En dos o tres ocasiones, la presidenta Claudia Sheinbaum ha respondido con un seco “sin comentarios” cuando se le ha preguntado su opinión sobre la venezolana María Corina Machado —quien se ha mostrado como una aliada abierta de Donald Trump en la política de hostilidad e intervención militar hacia Venezuela—.

En una de esas ocasiones, la presidenta mexicana fue clara al añadir que, ante la situación que vive la sociedad venezolana, la postura de su gobierno siempre será la misma: no intervención, solución pacífica de las controversias y el respeto absoluto a la autodeterminación de los pueblos, tal como lo mandata nuestra Constitución.

Sin embargo, para un periodista como Ciro Gómez Leyva, ese diplomático sin comentarios de Claudia Sheinbaum ha sido interpretado como un “silencio hostil”. El columnista de Excélsior y conductor de Radio Fórmula confunde con agresión una respuesta que, en realidad, busca evitar un enfrentamiento estéril con una figura que la derecha de EEUU —específicamente el entorno de Donald Trump— ha convertido en un parapeto y en esquirola contra las izquierdas latinoamericanas y española.

La falacia de la sororidad en la derecha madrileña

El pasado 11 de octubre de 2025, Gómez Leyva afirmó en su columna que el “sin comentarios” de la presidenta mexicana era “hostilidad mal envuelta en una supuesta indiferencia”. Calificó la postura de Sheinbaum como una “dureza enfundada en el gastado discurso de la no injerencia”, llegando incluso a tildarla de “avara y carente de empatía, bajo el argumento de que pocas veces la mandataria “ha actuado con menos sororidad”.

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Resulta revelador que Ciro Gómez Leyva, quien reside actualmente en Madrid —una ciudad donde domina la derecha española más radical—, no oculte su admiración por María Corina Machado. En la capital de España, tan distinta a la progresista Barcelona, el periodista mexicano se codea con los sectores conservadores que protegen a lo más lamentable del conservadurismo mexicano, personificado en figuras como Felipe Calderón.

Sabotear la cumbre de izquierda en Cataluña

En lugar de cuestionar el pésimo gusto político de María Corina Machado al acudir a Madrid con el único fin de ensuciar la cumbre de las izquierdas celebrada en Barcelona —donde participaron líderes de la talla de Lula da Silva, Gustavo Petro, Pedro Sánchez y la propia Claudia Sheinbaum—, el columnista optó por elogiar a la venezolana. Para hacerlo, eligió el camino más ofensivo para la mandataria mexicana: intentar igualarlas como grandes personalidades de la democracia.

La comparación es fallida e insultante. Mientras Claudia Sheinbaum participaba en un evento legítimo de defensa de los valores democráticos, María Corina Machado se lanzó a desacreditar la cumbre de Cataluña, actuando como una pieza de choque para intentar destruir la legitimidad de un encuentro que en EEUU fue percibido, erróneamente, como un ataque hacia Donald Trump.

Soberanía vs. intervencionismo extranjero

Esa equiparación forzada ignora trayectorias y contextos irreconciliables. No es correcto igualar perfiles basándose únicamente en el género o en la coincidencia de eventos en suelo español. Hacerlo evidencia un desconocimiento deliberado de la legitimidad institucional que separa a una jefa de Estado como Sheinbaum, que defiende la soberanía de su nación, de una figura de oposición como Machado que se aferra a la posibilidad de llegar al poder impuesta por un presidente extranjero, Trump.

Claudia Sheinbaum representa la consolidación de un proyecto de gobierno con un respaldo electoral masivo en México. Por el contrario, María Corina Machado, independientemente del apoyo que pueda tener en sectores de su país, apuesta a que una potencia extranjera la lleve al Palacio de Miraflores. Intentar meter a ambas en la misma categoría de liderazgo femenino solo puede tener la intención de lastimar el prestigio global de la mexicana, reduciendo la política a una crónica de revista de frivolidades, como si se tratara de dos protagonistas en una pasarela de la socialité.

El valor del “sin comentarios”

En la geopolítica actual, Machado es una pieza funcional a los intereses imperialistas de EEUU para desestabilizar procesos progresistas en América Latina y España. Por ello, la comparación de Gómez Leyva es una trampa que busca normalizar una postura favorable a la intervención militar, la cual es la antítesis de la democracia soberana absolutamente defendida por Sheinbaum.

Ignoro si Claudia Sheinbaum, por tercera o cuarta vez, respondería con un “sin comentarios” si se le preguntara por lo que hizo la derecha madrileña para enlodar el evento de la izquierda en Barcelona con la ayuda de María Corina Machado. Sería, me parece, lo más prudente, ya que no le daría nivel a la venezolana promotora de invasiones de EEUU en América Latina.

Otro “sin comentarios” serviría para no reconocer ni la existencia ni el peso de una dirigente política de Venezuela que anhela una nueva invasión estadounidense a su país.

Lo cierto es que el “sin comentarios” subraya el hecho de que ellas no son iguales. Y no lo son porque una, la mexicana Sheinbaum, encarna los ideales democráticos soberanos, mientras la otra, la venezolana Machado, representa el deseo de las derechas de ver a EEUU metido hasta la cocina en las naciones latinoamericanas.