Definitivamente sí debe existir un factor que haya hecho que el autismo aumente en la población mundial, ya que antes de la Segunda Guerra Mundial y de la época nuclear, el autismo era mucho más raro, aunque haya existido un subregistro del mismo.

Se sabe que el litio, una de las tierras raras de la tabla periódica, que es también considerado como una de las materias primas críticas por la Unión Europea, y que tanto revuelo han causado últimamente, incluyendo lo acontecido entre Ucrania y Rusia. Además de ser tan importante en la industria y en la economía, cuando se combina con carbonato, es un medicamento muy útil en psiquiatría, y es efectivo para tratar algunas manifestaciones del autismo.

Actualmente con la inteligencia artificial toda la información que existe se puede corroborar, incluyendo la médica; yo particularmente encontré lo de la efectividad del tratamiento del autismo con carbonato de litio en la página de Google en el apartado de inteligencia artificial.

El litio se comenzó a utilizar como tratamiento médico desde el año 1900, incluso en los Estados Unidos; en 1912, construyeron un hotel junto a un manantial de agua mineral con alto contenido de litio a donde fueron personajes importantes a relajarse y tomar de esa agua terapéutica, incluyendo al escritor Mark Twain, a los presidentes estadounidenses: Cleveland, Taft, McKinley y Teodoro Roosevelt, y a miembros de la familia Vanderbilt, por mencionar a algunos personajes con personalidades limítrofes, el hotel curiosamente se llama: Sweetwater (agua dulce).

El problema en nuestro gran país es que actualmente el carbonato de litio que fabrica y distribuye el laboratorio Psicofarma está agotado, y solo existe una marca del mismo llamada “carbolit”, y desafortunadamente, aunque es posible, no han fabricado un medicamento similar o genérico; igual sucedió cuando agotaron el oseltamivir fabricado por Laboratorios Roche de Europa y de los Estados Unidos, que es el tratamiento para influenza, y esto ocurrió en plena época de epidemia nacional, cuando llevaba el nombre: “tamiflu”, a pesar de que en su momento el presidente Enrique Peña Nieto prometió infructuosamente que se lograría su abastecimiento en México, y a pesar también de que en los Estados Unidos nunca se agotaron ni el tamiflu ni el carbolit hasta el día de hoy.

Afortunadamente, ya existen varias marcas de oseltamivir que se venden con receta médica en México, tanto genéricas como similares.