“Encerremos la violencia en la mente que la vio nacer.”

BRIAN ALDISS

“Un milagro que no merecía

La verdad de todas mis mentiras

Era blanca, yo era gris

Era luna sin un fin

Una estrella y, de todas,

La mas bella

Así era ella.”

CHRISTIAN CASTRO

Ante la violencia de género ejercida por Layda Sansores y Juncal Solano solo se escucha el silencio sepulcral de todas sus compañeras que se hacen llamar feministas. Incluyendo a Rosario Piedra quien, desde la Comisión Nacional de Derechos Humanos, nada ve, nada oye, nada hace.

Tomemos con seriedad lo que está pasando en el país respecto al odio a las mujeres ejercido en el plano político, social y digital (redes). No se puede ser omiso —peor, alentar/apoyar— lo que Sansores y Solano hacen. Punto.

En el caso de Layda Sansores no es para que lo tome a guasa componiéndole una “bomba” a Alito Moreno: “Yo solo dije que a Alito no le manden sus fotitos, pues su amor no es verdadero”. Esto como respuesta a la denuncia hecha por las legisladoras priistas.

Insisto, esto es muy serio. Si legisladoras compartieron fotos íntimas o no, es muy su asunto —y, ultimadas madres mentes, su derecho—, si Moreno tiene las fotos y con ello presiona, chantajea o ejerce violencia de género, debe ser denunciado. Pero quien ciertamente incurre en una ilegalidad a plena luz del día es Layda Sansores. Decir — para obtener raja política a favor de Morena, de la 4T y de ella misma— que el político campechano tiene fotos íntimas de las diputadas y ex diputadas del PRI es ilegal; está denigrando a las legisladoras como mujeres.

Layda Sansores señaló: “Alito Moreno tiene en su posesión fotos íntimas de diputadas priistas, por lo que les pido tener cuidado frente un posible chantaje por parte del dirigente nacional del PRI”. Es el chantaje y la violación a la Ley Olimpia que acusa el mismo que ella está ejerciendo contra unas diputadas cuyo único “error” hasta ahora probado es ser agredidas por otra mujer llamada Layda y de apellido Sansores.

No se vale cubrir esa violencia diciendo que sus dichos son solamente una advertencia y que “han sido muy cuidadosos” para que no se filtren tales fotografías. Valdría la pena recordar que, a nivel federal, la Ley Olimpia sanciona penalmente a quien cometa el delito de violación a la intimidad sexual al compartir información o contenido íntimo de una persona sin su consentimiento.

Si las fotografías existen y llegaran aparecer de manera anónima, se podrá adivinar quien las filtró.

¿Se dan cuenta? Independientemente de que las fotografías existan, la violencia de género ha sido ejercida ¡por una mujer! ¡Qué forma tan despreciable de destruir la vida y nombre de las personas!

Tiene razón Ana Lilia Herrera, diputada federal del Estado de México, al señalar que se trata de un daño moral y violencia política de género, por lo que presentará una o varias denuncias formales y legales. Usar la fotografía de las caras de ciertas diputadas priistas en memes, dando a entender que de ellas son las supuestas fotos en poder del dirigente priista, vulnera su integridad como personas.

Pero Layda no es la única. ¡Qué va! Juncal Solano atacó de manera directa a Margarita Zavala en Twitter. Su acusación fue misógina por su condición de mujer: “pues sí Calderón quiere que su esposa Margarita sea la próxima candidata a la presidencia por la alianza Va Por México ya sabe cuál es el requisito… MANDAR EL PACK”.

Increíble que en un solo tuit la comunicóloga, siendo mujer, ataque a una mujer utilizando la información y el mismo modo con el que otras legisladoras habían sido violentadas antes por otra mujer.

Juncal borró su tuit, pero no hubo una palabra de disculpa, ni comentario aceptando su error.

De entre quienes tomaron con seriedad este asunto están Dulce María Sauri (PRI) y Citlali Hernández (Morena); la primera señalando que es algo que ni Layda (a quien por cierto le recordó que también había sido priista) ni nadie deberían hacer y la segunda quien pidió que sus compañeras no volvieran a victimizar a las diputadas priistas (ni a nadie).

Quienes no entienden la gravedad de este tipo de violencia son quienes la repiten. Y hay muchas, desafortunadamente. Algunas figuras públicas incluso.

El último caso es la de Guadalupe Loaeza quien, sin más, condenó a Angélica Rivera, criticándole como mujer y eliminando, al mismo tiempo, su presunción de inocencia. La columnista resolvió culpando a la actriz, cuando ni siquiera hay una denuncia o un proceso judicial abierto en contra de la ex primera dama de la nación. ¡Qué mal por la escritora!

Algo me parece claro y adecuado hacer a continuación: analizar las vías y las posibilidades para denunciar penalmente a quienes violentan a demás mujeres. Se deben hacer posibles los procesos y señalar que no es válido que esto suceda. Procesar a Juncal y a Layda no es tema menor. La violencia que azota al país, especialmente a las mujeres, debe parar.