El mapa político latinoamericano muestra un evidente, innegable repliegue de la izquierda. A las derrotas en Perú y Chile debe añadirse el reciente descalabro electoral del gobierno de Gustavo Petro en Colombia, que no parece probable pueda revertirse con el recuento de los votos. En Argentina, Javier Milei ha consolidado una de las expresiones más radicales del ultraconservadurismo. El proyecto de Lula en Brasil, por su parte, enfrenta serias amenazas.

Esta contraofensiva que afecta al progresismo de América Latina se alimenta de un clima internacional cada vez más hostil a los gobiernos populares; un ambiente de fuerte confrontación impulsado por Donald Trump y por el ascenso de la extrema derecha en EEUU, que ya se verá si en las elecciones de noviembre encuentra un freno.

De ahí la enorme relevancia, para México, de lo que ahora mismo está ocurriendo en el Reino Unido. La gran pregunta era qué tan sola podría quedarse la presidenta Claudia Sheinbaum si se diera el resultado, probable, de una derrota de la izquierda en Brasil.

Por fortuna, más allá de la capacidad de resistencia que Morena ha exhibido desde el año 2006, lo cierto es que el progresismo internacional va más allá de Latinoamérica: hay naciones de gran peso económico en Europa que han decidido poner un límite al conservadurismo trumpista.

El diario británico The Guardian presenta a Andy Burnham, ya virtual primer ministro del Reino Unido tras la dimisión de Keir Starmer, como un “hombre del pueblo”, esto es, como un político capaz de comprender a los sectores ignorados por las élites.

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Aunque hay diferencias notables entre las izquierdas latinoamericanas y las europeas, que un líder con tal perfil asuma el gobierno en el Reino Unido demuestra que el péndulo de la geopolítica actual no se mueve únicamente hacia la derecha.

Antes de continuar, subrayemos los matices: Andy Burnham no representa el mismo proyecto absolutamente antineoliberal que defiende Claudia Sheinbaum. La ideología y la forma de hacer política de Burnham se inscriben en la socialdemocracia europea, que suele pactar con los sectores centristas para lograr la gobernabilidad.

Pero la defensa que hace el nuevo premier británico de las regiones olvidadas, de los trabajadores y de un Estado más activo que el mercado en el combate a las desigualdades, lo aproxima a la esencia del proyecto de Sheinbaum, una líder siempre guiada por las necesidades populares.

Por lo demás, existe un vínculo político y afectivo entre la Cuarta Transformación y un viejo aliado de Burnham. El nuevo primer ministro, a pesar de sus diferencias, mantuvo su respaldo a Jeremy Corbyn, el dirigente laborista que construyó una estrecha relación con Andrés Manuel López Obrador, al grado de asistir como invitado principal a la toma de protesta del Peje en 2018.

Es muy probable que Sheinbaum tuviera la oportunidad de coincidir con Corbyn en ese evento y en posteriores visitas del exlíder del Partido Laborista británico, quien está casado con la abogada, activista de derechos humanos y empresaria mexicana Laura Álvarez, dedicada al comercio justo del café.

Esta conexión del progresismo mexicano con el del Reino Unido demuestra que la izquierda en el poder, más allá de su identidad latinoamericana, mantiene lazos con las corrientes progresistas del entorno europeo.

Por lo tanto, con la llegada de Burnham a Downing Street a mediados de julio, podrá decirse que Claudia Sheinbaum contará con un aliado importante en la defensa de los valores progresistas, sociales, económicos, ambientales y de derechos humanos tan lastimados por las derechas.

Frente al avance conservador, México y los sectores progresistas de Europa muestran resistencia.

Habrá que estar atentos a la evolución política en España, donde el gobierno actual enfrenta una fuerte ofensiva de la derecha. La futura visita del rey Felipe VI a Claudia Sheinbaum en el marco del Mundial no solo será un pretexto para analizar los excesos de la conquista, sino también una oportunidad para que la mandataria mexicana exprese su solidaridad con el pueblo español en la defensa de los ideales de un gobierno de orientación social ante el empuje de los sectores conservadores de aquel país.