“La miseria no se elimina elevando cifras, sino cambiando estructuras.”

Joan Robinson

[…] y ni siquiera en Excel, lo cual te debiera preocupar. Así que, después de dos días de escribir sobre Venezuela. Volvamos a nuestra realidad interna nacional:

De acuerdo con cifras del IMSS, 2025 cerró como el año con mayor pérdida neta de patrones registrados desde que se tiene registro comparable: 24,367 empleadores menos. Menos patrones, menos centros de trabajo, menos empleo formal. Pero eso sí: el discurso oficial sigue presumiendo “la menor tasa de desempleo de la historia”. Un triunfo estadístico que no resiste la vida cotidiana.

La baja de patrones no es un dato administrativo menor. Es la señal más clara de que la base productiva se está adelgazando. Cuando una empresa sale del IMSS no es porque descubrió la iluminación fiscal; sale porque ya no puede, no le conviene o no la dejan operar en la formalidad. Cada patrón que se da de baja arrastra trabajadores, proveedores y familias completas.

La explicación no está en una sola causa, sino en una arquitectura de asfixia cuidadosamente construida. Incertidumbre jurídica permanente, reglas que cambian a mitad del partido, trámites diseñados para desalentar, desaparición de contrapesos institucionales y reformas legales que reducen defensas. A eso se suma lo que no aparece en los comunicados oficiales: extorsión, cobro de piso, robos en carreteras y centros de trabajo, costos que no deducen impuestos pero sí cierran negocios.

El aumento sostenido del salario mínimo suele presentarse como la gran política social del sexenio. La intención puede ser loable; la ejecución, no. Incrementar salarios sin crecimiento económico genera un efecto previsible: presión directa sobre las micro y pequeñas empresas, que concentran más del 95% de las unidades económicas del país. No es solo el salario: con cada ajuste suben las cuotas patronales al IMSS, aportaciones al Infonavit y cargas vinculadas a pensiones. El costo laboral total crece aunque los ingresos no.

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Y los ingresos no crecen. La economía lleva años sin despegar; la inflación erosionó márgenes; los insumos son más caros —por aranceles, por disrupciones o por criminalidad—, y el crédito sigue siendo caro y escaso para las PYMES. El resultado es obvio: salir de la formalidad o cerrar. No por codicia, sino por supervivencia.

El propio IMSS da otra pista incómoda: en 2025 también se reportó la salida de empresas medianas y grandes, incluidas 13 compañías con plantillas de entre 501 y 1,000 trabajadores. Esto no es changarro informal huyendo del sistema; es tejido empresarial que se rompe.

Conviene desmontar otro espejismo. El aumento de trabajadores registrados en años recientes no fue creación neta de empleo: fue regularización obligada. Plataformas digitales y esquemas de outsourcing ingresaron al IMSS —como debía ser—, pero eso no equivale a expansión económica. Es poner en regla lo que ya existía, no generar nuevas plazas.

Aun así, el gobierno insiste en vender estabilidad. Negar la realidad se ha vuelto política pública. En lugar de reducir incertidumbre, la administra; en vez de incentivar inversión, la espanta; en lugar de fortalecer a quien emplea, lo convierte en sospechoso. El resultado es un mercado laboral cada vez más frágil, más informal y más cínicamente maquillado.

Porque mentir con estadísticas no crea empleo. Desaparecer patrones sí los destruye. Y con ellos, desaparece también la seguridad social de millones que hoy descubren que el “pleno empleo” solo existe en presentaciones de PowerPoint.

Giro de la Perinola

Siempre habrá quien diga que los patrones no desaparecen, solo cambian.

Es cierto: crecen los del crimen organizado y los del apellido correcto dentro de la 4T.

La diferencia es mínima: ellos no registran a sus trabajadores en el IMSS.