“Si vis pacem, para bellum”: si quieres la paz, prepárate para la guerra.

Máxima latina basada en Vegecio

Un nuevo temor a la guerra recorre Europa. La retórica rusa sigue siendo agresiva y, aunque buena parte de la maquinaria militar de Moscú permanece concentrada y desgastada en Ucrania, los gobiernos europeos se preparan para incursiones rusas de distinta escala: desde sabotajes, ciberataques y campañas de desinformación hasta una agresión física limitada.

Mientras Rusia continúe absorbida por la guerra en Ucrania, un ataque convencional de gran escala contra la OTAN parece poco probable. Pero no es imposible para siempre. Diversas evaluaciones occidentales advierten que Moscú podría reconstruir en los próximos años parte de su capacidad militar. A esto se suma la carta nuclear, que el Kremlin utiliza como instrumento de intimidación y coerción para desalentar el apoyo europeo a Ucrania y obtener concesiones políticas.

Por eso buena parte de Europa se está preparando para disuadir y resistir una posible confrontación con Rusia, mediante la OTAN, la Unión Europea o sus propias fuerzas nacionales. El objetivo común es parecido, pero cada país se prepara de una manera diferente.

Alemania. La seguridad europea depende en buena medida de que el continente conserve un frente común frente a Rusia. Ese frente es amplio, aunque no perfecto: Hungría y Eslovaquia han mantenido relaciones más cercanas con Moscú, mientras distintos partidos europeos cuestionan las sanciones y el apoyo militar a Ucrania.

El mayor riesgo político está ahora en Alemania. La AfD, partidaria de restablecer los vínculos energéticos con Rusia y contraria al apoyo alemán a Ucrania, obtuvo 38.3% de los votos en Mecklemburgo-Pomerania Occidental. La CDU del canciller Friedrich Merz cayó a 4.9% y quedó fuera del parlamento regional: el peor resultado de su historia de posguerra.

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Merz calificó el resultado como un desastre, pero descartó retirarse y prometió continuar su programa de reformas. Su permanencia no garantiza por sí sola la unidad europea, pero una Alemania políticamente paralizada —o encabezada en el futuro por una fuerza cercana a Moscú— alteraría profundamente el equilibrio del continente.

Al mismo tiempo, Alemania atraviesa una transformación militar sustancial. Berlín aumenta el gasto en defensa, refuerza su presencia en el flanco oriental de la OTAN y coordina con los países del Báltico una fuerza de respuesta rápida contra drones, sabotajes y ataques híbridos.

En julio de 2026, Alemania y Francia acordaron profundizar su cooperación estratégica. Por primera vez, aviones Rafale franceses con capacidad nuclear fueron recibidos temporalmente en una base alemana y participaron junto con Eurofighter de la Luftwaffe en un ejercicio de reabastecimiento en vuelo. Alemania también participará en una maniobra francesa relacionada con la disuasión nuclear. Eso no significa que Francia haya desplegado armas nucleares en Alemania, pero sí representa un cambio político y estratégico significativo.

Reino Unido. Gran Bretaña también ha adoptado una política de “prepararse para lo peor”. Londres anunció para 2027 su mayor ejercicio de defensa nacional en décadas, destinado a poner a prueba la respuesta del país ante ciberataques, sabotajes, desinformación y agresiones contra infraestructuras críticas.

El Reino Unido es además la nación coordinadora del grupo de combate de la OTAN en Estonia y encabeza la Fuerza Expedicionaria Conjunta, en la que participan los países nórdicos y bálticos. Su estrategia ya no se limita a prepararse para una guerra convencional: incluye una confrontación prolongada con Rusia por debajo del umbral de la guerra abierta.

Francia. París ha ido especialmente lejos en la incorporación de su arsenal nuclear a la planificación estratégica europea. Oficialmente, no se prepara para una guerra ofensiva, sino para fortalecer la disuasión. Francia amplía sus capacidades convencionales, protege sus infraestructuras críticas frente a ataques híbridos y abre a sus aliados una conversación que durante décadas había evitado: qué papel puede desempeñar la fuerza nuclear francesa en la defensa de Europa.

La cooperación con Alemania, los ejercicios conjuntos y el despliegue temporal de aeronaves con capacidad nuclear en territorio aliado no crean todavía un arsenal europeo compartido. La decisión de utilizar armas nucleares seguirá correspondiendo exclusivamente al presidente francés. Pero París está dejando claro que su fuerza de disuasión ya no debe contemplarse únicamente como un instrumento para defender el territorio nacional.

Polonia. Varsovia representa quizá el ejemplo más claro de un país que se prepara para una confrontación directa con Rusia. En 2026 destina alrededor de 4.7% de su PIB a la defensa, una de las proporciones más altas de la OTAN, mientras acelera la adquisición de tanques, aeronaves, sistemas antiaéreos y armamento de largo alcance.

Polonia también construye el “Escudo del Este”, una extensa infraestructura defensiva en las fronteras con Rusia y Bielorrusia. El sistema incluye fortificaciones, obstáculos, vigilancia, comunicaciones y capacidades contra drones. La retórica también se ha vuelto más explícita: el primer ministro Donald Tusk advirtió que Moscú podría presentar como accidentales determinados ataques con drones o misiles contra países de la OTAN para poner a prueba la unidad de la Alianza.

Finlandia y Suiza. Algunos países han situado históricamente su seguridad en el centro de la vida nacional. En junio de 2026, un grupo parlamentario finlandés concluyó que Rusia representa una amenaza “a largo plazo e impredecible” para Finlandia y la OTAN.

Finlandia, que ingresó en la Alianza en 2023 —Suecia lo hizo un año después—, celebró recientemente en Kuopio el mayor ejercicio europeo de defensa civil desde la Segunda Guerra Mundial. Más de 2,000 participantes ensayaron la respuesta a ataques con misiles, ciberataques e interrupciones del suministro de agua y electricidad.

Suiza sigue su propio camino: fortalece la defensa mientras debate el significado actual de la neutralidad. La Estrategia de Política de Seguridad aprobada por el Consejo Federal el 18 de septiembre de 2026 identifica la guerra rusa contra Ucrania, las amenazas híbridas y las dependencias estratégicas como riesgos centrales.

Berna también reanudó los pagos de su programa Patriot y abrió negociaciones con fabricantes de Francia, Israel y Corea del Sur para adquirir un segundo sistema de defensa aérea de largo alcance. La neutralidad suiza permanece intacta. La despreocupación, aparentemente, no.

¿Y Ucrania? Mientras Ucrania continúe resistiendo y obligue al Kremlin a concentrar allí sus recursos, el riesgo de un ataque convencional ruso de gran escala contra el resto de Europa será menor. La extraordinaria resistencia ucraniana ha desgastado a las fuerzas rusas y ha comprado tiempo para que Europa reconstruya sus propias capacidades defensivas.

Bruselas lo sabe. Por eso la Unión Europea sigue financiando y armando a Ucrania. Y por eso los partidos cercanos a Moscú o contrarios al apoyo a Kiev intentan bloquear el envío de dinero y armamento. Ucrania no solo está defendiendo su territorio: también mantiene ocupada a la principal amenaza militar para el resto del continente.

Nada de esto demuestra que los gobiernos europeos quieran una guerra con Rusia. Todo lo contrario. La lógica declarada es la disuasión: hacer que cualquier ataque resulte más difícil, más costoso y, por tanto, menos probable.

Pero la escala de los preparativos demuestra que Europa ya no considera una confrontación importante con Rusia como una hipótesis remota. La trata como una contingencia para la cual debe prepararse.

O, parafraseando correctamente a Vegecio: quien desea la paz debe preparar la guerra.