La política mexicana actual vive una paradoja tremenda, y es que mientras los partidos de la vieja política se consumen entre pleitos internos, descrédito social, vacaciones con cargo al erario y una evidente incapacidad para renovarse, en el norte del país se escribe una historia un tanto diferente. Samuel García, gobernador de Nuevo León, y Pablo Lemus, gobernador de Jalisco, acaban de refrendar en Guadalajara una alianza que no se limita al calendario político, sino que plantea un futuro compartido con visión de largo plazo.
El llamado “Eje Nuevo León – Jalisco” no es una ocurrencia. El eje que surgió en 2022 con la participación de más de 120 empresarios de ambos estados, quienes firmaron un acuerdo de vinculación económica. Desde entonces, se han realizado encuentros para impulsar el nearshoring, la acción climática y el desarrollo de políticas públicas conjuntas. Reúne a más de 120 empresarios, académicos y líderes de cámaras como CAINTRA, CANACO, CMIC y COPARMEX, con la misión de generar políticas públicas que trasciendan gobiernos y coyunturas. Si bien el Mundial 2026 es una vitrina internacional, la agenda conjunta no se reduce al fútbol. Incluye movilidad, infraestructura, turismo, logística, salud y competitividad regional, con el objetivo de dejar un legado que posicione a Monterrey y Guadalajara como motores de desarrollo no sólo de México, sino de América Latina.
En ese terreno, Nuevo León llega con credenciales sólidas, primer lugar nacional en inversión extranjera directa, cifras históricas de generación de empleo, avances tangibles en movilidad con nuevos trenes, miles de camiones y la expansión del Metro, además de un modelo de seguridad que hoy lo coloca como referente. Todo ello en un contexto donde la pobreza extrema se redujo del 2.1% al 0.5%, sacando a 94 mil personas de esa condición, y donde más de 776 mil ciudadanos mejoraron su calidad de vida en apenas cuatro años.
La diferencia con el pasado, con la vieja política, es evidente. Mientras otros gobiernos se conformaban con administrar inercias, hoy se apuesta por proyectos estructurados que integran al sector privado, a la academia y a la ciudadanía. No son promesas al aire, son resultados visibles que fortalecen la confianza interna y proyectan certidumbre hacia el exterior.
Samuel García no acudió a Guadalajara con discursos vacíos. Lo hizo con el respaldo de un modelo que ya ofrece resultados y que es visto por muchos como una alternativa real frente a la narrativa centralista. El “proyecto Nuevo León” no sólo es replicable, también es un recordatorio de que el futuro no se construye con nostalgia, sino con visión, planeación y voluntad.
En tiempos donde la política nacional parece atrapada en viejas fórmulas, el Eje Jalisco- Nuevo León es una muestra de que sí es posible innovar, coordinarse y pensar en grande. Y eso, inevitablemente, incomoda a quienes aún creen que gobernar es sólo administrar el desarrollo para unos cuantos.