La presidenta Claudia Sheinbaum y el obradorismo se jactan de encarnar la voz del pueblo, entendido este concepto como una acepción abstracta que significa, en su interpretación, a los mexicanos que les votan. Lo utilizan como medio discursivo de justificación ante cualquier decisión o intento de reforma.

No es que hayan inventado el libro negro o descubierto el mar Mediterráneo, sino que se trata de un elemento retórico que ha sido empleado por decenas de líderes autocráticos cuyos objetivos no han sido otros que concentrar el poder político y demoler las instituciones del Estado.

Ningún partido político se planteó seriamente en el pasado implantar un régimen parlamentario de representación pura en la Cámara de Diputados. No lo hizo el PRI ni el PAN. Mucho menos lo hará Sheinbaum o el obradorismo. Como se sabe, este sistema consiste en la repartición de los curules en la Cámara Baja en proporciones idénticas –o casi– a los porcentajes obtenidos en las urnas.

A manera de ejemplo, si hoy existiese un régimen de representación pura, Morena contaría con el 40% de la Cámara, el PAN con 16, PRI con 11, MC con 10, Verde con 8 y PT con 6. En otras palabras, el Congreso sería un espejo cuasi perfecto de la voluntad expresada por el pueblo de México. El oficialismo, huelga recordar, no tendría la mayoría calificada. Se trataría de una auténtica expresión de los deseos y de la pluralidad del país.

Los críticos de este sistema alrededor del mundo arguyen que no resultaría conveniente pues, ante la existencia de decenas de partidos, no habría acuerdos, lo que dificultaría cualquier arreglo o negociación sobre temas legislativos.

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En el caso del México actual, la presencia de un partido mayoritario como Morena con sus aliados Verde y PT, lo que hoy suma la mayoría simple (54%), haría viable la promulgación o reforma de leyes, acuerdos presupuestales o cualquier negociación que no requiriese la mayoría calificada, es decir, que tuviera que ver con una reforma constitucional, para ello se necesitaría, como lo previó el Constituyente y las subsecuentes reformas hasta el fraude a la Constitución perpetrada por el Tribunal en 2024, la negociación con los partidos de oposición, mismos que hoy suman el 46% de la voluntad popular.

En conclusión, un sistema de representación pura en la Cámara de Diputados sería un escenario de ensueño en términos de democracia y representación parlamentaria. No obstante, no es considerado hoy ni lo será jamás, sobre todo, en el contexto del dominio de un régimen gobernante que no busca otra cosa que expandir los tentáculos de su poder.