Dedico esta columna a todas las niñas, adolescentes, jóvenes y mujeres que han perdido la vida a causa de la violencia. Justicia para ellas, y que ni una más sea víctima de ningún tipo de violencia. Cada día 25 nos ponemos una prenda naranja, pero la verdad es que el color se queda corto cuando el dolor nos sigue calando tan hondo.
El Día Naranja no puede ser solo una fecha en el calendario o un lazo en la solapa para cumplir con la foto. Tiene que ser un espacio para sentir, para hacer memoria y para abrazarnos en la resistencia. Les han arrebatado proyectos, sueños y vidas de miles de mujeres de todas las edades, y no podemos seguir actuando como si fuera normal mientras la impunidad se vuelve parte del paisaje.
Haber perdido a tantas nos obliga a ver de frente la realidad. Las violencias que sufrimos no son casos aislados ni mala suerte, vienen de una cultura machista que todavía justifica el acoso, que minimiza el miedo con el que caminamos por la calle y que nos culpa por lo que nos pasa. El feminismo nos enseñó que lo que nos pasa en lo privado importa y se tiene que hablar fuerte.
Necesitamos que las niñas crezcan sin miedo, que las adolescentes disfruten su juventud libres y que ninguna mujer tenga que medir el peligro solo por el hecho de ser mujer. La indignación que sentimos en el pecho no se puede apagar, hay que convertirla en una fuerza que no se detenga.
Cuidarnos entre todas y todos exige un compromiso real, de esos que duelen y transforman. No podemos darnos el lujo de mirar hacia otro lado ni de cansarnos de exigir justicia, porque mientras haya una sola mujer viviendo con miedo en su propia casa o en la calle, algo está profundamente roto. Urge educar desde la empatía, el respeto y arrancar el machismo desde la raíz cotidiana. Juntas y juntos impulsemos un mundo de paz, igualdad y libertad absoluta para todas sin excepción.
Jennifer Islas. Política y conferencista.
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