Hubo un tiempo en que pronunciar el nombre de Tulum era hablar de uno de los destinos turísticos más exitosos del mundo. Sus playas, la zona arqueológica frente al mar Caribe y una oferta turística distinta convirtieron a este municipio en un símbolo del crecimiento de Quintana Roo y en una de las principales cartas de presentación de México ante el mundo. Hoy, lamentablemente, la conversación es muy diferente.

Cada vez son más frecuentes las noticias sobre hechos violentos, operativos de seguridad, extorsiones, desapariciones y conflictos relacionados con la delincuencia.

Aunque miles de turistas siguen visitando el destino, la percepción de inseguridad ha crecido y eso termina afectando la imagen de un lugar cuya principal fortaleza siempre fue transmitir tranquilidad.

El turismo vive de la confianza. Ningún visitante elige un destino pensando en el riesgo. Las familias buscan descanso. Los viajeros internacionales buscan experiencias memorables. Los inversionistas buscan certeza.

Cuando la violencia comienza a ocupar los titulares con mayor frecuencia que las bellezas naturales, el daño económico y social termina alcanzando a todos. Los primeros afectados son los trabajadores del turismo: meseros, recepcionistas, taxistas, guías, comerciantes, artesanos y pequeños empresarios que dependen directamente de la llegada de visitantes.

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No basta con campañas de promoción turística si la percepción de inseguridad continúa creciendo. La mejor publicidad para cualquier destino es que quien lo visite quiera regresar y lo recomiende.

Por ello, el gobierno federal no puede permanecer indiferente. La seguridad en destinos estratégicos como Tulum debe convertirse en una prioridad nacional. No sólo porque representa una fuente importante de divisas para el país, sino porque el turismo genera miles de empleos y sostiene la economía de toda una región.

La coordinación entre las autoridades federales, estatales y municipales debe fortalecerse. Combatir la extorsión, desarticular a los grupos criminales, reforzar la inteligencia y garantizar la presencia efectiva de las fuerzas de seguridad son tareas que no admiten demora.

México ha demostrado en otras regiones que, cuando existe coordinación, estrategia y voluntad política, es posible recuperar espacios para la ciudadanía. Tulum merece volver a ser noticia por sus playas, por su riqueza natural, por su gastronomía y por su extraordinario patrimonio cultural; no por hechos de violencia.

Todavía hay tiempo para corregir el rumbo. Pero el tiempo no es infinito. Cada temporada turística perdida representa empleos menos, inversiones que se cancelan y familias que ven disminuir sus ingresos.

Proteger a Tulum no es únicamente proteger un destino turístico. Es proteger una parte fundamental de la imagen de México ante el mundo.