Hace exactamente cuatro años, desde la tribuna de la mañanera, sabíamos que López Obrador abría un juego presidencial en que, de pies a cabeza, los protagonistas tenían que ir cabalgando a toda velocidad por lo inesperado de la situación. De hecho, lo que vivimos hoy se parece a aquel momento. La presidenta está tomando muy en serio el juego por las 17 gubernaturas, lo mismo que los espacios en los 300 distritos federales. Lo vemos en el propio dinamismo que puso en marcha la dirigencia nacional de Morena. Es verdad, la jefa de Estado se separó en apariencia de las decisiones que se tomen en el seno morenista; sin embargo, si echamos un vistazo, existe una clara tendencia de lo que se ha mencionado desde las arengas de la mañanera a lo que se ha realizado. Eso, en parte, es gracias a la enorme influencia que ejerce, pero, de igual manera, da cuenta de la legitimidad que posee Claudia con más del 76% de aprobación. Todo eso generó un efecto a favor y es, políticamente hablando, un mecanismo que puede manejar a la perfección la unidad.

Algunos la pueden ver como una simple manera para ir organizando; sin embargo, el fondo de la situación nos habla de que es una jugada maestra de la presidenta porque sellas un pacto o una sociedad que, para tales fines, ha traído dividendos sustanciales como la propia mayoría calificada. Debo decir que es, sin duda, uno de los planes más estratégicos para reforzar una coalición que, de principio a fin, ha cerrado filas con Sheinbaum a través del Plan B. Significa, desde otra perspectiva, la detallada organización para encarar un proceso electoral que, a primera vista, está perfectamente dominado por el partido guinda. La idea principal, así parece, es que los partidos aliados vayan en el mayor número de entidades federativas. De hecho, no debe existir ningún contratiempo para revalidar esa sociedad ahora que Sheinbaum ha trazado una agenda de enormes dimensiones.

De mucho servirá una alianza o, de plano, una maquinaria bien aceitada. Se tiene, ni más ni menos, la oportunidad inmejorable de aplastar a una oposición que agoniza ante la cadena de acontecimientos que arrastra desde hace muchos años. La clave de todo ello, en definitiva, es haber hecho parte de esta situación a todos los partidos aliados. La jefa de Estado sabe que abrir el abanico a la participación le da mucho margen para nutrir de propuestas. Al mismo tiempo, queda claro que hacerlos partícipes de construir una alianza poderosa marca la pauta de una fusión duradera ahora que el proyecto de transformación vive su mayor apogeo. Por eso, al preguntarnos si el Plan B irá para adelante, la respuesta rápida es que sí. No veo una negativa por segunda vez consecutiva para frenar un proyecto de reforma. Siendo así, la misma percepción que vemos nos hace adelantarnos a la realidad. El simple hecho de negociar condiciones en la Secretaría de Gobernación habla no solo de darle solución rápida a uno de los temas prioritarios de la presidenta, sino de ponerse de acuerdo para encarar un ejercicio electoral que nos envuelve por completo.

En concreto, el Plan B de la presidenta es algo comparable con el juego de las llamadas corcholatas que manejó a la perfección Andrés Manuel López Obrador. Él, a partir de allí, trazó la ruta de su sucesión y, a su vez, propició que no hubiera rompimientos ni mucho menos desgaste. Eso, de cierta forma, le permitió controlar un poco el proceso, básicamente por el posicionamiento y la libertad que les dio para organizar asambleas de información que, al final de cuentas, fueron actos de promoción de la imagen para que la sociedad fuese conociendo más a fondo a cada uno de los perfiles. Por eso los tiempos son similares. Es algo así como el mismo formato, bajo las mismas reglas de participación que ya todos conocemos. Nadie puede estar por encima de la encuesta a menos que el consenso sea la llave para destrabar una elección. Lo más sencillo es, en definitiva, aplicar cuestionarios y que la población determine el rumbo de cada entidad.

Notas finales

Con el arranque del Plan B, que constituye muchos elementos inherentes de organización y avanzada, también las entidades han comenzado a poner en marcha estrategias cruciales para garantizar la competitividad. Hace poco, por ejemplo, vimos los buenos oficios del gobernador de Michoacán, Alfredo Ramírez Bedolla, quien se reunió con los liderazgos que integran la coalición Seguimos Haciendo Historia. Fue algo así como el preludio de una maquinaria que está lista para revalidar el triunfo histórico del 2021.

Por otro lado, del 25 al 29 de marzo, en la Plaza General Emiliano Zapata Salazar, ubicada en el Centro de Cuernavaca, se llevará a cabo la cuarta edición de la Feria del Libro Morelos 2026. La gobernadora Margarita González Saravia extendió una invitación a todos los habitantes para que asistan. Habrá actividades culturales, además de la exhibición y venta de novelas, cuentos, poesía y otros géneros literarios. Todo eso, que es cultura, uso y costumbres, siempre hay que aplaudirlo porque son acciones que ayudan a la reconstrucción de una sociedad pensante y consciente.