Mario Delgado nunca debió llegar a ejercer el cargo de secretario de Educación Pública. Por razones que solo la presidenta Sheinbaum y él mismo conocen, se ha desempeñado como el sucesor de José Vasconcelos desde el inicio de la administración. No solamente pesan sobre sobre él serias sospechas de corrupción ligadas a Sergio Carmona y al huachicol fiscal, sino que su última decisión ha sido un nuevo atentado contra los más vulnerables del país: los niños.
Como se sabe, Delgado anunció hace unos días el término del ciclo escolar a principios del mes de junio, con motivo, según dijo, del inicio del Mundial y del calor. Tras una serie de malos entendidos y declaraciones encontradas con la presidenta, ayer rindió un mensaje que, lejos de eximirlo de tremendo acto de irresponsabilidad, ha agudizado la crisis mediática; amén de la contravención de la Ley General de Educación que estipula fechas y tiempos de inicio y término.
Delgado aseguró, en más o menos palabras, que el último mes de clases se dedica a asuntos administrativos y que no tiene valor pedagógico. Es decir, que no se dan clases. Acto seguido, en medio de un discurso que apenas pudo leer de corrido, dijo que el ciclo escolar actual atentaba contra la dignidad de los maestros. Siempre por los maestros, nunca por los niños.
Ha trascendido que el motivo que yace detrás de la decisión de la SEP no es otra que cumplir con las exigencias de la CNTE (y tal vez, del propio SNTE, pues en el México de la 4T estas dos organizaciones actúan con los mismos intereses) y así evitar que haya bloqueos en las ciudades que serán sede de partidos de la FIFA. Como bien fue señalado ayer: ¿por qué hacer cambios en un calendario nacional si solo la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey recibirán turismo internacional llegado para asistir a los partidos?
Ni qué decir sobre el paupérrimo estado de la educación en México, donde apenas una minoría de niños y jóvenes es capaz de realizar una operación matemática o de distinguir un texto de opinión de una noticia. Es una pena
Esta reciente decisión de Delgado y de sus asesores se inscribe en el desdén profundo hacia la educación pública en México por parte del gobierno. Con su “contrarreforma” educativa de 2019, y con la eliminación de la evaluación y del Servicio Profesional Docente, AMLO optó por devolver la rectoría de la educación a los líderes sindicales, sacrificando los escasos avances en curso. Ahora, bajo el patético liderazgo de Delgado, se ha asestado un nuevo golpe a millones de niños inocentes cuya única culpa ha sido ser víctimas de un régimen entregado a los intereses políticos.
