la previa. Entonces eso, sobre sí mismo, traerá una jornada larga y un tramo de discusiones en las que elevará las tensiones ahora que conocemos el decálogo que esbozó Claudia Sheinbaum en conferencia matutina. Eso, que equivale a contenidos o fojas a gran escala, movilizará una oleada en el cruce de información que, hasta donde conseguimos percibir, no alcanzará los números para ser aprobada en asamblea general. Incluso, no estamos hablando de un ejercicio semejante al tópico judicial. En aquel momento, recuerdo, ni siquiera se necesitó negociar con la oposición, pues el porcentaje rebasaba el requisito o la normatividad legislativa solicitada para elevar a rango constitucional una de las grandes proezas que ha hecho justicia social al pueblo.
Pese a eso, que hoy es considerado como la madre de todas las batallas, el proyecto de reforma electoral ha encontrado una infinidad de barreras que serán difíciles de penetrar. Hay diálogo, pero no hay consensos. No se trata, de hecho, de un tema de convicciones y principios, sino de salvaguardar la democracia, sobre todo para darle voz a las minorías que, de plano, muchas veces son sucumbidas en ese universo de la indiferencia. En sí, la estructura del proyecto o decálogo que presentó la mandataria tiene, para ser precisos, un contenido muy interesante si vemos a detalle el decálogo que proyectó. Hablamos del peso que tendrá cada uno de los partidos que integran una fracción. De hecho, Morena ha concentrado toda su atención en las expresiones aliadas. Saben que la negativa del PRIAN es una contención impenetrable porque no tiene un compromiso real con la sociedad. Siendo así, las pláticas son cara a cara con los liderazgos que componen la coalición Seguimos Haciendo Historia. Por eso ha sido tan prolongado e insistente el asunto antes de su arribo a San Lázaro.
Teniendo en cuenta todo eso, se ha hecho una momentánea pausa para su revisión en cada uno de los pormenores. Una de las razones, sin duda, radica en el contenido y los ajustes técnicos con relación a cómo se darán los doscientos espacios de representación proporcional. Hay que decir que, además de ello, en definitiva, otro de los puntos que traerá una discusión álgida serán las medidas del nepotismo y la propia reelección. Si somos francos o usamos el sentido lógico de las circunstancias, hay muchos prospectos que han dependido más de lo que han construido a lo largo de décadas. Están los casos de Saúl Monreal y Félix Salgado Macedonio. Uno y otro, en efecto, han ganado elecciones por sí solos. Por eso se han dividido tanto las opiniones en el propio seno de Morena. La pregunta es si tendrán la libertad de poder participar. Obviamente, la Constitución no limita ni mucho menos restringe. De ese modo, es notorio que los dos, más allá de lo que se ha ido especulando, buscarán ser los abanderados de la coalición Seguimos Haciendo Historia en Zacatecas y Guerrero, respectivamente.
Entonces el ambiente, desde el seno morenista, también estará marcado por el papel trascendente de temas específicos como el nepotismo y la reelección. Creemos que muchos diputados de Morena se han guardado algunos argumentos para el día de la discusión y análisis. Recordemos que, como tal, detrás de esos liderazgos también van presentes presidentes municipales y diputados locales. Dentro de los planes de ellos, por su labor, está poder poner a disposición de la gente la revalidación de su quehacer. Eso no podemos decir que esté fuera de una realidad, sobre todo porque la Constitución lo permite. Es allí donde el giro puede dar una voltereta y, por ende, encontrar más resistencia en el proyecto que se ha presentado en el Congreso federal.
Aunque la presidenta ha dicho que tiene algunas opciones o un plan B, no le veo por dónde se pueda aprobar el tema de la reforma electoral. Hay muchos intereses de por medio, pero sobre todo una idea clara para salvaguardar la democracia. Yo, en lo personal, he votado en cuatro ocasiones por el proyecto de transformación. Estoy a favor de los cambios estructurales y el desarrollo que tiene el país; sin embargo, es indudable que la representación de las minorías, en un congreso, permanezca por la vía tradicional. La propia experiencia nos ha dicho que funciona notoriamente, básicamente para no darle todo el poder al partido dominante más allá de que la gente decida. La mejor forma, viéndolo claro, es continuar bajo los mismos mecanismos o procedimientos en las circunscripciones. Tenemos en cuenta que eso, por añadidura, es un instrumento que nos ha caracterizado. Fue, de hecho, uno de los logros más significativos para equilibrar las voces en el parlamento y, de paso, un recurso que ha dado resultados para poner alto a quienes piensan distinto. Es cuestión de posturas y de perspectivas acerca de la democracia.
Su consumación de la reforma, entonces, depende de la voluntad para que se corrijan muchos aspectos. Diría que tres en especial: nepotismo, reelección y representación proporcional, donde Morena, al menos una proporción nutrida, tiene también aspiraciones legítimas de participar.
