Hay una historia que quisiera contarles. Un poco como introducción de esta columna, un poco de inspiración y nostalgia sentí al hacerla. Mi padre, que en paz descanse, siempre fue amante del mundo militar mexicano. Tenía una especial fascinación por ello. De niña me llevaba a ver películas en donde yo veía con ojos asombrados a soldados héroes morir por su patria, pelear contra el enemigo y volverse a levantar. Mi padre coleccionaba soldados de plomo. Dejó una basta y amplia colección de soldados, la mayoría pintados a mano por él, organizados por fechas, batallones, ejércitos y países. Se sabía de memoria el origen de cada uno de ellos. Viajaba mucho al extranjero y de cada país traía uno para su colección.

Era tal su afición y la cantidad de soldados que tenía que a veces, de regalo de cumpleaños, le dábamos uno y ya lo tenía repetido porque conocía a todos y cada uno de ellos a la perfección. Y todos estos recuerdos me llevan a pensar en que de alguna manera o de muchas maneras, mi padre me transmitió el amor por el Ejército Mexicano.

Él, mi padre, veía casi religiosamente por televisión el desfile militar del 16 de Septiembre o del 20 de noviembre, lo recuerdo ahí pasmado en su sillón, inmóvil. “¿Qué ves papá? -Mira eso Claudia, ¡mira a los soldados! ¡Qué belleza! ¡mírales sus cascos! El amor que sienten por México, ¡mira los tanques, míralos! ¡Mira los aviones! ¡Mira cómo vuelan uno tras de otro! (cabe mencionar que también coleccionaba aviones militares de juguete), ven, vamos a la azotea, míralos, míralos” .

Tenía en su estudio aviones militares a pequeña escala colgando de hilos transparentes, parecía que volaban por todo el espacio. Cuánto los amaba

Y así fui creciendo, con ese amor y ese respeto por el Ejército y sus soldados. Pero de pronto hace 3 años alguien llegó a decir que los soldados ya no serían llamados soldados sino ahora, por decisión de él, serían llamados “Guardia Nacional” y que no serían soldados, serían civiles pero disfrazados de soldados que harían de todo, y estarían para servirle al Presidente. Durante muchos años vi a Andrés Manuel López Obrador despreciar al Ejército, culpándolo de todas las fatalidades y atrocidades que existían en el País, casi estigmatizándolos y etiquetándolos como asesinos. Y ahora, esos que para mí siempre serán soldados, hoy la gente ya no sabe cómo tratarlos. Hoy muchos los retan y hasta los golpean. La gente está confundida, no sabe si sentir miedo al verlos ahora frecuentemente patrullando calles o sentir seguridad.

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Hoy a esos soldados no los respalda nadie, están solos, a su suerte que no es mucha en un país en donde ganan los malos y ellos ganando poco también, pero lo que los sostiene es el amor a su patria pero sus funciones han cambiado, creo nunca lo esperaron. Hoy, esos soldados han perdido fuerza, han ido cayendo porque la figura de ellos se ha desvanecido y se ha debilitado y sin embargo ahí siguen, estoicamente listos para entrar en acción si el Pueblo lo pide, lo triste es que Andrés Manuel López Obrador lo impide porque los ha ido “jalando” para que estén para servirle a él y a nadie más que a él .

Me imagino que los propios soldados ya no saben de qué lado estar. Por un lado hace tiempo, capturan en EEUU a Salvador Cienfuegos, militar y extitular de la Secretaría de Defensa Nacional y semanas después es liberado. Sin entenderse por qué, quién lo ordenó y bajo qué condiciones, manchando así no sólo su nombre, sino la reputación del Ejército Mexicano en el mundo. ¿Qué pretenden con esto? Quizá no lo sabremos nunca pero lo que sí sabemos es que, como en toda institución, llámese gobierno, iglesia, estado, hay miembros que no son dignos de pertenencia, pero los hay, dentro del Ejército, de los que matarían por defender a nuestra patria, incluso a ellos mismos de ser necesario. Pero el Presidente no los quiere para defendernos, los quiere para defenderse él de un pueblo que no lo quiere y no digo que todos pero un gran sector de los mexicanos no lo aprueba, aunque duela .

El Presidente el día de hoy dijo que defiende que el país esté militarizado: “es que ningún gobernante se atrevió antes” se justifica . A pesar del enorme respeto y admiración que le tengo a los soldados, cuando los veo cerca pienso que al que están cuidando es al Presidente, pero no a mí ni a mi familia. Y esa misma imagen la ha ido creando el presidente en la cabeza de muchos mexicanos, no sé si es como una forma de atemorizarnos o de defenderse, haciéndonos saber o sentir que las Fuerzas Armadas están de aquel lado y no del nuestro.

Yo solo quiero aprovechar este espacio para darles mi reconocimiento, mi gratitud, por su entrega, porque el trabajo y el riesgo que es mucho, porque las condiciones laborales son pésimas y sin embargo ahí están. Diría mi padre: “míralos Claudia míralos ahí, con sus trajes de soldado y sus cascos”. Ahí están y yo los honro y los respeto y así será siempre. No la tienen fácil, con su Jefe Supremo no la tienen fácil. Y cada vez será más difícil para ellos. Mientras tanto hago un llamado para que los tratemos con el honor y respeto que su investidura representa. Por algo llegaron ahí.