Empiezo esta columna aclarando los símbolos de interrogación y de admiración del título.

No estoy seguro de que de las personas que dirigen Milenio hayan caído en una falta al cobrar por un artículo que el escritor argentino Martín Caparrós les entregó gratuitamente. Probablemente sí, pero Caparrós sabe cómo funcionan los medios hoy en día. Entenderá, entonces, que para acceder a ciertos contenidos la gente debe pagar, independientemente de si el autor cedió o no el material en forma gratuita al medio.

Por supuesto, si el escritor no cobró, lo justo sería que el diario no cobrara a sus lectores, pero... queda la duda. Pancho González, el propietario de Milenio, deberá decidir solo con la ayuda de su conciencia si su periódico ha hecho lo correcto o no.

Voy a las admiraciones. Las uso en el título para destacar que un historiador, Pedro Salmerón, sí ha caído en la grave inmoralidad de la calumnia.

Cito a Caparrós y Salmerón. Martín Caparrós escribió en la red social X: “Es curioso: @Milenio reproduce un artículo mío. Todo bien, porque yo autoricé su reproducción a quien quisiera hacerlo. Lo curioso es que este diario no me deja entrar a ver mi propio artículo porque no soy suscriptor. Hay algo que no funciona, ¿no?”.

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En un tuit posterior, Caparrós agregó: “Lo revisé y es peor de lo que pensaba: hay muchas columnas que pueden leerse sin suscripción pero la mía no porque está bajo el sello ‘M+’, solo para sus suscriptores. Jijijiji: ¿yo se la doy gratis y ustedes la cobran? Digan algo, @Milenio”.

A esta queja, Pedro Salmerón respondió: “Ese ‘periódico’ se lo regaló Zedillo a su achichincle @liebano y es una cueva del más rancio priismo tecnocrático”.

No intentaré refutar las opiniones de Salmerón. Él dice, al entrecomillar la palabra, que Milenio no es un periódico. Bueno, eso opina y es cosa suya. También piensa que Milenio es “una cueva del más rancio priísmo tecnocrático”, algo debatible y con lo que podría yo estar de acuerdo, pero aquí solo diré que es un juicio del historiador, asunto muy de él.

Lo que es inaceptable, por mentiroso, es decir que el expresidente Ernesto Zedillo regaló Milenio a Liébano Sáenz, su secretario particular en 1997, año en el que nació la publicación como revista semanal.

Hay una historia detrás de esta calumnia.

Yo fundé Milenio en 1997 con el dinero y el talento para los negocios de Francisco González. En lo administrativo me ayudaron Enriqueta Medina, el señor Zamora, René García y otras personas valiosas que trabajaron mucho para consolidar una empresa en la que buenos periodistas pudieran desarrollarse. En lo periodístico encargué las labores a Francisco Martín Moreno, Ciro Gómez Leyva, Raymundo Riva Palacio, Ignacio Rodríguez Reyna, Galo Gómez, Román Revueltas...

En 1999, un año antes de que Milenio Semanal tuviese su expresión diaria con Milenio Diario, llegó Carlos Marín a la empresa. Marín había sido despedido feamente de Proceso —él decía que le habían dado una patada en el culo— y Riva Palacio me convenció de contratarlo.

Si la memoria no me falla, uno de los primeros reportajes de Marín tuvo que ver con las empresas de Vicente Fox, que se habían beneficiado del fraude bancario del sexenio de Zedillo, el Fobaproa.

Fox, en 1999 candidato presidencial del PAN, se enojó bastante e insultó a la publicación llamándola Miliébano. Es decir, nos ofendía sugiriendo que Milenio era un proyecto del entonces presidente Zedillo y de su secretario particular, Liébano Sáenz. Era falso. El dueño era Pancho González y nadie más.

Yo tenía relación con Liébano y con Zedillo porque Luis Donaldo Colosio me los había presentado, pero eso era todo. En algún momento mi relación con ellos fue bastante buena. Por cierto, me sigo llevando en términos educados con Liébano, aunque lo veo muy poco. Zedillo dejó de hablarme: se molestó conmigo porque Milenio lo cuestionaba, así que, desde la soberbia de la presidencia, decidió que yo había dejado de existir en su vida.

El hecho es que Fox hablaba de Miliébano para molestarnos. Y sin duda nos molestaba. Aunque sospechábamos que el autor del juego de palabras era Jorge Castañeda —el titiritero intelectual de Fox—, nos lanzamos muy duro contra el candidato panista y hasta amenazamos con denunciarlo.

Si recuerdo bien las cosas, Fox se asustó ante la posibilidad de que lo jodiéramos en los tribunales. Un amigo común, Eduardo Sojo, nos reunió. Pactamos que en un desplegado conjunto Fox iba a reconocer que mentía al sugerir que la propiedad de Milenio era de Zedillo y de Liébano, a cambio de que yo me olvidara de demandas o denuncias. Firmamos Fox y yo el escrito que publicó el semanario. El texto lo redactaron Eduardo Sojo, por parte de Vicente Fox, y Ciro Gómez Leyva como editor de Milenio Semanal. Ahí acabó aquella calumnia; o ahí debió haber acabado.

Pasaron los años y volví a escuchar la palabra Miliébano debido a una conferencia de prensa mañanera del presidente López Obrador en 2023. El entonces presidente quería molestar a Liébano y le pidió a Martí Batres que recordara el término. Federico Berrueto, entonces socio de Liébano en una empresa encuestadora —ahora mismo Berrueto es columnista de SDPnoticias—, respondió a AMLO y a Batres, y no pasó nada más.

Hoy, tristemente la calumnia de Miliébano la revive un historiador profesional, Pedro Salmerón. Terrible que un historiador sea tan irresponsable. Si acudiera a las hemerotecas y entrevistara a la gente que conoció aquella historia, sabría que Liébano y Zedillo nada tuvieron que ver con la propiedad de Milenio. Una pena que en la izquierda militen intelectuales tan poco éticos como Salmerón. En nada ayudan al proyecto que se supone apoyan, el de la higienización de la vida pública mexicana, compleja tarea que encabeza la presidenta Claudia Sheinbaum.