A estas alturas, no sorprende lo bajo que pueden caer Trump y su régimen, pero no por eso deja de ser ofensivo la manera en que el presidente estadounidense y futuro “lame duck” usa a nuestro país con fines electoreros.

Sobre México, Trump señaló que “es el epicentro de la violencia de los cárteles. Es inaceptable que Estados Unidos comparta una frontera de más de 3 mil 200 kilómetros con un territorio controlado por cárteles enemigos”.

Por supuesto, Trump no mencionó a las decenas de millones de adictos a las drogas en Estados Unidos. Ni a las armerías que proporcionan armas a dichas agrupaciones criminales.

Tampoco mencionó que su propio país es el principal consumidor de sustancias ilícitas que financian a esos cárteles.

Ni a las farmacéuticas que crearon a decenas, o cientos de millones de yonquis con sus “medicinas” como oxycontin y muchas otras.

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Trump nada propone. Ladra.

Sobre Cuba, Trump siguió con un discurso fiel a la línea de su secretario de Estado, Marco Rubio: “Mi administración también busca un cambio fundamental en la situación en Cuba caerá”.

Las declaraciones ofensivas de Trump provocaron que la delegación cubana abandonara el recinto durante la diatriba del líder estadounidense.

Lo paradójico del discurso es que Trump utilizó la tribuna de la ONU para despotricar contra países del sur global mientras su propia casa arde.

Inflación descontrolada, gasolineras vacías en varios estados y una población cada vez más endeudada.

Y a Irán, nuevamente, lo amenaza con alguna especie de exterminio con armas de destrucción masiva. Realmente demencial.