Moralizar la vida pública sin moralizar a los políticos que la dirigen se antoja, cuando menos, imposible. La utopía que permitió el triunfo del movimiento encabezado por Andrés Manuel López Obrador comienza a toparse con las realidades que trascienden al sistema criticado y alcanzan a los suyos.
También hay morenistas con obsesión por el dinero, los hay corruptos y algunos, simplemente, desbocados. A diferencia de las elecciones anteriores, cuando el daño causado por figuras del PAN y el PRI era muy visible, en 2027, Morena enfrentará por lo menos un año de campaña negativa organizada desde Estados Unidos, con una narrativa que insiste en llamarlo narcopartido y busca imponerse pese a la evidencia.
La tasa de homicidios ha bajado a un mínimo no visto desde 2016, cuando la guerra contra el narcotráfico arruinó a México. Entre septiembre de 2024 y mayo de 2026, el país redujo 46% su promedio diario, que pasó de 86.9 a 47.3 casos. Marcela Figueroa, secretaria Ejecutiva del Sistema Nacional de Seguridad Pública, destacó que, de enero a mayo de 2026, se registraron 50.4 homicidios diarios, el nivel más bajo desde 2016.
Pero, además de Estados Unidos, a Morena la acechan sus propios militantes rebeldes, ambiciosos por encabezar las candidaturas a gobernador.
En más de una entidad, los rechazados por las reglas antinepotismo preparan el terreno para competir sin alianza, a través de los partidos que suelen ser amigos de Morena, pero esta vez solos.
Quieren jugarle chueco a Ariadna Montiel, quien, con entera integridad, ha sido firme en lo que no se admitirá.
Los más acostumbrados a la vieja manera de hacer política no se confrontan. Aceptan con una sonrisa elegante el rechazo mientras construyen la revancha.
Los más vulgares alzan la voz y golpean la mesa, aunque eso los deje peor, y rara vez lo hacen frente a las mujeres que deciden en Morena. Con todo y la desfachatez, esos resultan más confiables; al menos en el desplante se reconoce a quien es capaz de todo, son entonces objetivos medibles, fuegos que se saben prendidos y que hay que ver como tratar. El problema está en quienes han aceptado con cordialidad que Morena no será su camino y aun así están dispuestos a competir. Los que quieren cometer una infidelidad política mientras sonríen y se anuncian como los más militantes de todos los militantes. De esos habrá de cuidarse Morena.
Resta saber si el movimiento que prometió limpiar la vida pública tendrá la firmeza para expulsar a los suyos, si las cuentas da , o si la moral que pregona terminará por doblarse ante la ambición que crece en casa.



