Con toda certeza me atrevo a asegurar que esta es una de las interrogantes más indescifrables de la vida de Napoleón Bonaparte.

¿Cómo es posible que un ser humano tan poderoso, y que lo demostró durante toda su vida, se quedó prácticamente desocupado y moralmente inmóvil durante los seis años que vivió en Santa Elena exiliado antes de dar su último suspiro vital a los 52 años de edad?

Napoleón Bonaparte siempre dijo una frase, que se la repetía a su esposa Josefina: “El destino es más poderoso que mi voluntad”.

Inclusive el director de cine Ridley Scott incluyó esta frase en su película homónima con Joaquin Phoenix.

Napoleón ya había cumplido con su destino cuando llegó exiliado a la isla Santa Elena, ya no tenía nada más que hacer en esta vida, por eso, precisamente, ya no hizo nada importante durante los seis años de dicho exilio, incluyendo el históricamente esperado retorno a Francia, o a su natal Córcega, donde estoy seguro de que hubiera preferido dejar ahí este plano terrenal, en el mismo lugar que lo hizo su padre Carlo Bonaparte.

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Napoleón Bonaparte no solo fue el despiadado general que participó en más de 70 guerras y batallas personalmente, en muchos de ellas montando a su caballo “Maringo”, fue además el hombre que cambió la mentalidad de toda la humanidad, acabó con el terror de la guillotina, emancipó a los judíos de Europa y de Rusia, decretó leyes que hasta ahora ejercemos, quiso retomar la Tierra Prometida, y dejó a su paso una de las más grandes huellas humanitarias en este planeta.

Al respecto escuché de fuentes muy confiables que los judíos de Italia en esa época incluían en sus rezos y plegarias a Napoleón Bonaparte, con el propósito de que, al conquistar Italia, como lo hizo en su momento, los judíos de esa región también ejercieran los derechos que sus correligionarios en Francia ya tenían.

Finalmente, Napoleón Bonaparte, mientras vivió en Santa Elena, aunque definitivamente no fue feliz, como tampoco lo fue durante toda su vida, seguía siendo el hombre más influyente de la historia moderna, hasta nuestros días.