LA POLÍTICA ES DE BRONCE
Se supone que, cuando estas líneas vean la luz, la presidenta Claudia Sheinbaum habrá enviado su propuesta de reforma política al Congreso de la Unión, porque logró un acuerdo con el PVEM y con el PT en el complicado tema de los senadores y diputados plurinominales, el cual se convirtió en el nudo gordiano de la actual reforma impulsada desde el gobierno. Si no la ha enviado, sería porque aún no se ha logrado construir un acuerdo que obligue a los aliados de Morena a aceptar la propuesta presidencial.
Desde finales del año pasado y durante los primeros dos meses de este, la opinión pública ha criticado, contrapunteado y especulado acerca de una reforma electoral de la que nadie conoce su contenido. A diferencia de otras reformas en materia electoral y política, incluso de la reforma constitucional y legal que presentó Andrés Manuel López Obrador en la segunda mitad de su gobierno, donde la discusión se dio con una propuesta en la mesa, en este caso la discusión y negociación de la reforma se ha dado a puerta cerrada, entre el gobierno, los coordinadores parlamentarios de Morena y, en la última reunión, con la presencia de los dirigentes reales del PVEM y el PT.
Lo que el resto de los partidos y la opinión pública conocerán, si es que lo conocen, es un acuerdo procesal; no sabremos los argumentos a favor o en contra de la permanencia o desaparición de los plurinominales y la forma de asignarlos. El resto de la oposición y las diferentes voces que han participado en las anteriores reformas electorales desde 1988 simplemente emitirán su opinión, pero el margen para alguna modificación se cerrará en el proceso de negociación de Palacio Nacional. No es una buena señal, no es una buena práctica política, pero así es la realidad de la correlación de fuerzas en el Congreso. La reforma tiene futuro si Morena, el PT y el PVEM mantienen el acuerdo.
Aquí vuelve a plantearse una pregunta: ¿es necesaria una nueva reforma electoral en estos momentos? ¿De verdad beneficia a la democracia y a los intereses de Morena tener un Congreso con el 85% de morenistas y aliados? ¿Por qué no incluir a la oposición en el proceso de negociación?
Por supuesto que el marco electoral es perfectible, que es necesario encontrar mecanismos para que las elecciones no representen un enorme gasto al erario y para que la sociedad encuentre nuevas formas de participación política electoral. Cerrar los espacios de participación política electoral para la oposición en estos momentos puede convertirse en un problema de gobernabilidad y, en algunos casos, de seguridad nacional. La existencia de los plurinominales no fue una graciosa concesión del poder a la oposición, sino el resultado de un proceso histórico específico ante la erosión de la legitimidad del gobierno hegemónico del PRI. Quien no entiende y desconoce su historia está condenado a cometer los mismos errores.
Morena ganó contundentemente las elecciones de 2018 y 2024; si no actúa con prudencia y sensatez, la reforma electoral puede convertirse en una piedra en el zapato o en un balazo en el pie. Pronto lo sabremos.
Eso pienso yo. ¿Usted qué opina? La política es de bronce.


