“La Medicina unas veces cura, otras, alivia, pero siempre consuela”.

Hipócrates de Cos

Ser un buen médico, además de ser un don y una virtud, es un privilegio, pero lo más grandioso al respecto, es que se puede adquirir.

Primero voy a revelar el secreto universal para ser un buen médico:

Lo único que se necesita para ser un buen médico es enamorarse, con todas sus letras, de la Medicina, lo cual no es nada fácil, porque como todos los que lo hemos hecho lo sabemos, la Medicina es una carrera sumamente celosa.

El buen médico reconoce su potencial y sus capacidades, y jamás intenta superarlos si esto pone en riesgo a algún paciente.

El buen médico es duro cuando debe serlo si con eso salva una vida, pero generalmente se encuentra de buen humor, es agradable, y hasta donde pueda lograrlo, optimista.

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Un extraordinario ejemplo de un buen médico fue el doctor Gustavo Gordillo Paniagua, para todos los que tuvimos el honor de conocerlo: un hombre preparado, estudioso, humilde, un gran médico nefrólogo, honorable como profesionista, pero, sobre todo, “buena gente”, siempre estaba de buen humor, cada vez que lo recuerdo siento una satisfacción humana muy particular.

El doctor Gordillo Paniagua nos decía una frase a sus alumnos que quiero compartirles: “el medicamento más efectivo es el médico”.

Tuve oportunidad de escribir dos artículos científicos en colaboración con el doctor Gordillo Paniagua, uno para la revista de La Salle, y el segundo se publicó en la revista del Centro Médico ABC, que cuando los presenté como parte de mi currículum para ingresar a la especialidad de Pediatría en el Hospital Infantil de México “Federico Gómez”, su director, el doctor Romeo Rodríguez, se sorprendió bastante, el doctor Gordillo Paniagua también había sido su maestro.