TU DECIDES

En un país donde el debate público suele reducirse a consignas y descalificaciones, la abogada Ingrid Tapia Gutiérrez decidió hacer algo distinto: escribir un libro para argumentar. Toda vida importa no es un texto devocional ni un panfleto ideológico; es un manual de batalla cultural construido desde la ciencia política, la sociología, la economía y la dialéctica clásica. Su apuesta es clara: defender la dignidad humana desde la razón.

La presentación, realizada en la Ciudad de México, reunió a ciudadanos interesados en un debate que sigue marcando la agenda jurídica nacional. Tapia lo dijo sin rodeos: “no basta tener la razón”. En un entorno donde las políticas públicas se imponen desde el poder, la persuasión requiere estrategia, lenguaje común y conocimiento del terreno cultural.

El libro analiza veinte argumentos utilizados en el debate sobre el aborto y responde a cada uno bajo un esquema dialéctico de tesis, antítesis y síntesis. No busca imponer creencias religiosas; busca desmontar premisas débiles. En tiempos donde incluso en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, se discuten ampliaciones cada vez más radicales en materia de aborto, la autora advierte que las decisiones judiciales no pueden desligarse del contexto social ni de sus consecuencias éticas.

Tapia no es una improvisada. Con más de nueve mil litigios en su trayectoria y experiencia en derecho constitucional y electoral, su incursión en el debate bioético tiene fundamento jurídico. Pero también tiene raíz personal: dedicó la obra a su madre, Eva Gutiérrez Chichino, reconociendo en ella el origen de su convicción por la defensa de la vida. Hay en esa dedicatoria una dimensión humana que trasciende cualquier consigna.

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Mientras en México el debate parece avanzar en una sola dirección, otras latitudes comienzan a enviar señales distintas. Esta misma semana, la gobernadora de Puerto Rico, Jenniffer González, firmó la Ley 18-2026 que modifica el Código Penal para reconocer como “ser humano” al concebido en cualquier etapa de gestación dentro del útero materno. La reforma mantiene coherencia con cambios previos al Código Civil de la isla y reafirma que el nasciturus es persona natural.

La decisión no estuvo exenta de críticas por parte de sectores abortistas, pero el mensaje político es contundente: el lenguaje jurídico importa, porque el lenguaje define la realidad. Si la ley reconoce humanidad, reconoce dignidad; y si reconoce dignidad, exige protección.

México no puede ignorar estas tendencias. No se trata de copiar modelos, sino de abrir los ojos. ¿De verdad creemos que eliminar a miles de bebés en el vientre materno cada año es el único horizonte posible? ¿De verdad el progreso consiste en ampliar sin límite una práctica que divide a la sociedad y plantea dilemas éticos profundos?

Desde esta tribuna hago un llamado respetuoso pero firme al gobierno mexicano y a la Suprema Corte de Justicia de la Nación: observen lo que ocurre más allá de nuestras fronteras. Escuchen a quienes, como Ingrid Tapia, piden elevar el debate. Reconozcan que existe una corriente internacional que vuelve a colocar en el centro la dignidad del no nacido.

La historia juzga a las naciones no solo por sus libertades proclamadas, sino por las vidas que decidieron proteger. México aún está a tiempo de rectificar el rumbo y demostrar que, en efecto, toda vida importa.

15/02/2026

X: @pablomieryteran