Dejé de seguir el futbol desde que mi hijo Federico Manuel creció y ya no me necesitó para ir a los estadios de Monterrey a ver a los Tigres —su equipo favorito—. A veces me compensaba con acudir a partidos de los Rayados, institución que siempre me ha parecido más digna. Historias personales al margen, el futbol ya no me interesa. Lo veo solo cuando Fede y mis nietos me invitan a algún juego, pero lo que ocurra en las ligas profesionales me tiene sin cuidado.

De los deportes gringos, me aburren el futbol americano y el beisbol. El basquetbol me parece más divertido, pero por falta de tiempo no lo sigo. Mi gran afición desde hace años es el ciclismo. Me ha interesado prácticamente toda la vida, desde que mi hermano Rolando, el menor de la familia, competía hace más de cuatro décadas. Él era un niño y yo, apenas mayor de edad, lo llevaba a las carreras. Sus hijas también se dedican profesionalmente a esta actividad.

Sigo las noticias del ciclismo profesional y, cuando puedo, veo las grandes vueltas de tres semanas. Sin ser especialista, soy un aficionado más o menos enterado y pocas veces me sorprende un competidor fuera de serie. Esa excepción ocurrió en el actual Giro d’Italia.

En las etapas montañosas ha deslumbrado por su potencia en la escalada un italiano que nada relevante había hecho en el pasado, Davide Piganzoli, pieza clave del equipo líder, Visma - Lease a Bike, y apoyo fundamental para los triunfos del gran favorito, Jonas Vingegaard.

Busqué su biografía y no encontré antecedentes relevantes. En un sitio de internet leí: “El Visma - Lease a Bike apostó fuerte este invierno por corredores procedentes de equipos modestos, con la idea de elevar su nivel gracias a un mayor enfoque en nutrición y entrenamiento. Han dado en la diana con Davide Piganzoli, que está corriendo el Giro d’Italia a un nivel altísimo y se ha convertido en la nueva mano derecha de Jonas Vingegaard”.

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En vez de reclutar con dinero a un ciclista consagrado, el Visma - Lease a Bike confió en que, con mejores métodos de entrenamiento y alimentación, podía formar a alguien capaz de soportar la dureza de las grandes vueltas..., y lo consiguió.

Así suele suceder en la política. Dos de las figuras principales en el entorno de Claudia Sheinbaum Altagracia Gómez Sierra y Omar García Harfuch— eran poco conocidas antes de que la hoy presidenta de México les acercara, puliera sus estilos y les motivara a crecer: a García Harfuch durante la jefatura de gobierno; a Altagracia, en la campaña presidencial.

En política, los relevos generacionales también se construyen desde arriba. El expresidente AMLO impulsó a la chihuahuense Andrea Chávez, quien creció muchísimo, aunque terminó excediéndose —o sus simpatizantes exageraron en su promoción— y hoy ella podría ser más un pasivo que un activo para la 4T. Si no se detiene la propaganda que se ve en distintas partes del país —viñetas nada serias de García Harfuch como musculoso superhéroe—, al secretario de Seguridad podría ocurrirle algo parecido. Cuidado con eso.

A Piganzoli le pasaría lo mismo si en su entorno lo convencieran de que ya está al nivel de Vingegaard y dejara de colaborar para intentar desplazarlo. Su tiempo llegará si no se desespera. En cambio, Andrea Chávez quizá se dejó marear y podría no alcanzar su objetivo de gobernar Chihuahua. Los partidos políticos siempre necesitan candidaturas serias, y más en una elección tan conflictiva, marcada por las controversias alrededor de la gobernadora Maru Campos, una mujer con vocación traidora que es la nueva heroína de la oposición y la comentocracia.

Davide Piganzoli no cambió sus genes al llegar al Visma - Lease a Bike: cambió su entorno mediante programas rigurosos de nutrición y entrenamiento. Ayer fue extraordinaria su actuación en la durísima subida al puerto de Pila, en el valle de Aosta, en Italia; gracias a su esfuerzo pudo ganar Vingegaard.

En la política mexicana, Claudia Sheinbaum enfrenta el reto de desarrollar más talento nuevo, que no necesariamente tiene que ser joven, sino personas con habilidades que hayan participado discretamente en la 4T. El obradorismo y el sheinbaumismo han construido una base masiva de simpatizantes, inédita en la historia electoral de México. Pero la consolidación del proyecto requiere operadores y operadoras de élite que dejen el anonimato.

Creo que Sheinbaum, como el Visma, ha tomado la decisión de que Morena ya no recurra a cuadros desprestigiados hechos en otros partidos —Manuel Bartlett, Pedro Haces, Manuel Velasco, Miguel Ángel Yunes y tantos más— para dar oportunidad a sus propia militancia mediante una estrategia de entrenamiento y nutrición política.

El salto del anonimato al protagonismo

Este es el caso de Leticia Ramírez, Ariadna Montiel e Iván Escalante. Durante años operaron en la discreción del territorio y de la burocracia 4T. La nutrición política consiste en darles presupuesto, exposición y responsabilidades; el entrenamiento implica prepararlos para el desgaste de la alta política, la defensa del proyecto, cambios hasta en sus imágenes personales y la construcción de redes propias de poder.

El relevo técnico e institucional

Pienso en el nuevo director de Pemex, Juan Carlos Carpio, y en Luz Elena González, secretaria de Energía. Personalidades técnicas eficientes y leales que operaban en segundo plano y ahora reciben plataformas de máxima exigencia. El entrenamiento consiste en resistir mercados, críticas mediáticas, presiones de toda clase de contratistas con gran poder e inercias burocráticas, y hacerlo sin perder disciplina.

Sacar de la discreción a los pesos pesados

Hay dos que identifico de inmediato: Lázaro Cárdenas Batel y Hugo Aguilar. El caso de Cárdenas Batel ejemplifica al operador con gran linaje que prefiere la discreción. Llevarlo a la jefatura de Oficina de la Presidencia es una decisión estratégica para negociar con gobernadores, empresarios y factores externos. Podría dar mucho más en un cargo con mayor visibilidad. Hugo Aguilar en la Suprema Corte responde a la necesidad de blindar el proyecto desde el aparato legal con un símbolo que, si lo trabaja finamente, lo llevará muy alto: ser el primer presidente indígena del poder judicial desde Benito Juárez.

El éxito de Sheinbaum dependerá de su capacidad para rodearse de gregarios capaces de ganar etapas por sí mismos. El gobierno apuesta y debe apostar todavía más por la cantera. El desafío es enorme: en política, un mal entrenamiento no solo deja fuera del podio; puede provocar caídas que destruyan al equipo.

Brillar en la comodidad de la burocracia es relativamente fácil; lo difícil es responder cuando la pendiente se pone al 15% y la oposición, los mercados y la derecha de Estados Unidos aprietan el ritmo. Claudia Sheinbaum necesita gente capaz de resistir en la dura montaña. Cuando se saca de la discreción a un perfil técnico o a un operador silencioso, se busca exactamente eso: comprobar si tienen la resistencia necesaria para aguantar el jalón frente a los viejos capos de siempre que acechan desde los medios, tan enloquecidos, y desde el PRI, el PAN, el nuevo Somos Mexico (otro partido de extrema derecha) y los EEUU.