¿Han escuchado el “Toque de Silencio” a cargo de un Corneta del Ejército Nacional Mexicano? ¿Les ha conmovido, emocionado, hecho llorar?; depende del contexto, claro. Este pequeño pero grave fragmento músico militar se ha escuchado con mayor frecuencia en los últimos años. Tres ejemplos: 1. En el Zócalo de la ciudad en memoria de los fallecidos por el sismo de 2017 y asimismo de 1985, pues ambos eventos coincidieron trágicamente en la fecha: un 19 de septiembre. 2. Durante la pandemia en memoria de los muertos a causa del virus Covid-19. 3. Recientemente, en la ceremonia previa al encuentro de futbol México vs Islandia en Querétaro, en homenaje a los soldados asesinados en el operativo de captura de un criminal siniestro y, sobre todo, a los 25 Guardias Nacionales sacrificados como consecuencia de esa acción del gobierno federal.
En su numeral 220, el Manual de Ademanes y Toques Militares de la Secretaría de la Defensa Nacional, Capítulo VI “Toques Militares”, determina:
220. SILENCIO
PROPÓSITO.- INICIAR EL DESCANSO DURANTE LA NOCHE, ASÍ COMO PARA HONORES FÚNEBRES.
ADEMÁN.- LLEVAR LA CORNETA HORIZONTAL AL CENTRO DEL CUERPO, QUEDANDO EL PABELLÓN HACIA LA DERECHA Y LA UNIÓN DE CAÑAS HACIA ABAJO, TOPANDO CON EL DEDO ÍNDICE IZQUIERDO LA BOCA DEL TUDEL. (Edición 1999, p. 177).
Ese toque militar es el que hemos estado escuchando los mexicanos, no como descanso (así lo escuchan quizá en los cuarteles en noches regulares) sino como acompañante fúnebre. Aunque, naturalmente, hay un vínculo metafórico, simbólico entre el sueño nocturno y el “sueño eterno”.
Sobre este asunto, por su vigencia y presencia inobjetable, hay tres cosas que me interesa señalar y destacar: 1. Su origen. 2. Su naturaleza militar musical, o a la inversa. 3. Su más reciente uso, su alcance para honrar a los caídos y sacrificados.
I. Origen
El origen del “Toque de Silencio” no es claro, algunos registros señalan que se encuentra en la influencia del “Tap” o “Taps” estadounidense, toque utilizado igualmente en las ceremonias solemnes para honrar soldados caídos, incluso a ese “soldado desconocido” de Arlington. Otros señalan que hay que remontarse hasta la derrota de Santa Anna en El Álamo, quien habría pedido al Corneta tocar en honor a los sorprendidos y fallecidos; lo cual es muy cuestionable dado el perfil del primer dictador mexicano del siglo XIX.
El toque funeral estadounidense fue instaurado con regularidad en 1891, pero encuentra su origen en la Guerra Civil, en julio de 1862, cuando se ejecuta por vez primera, como toque para el sueño. Se trató de la fusión de dos piezas militares antiguas, la francesa “Scott Tattoo” (1809) y la local “Extinguish Lights”, que se usaba para el llamado al sueño de las compañías. Al fusionarse la melodía y el ritmo de ambas se creó “Tap”, que se utilizó en sustitución de “Extinguish Lights” para el llamado a apagar las luces y a dormir; eventualmente, ese mismo 1862 se tocó por vez primera para los caídos hasta oficializarse en 1891.
¿Viene de ahí o de Santa Anna la versión mexicana? Probablemente de ninguna de las dos posibilidades. En todo caso, de la gringa, el sentido del llamado al descanso y también de su uso en las ceremonias fúnebres en honor de los muertos, los héroes, las víctimas, pues toda armada tiene un cúmulo de códigos de orden y ceremonial. Pero ni el ritmo ni la melodía, tal cual se ejecutan hoy, son las mismas, comparten sólo el propósito de la serenidad para el sueño y la reverencia y la solemnidad ante la muerte.
Pero hay una diferencia fundamental en el caso de la muerte. Mientras que la versión estadounidense honra a los hijos caídos del imperio, en la mexicana se honra a los hijos de la lucha por su patria en el interior de su patria. Los mexicanos no andan bombardeando países, invadiéndolos, imponiéndose para expoliarlos, para cambiar de manera antidemocrática los regímenes de gobierno de los países que ocupan por la violencia en todos los continentes, no asesinan para imponer su antidemocrática idea de la democracia en el mundo que no es otra cosa sino someter todo aquello que puedan a la Doctrina Moroe y el Destino Manifiesto; en realidad, a su voracidad y violencia salvaje. El militar mexicano está en su país contribuyendo al bien y a la paz del pueblo (no sólo en labores de seguridad, también en el dignísimo Plan DN III, por ejemplo); esa es su condición al menos en los últimos cien años; que los “comandantes supremos” los hayan utilizado para el mal, es otra historia.
Así, cuando en Estados Unidos se toca “Taps”, los estadounidenses, autoridades y familias, honran al hijo asesino de un Estado asesino. Cuando se toca el “Silencio” en México, se honra al sacrificado, al asesinado, al muerto en el cumplimiento de luchar por lo suyo y los suyos. Existe una abismal diferencia humana y ética.
Entonces, la historia íntima de la pieza estadounidense tiene un propósito honorable desde su única perspectiva, desde la naturaleza de su ambición imperial; la mexicana posee la intimidad de su historia, la historia de los mexicanos.
II. Naturaleza militar y musical
Decía que la versión estadounidense es la versión de la unión de dos piezas convertidas en otra nueva, incluso con letra: “Duerme / Apaga las luces”. Es propiamente una melodía canción en la estructura formal de una partitura a la cual le suelen hacer diversos arreglos aun para orquesta.
La mexicana es una línea solemne, sobria, profunda que se repite en variantes dependiendo de la ceremonia, el sitio y el tiempo disponible; esto, porque es un patrón reiterado. En la versión del Zócalo de 2017, su estructura básica es la siguiente –la transcribo como suena, incluyendo el medio tono bajo en que el ejecutante la hace sonar, quizá por la dificultad que representa que sea a capela; no obstante, el patrón rítmico y los intervalos se sostienen de manera consistente–:
Fa# Si Re# Fa# Si / cuando debió haber sido, de acuerdo al Manual: Sol Sib Mi Sol Do.
Con ese patrón interválico, la línea se repite hasta en nueve ocasiones con variantes. El trompetista tiene que tener buen aire, buena afinación, brillo, precisión rítmica. La pieza tiene una dificultad de ejecución importante para sostenerse estable, relajada con el vibrato regular, y con la nota final reiterada, en decrescendo. Usualmente se ejecuta a pie firme y, naturalmente, con marcialidad; aunque a veces se le ha tocado en montura a caballo.
Su ejecución es un punto a destacar. Pues hay versiones que oscilan en tres tonos distintos. Es importante el entrenamiento riguroso de Cornetas solistas. En Estados Unidos, por la dificultad y en particular por la demanda (claro, tantas guerras), se ha digitalizado la pieza, muchas veces no es el Corneta quien toca, sólo hace la mímica mientras se reproduce la grabación. No hay que caer en ello, es preferible siempre la interpretación en vivo.
El Manual ofrece una notación simple, en Do Mayor, para el estudio y que es, en realidad, como debiera estrictamente de interpretarse. Sin duda, hay un aire familiar entre “Taps” y “Silencio”, tanto por su propósito militar como en su solemnidad y ambiente sonoro, mas hay una rítmica distinta. Pero bien se haría en indagar y puntualizar la historia del “Toque de Silencio” mexicano, tener en claro su origen histórico, musical y social.
|Al parecer no existe una grabación oficial del “Toque de Silencio” mexicano, como sí lo hay del “Toque de Bandera” o el Himno Nacional; tendría que hacerse una|:
III. Su alcance en las honras fúnebres
Por lo general, la escena del solo de trompeta interpretando con solemnidad, produce un ambiente y un espíritu solidario, produce memoria, nostalgia, tristeza, ¿resignación? Y en eventos como el de la pandemia, los temblores o la muerte de algún militar, resulta suficiente la ejecución del “Toque de Silencio” para la honra.
Sin embargo, por muy grave y profundo que sea y aun si se emplee el redoble de tambores, este acto no puede ser suficiente para apaciguar el dolor de los cercanos de las víctimas ni de los ciudadanos en verdad compenetrados con lo que sucede en el país. No cuando han sido, entre soldados y guardias, 30 los asesinados por el mal siniestro; jóvenes muertos, más que por una causa personal, por la del país, del Estado Mexicano, incluso por sus gobernantes.
Sugerí a la presidenta Claudia Sheinbaum, vía un post en X, izar la bandera nacional a media asta. Poco después, un conocido reportero también preguntó en la conferencia matutina sobre esa posibilidad. Ella dijo: “Pues vamos a revisarlo con el general secretario, a ver qué es lo que opina la Defensa. Pero nuestra solidaridad y nuestro cariño”. Y abundó que cada mes hacen un evento cerrado en Palacio Nacional donde reconocen a soldados, marinos e integrantes de protección ciudadana, y a quienes, dentro de ese personal, también han perdido la vida; llegan sus familias y se les rinde homenaje, lo cual se hará también en relación a los eventos recientes.
Pero volviendo al punto, ¿por qué no se ha hecho? Es más, no sólo ondear la bandera a media asta, también declarar luto nacional por algunos días. Me resulta aún incomprensible; tal vez haya una lógica política o una estrategia de seguridad, pero no se justifican frente a la horrenda tragedia que, conforme pasan los días, se irá diluyendo en el olvido. La vida continúa, sí, pero una tragedia como la del pasado 23 de febrero de 2026, no puede, no debe soslayarse, minimizarse o mantenerse en la intimidad del gobierno; la vida y la muerte de los sacrificados tiene que honrarse, el grito de sus seres queridos tiene que escucharse hasta su consuelo, si este es posible.
De otra manera, entre políticos, congresistas, comunicadores de todo orden y orientación, el crimen, la tragedia se desvanece en la frivolidad y la insensibilidad. Pues transitan de la sorpresa, la noticia y las cifras, a la carcajada grotesca dos o tres notas después. Y eso no puede ser: el ánimo, el espíritu es, por estos días, el de la tragedia; ¿o no? Honor, gloria y agradecimiento a los sacrificados.
Nota: Un aficionado captó con buena imagen y sonido el fragmento del homenaje en el estadio Corregidora, de Querétaro. El “Toque de Silencio” se puede escuchar después de haberse cantado el Himno Nacional, acompañado de tambores y con varias trompetas. Ya luego, tanto la anunciadora local como el público, incluso antes de la salida de las fuerzas militares y sobre todo de la bandera nacional, se entregan a los gritos en “apoyo a la selección nacional”:

Héctor Palacio en X: @NietzscheAristo



