La ciudad de Mahagonny

Originalmente, Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny, de Bertolt Brecht, es un libreto (o bien puede ser visto como obra teatral) estructurado en tres actos y veinte escenas. La acción se desarrolla en la ciudad imaginaria de Mahagonny, California, Estados Unidos, en la década de los treinta del siglo XX. Además de los actos y las escenas, una serie de carteles o pancartas que anuncian cosas, que hacen propaganda, que establecen pensamientos o ideas aun contradictorias, y que son exhibidos en la escena, también mueven la acción.

Y es conveniente destacar al libretista antes que al compositor porque su trabajo es la base motora de la ópera compuesta por Kurt Weill (lo mismo que en las siente colaboraciones entre el dramaturgo y el compositor); y por la naturaleza de la obra misma, animada por los intereses artísticos y políticos de Brecht, pues Mahagonny posee un cariz, una crítica política corrosiva incuestionable.

Dado que esta obra es la próxima producción de Ópera de Bellas Artes (22 de marzo de 2026, estreno), vale la pena plantear algunas notas sin develar del todo el argumento. Básicamente, Mahagonny es fundada por unos personajes poco recomendables como una ciudad trampa para exprimir el dinero, el oro de quienes lo extraen de los ríos y acantilados, esos hombres que necesariamente querrán llegar a la nueva ciudad, un lugar de placer extremo. La ciudad será una red tendida al paso del oro, “allí arriba sólo hay trabajo, esfuerzo y penuria… aquí todo será diversión,… todo estará permitido sin sufrimiento… y eso vale su peso en oro”.

Son cuatro los placeres principales en la ciudad y en este orden: comida, sexo, boxeo y bebida. Y el mayor de los crímenes será la falta de dinero, conduce incluso a la muerte. En la bella Mahagonny se consigue de todo siempre y cuando se tenga dinero, porque todo se compra, no hay nada que no se pueda comprar.

Después de que la ciudad ha sido creada, es amenazada de pronto por huracanes y un tifón, más se salva de último minuto. A partir de entonces todo lo prohibido queda permitido al exceso. Un personaje dice: “¿De qué sirven los huracanes, para qué queremos tifones?, si el terror que desencadenan pueden crearlo los propios hombres”. Lo que sin duda puede plantearse como la alegoría de la batalla entre la naturaleza y el hombre. Un enfrentamiento del hombre corrompido contra la naturaleza y sus efectos devastadores en ese hombre. Entonces, es mejor perderse por sí solos a esperar a que lo haga un desastre, el hombre, la sociedad son el desastre.

Las columnas más leídas de hoy

Se entregan todos pues, a la comida, el sexo, la pelea y el alcohol. Hasta que mueren dos de los pecadores de exceso y el otro se endeuda y, al no poder pagar, es atado y llevado a juicio. Es condenado con penas menores por asesinato indirecto de un amigo, por perturbar la paz y la armonía, por seducir a una muchacha y por cantar cosas prohibidas ante la amenaza del tifón. Sin embargo, es condenado a muerte por no poder pagar tres botellas de wiski, por ausencia de dinero; el absurdo llevado al extremo.

La crítica al consumo, al capitalismo que pone el dinero al centro de todo, es evidente en la propuesta de Brecht y Weill: “He llegado hasta aquí sin haber logrado nada. La alegría que compré no fue alegría; y la libertad adquirida con dinero, no fue libertad. Comí, y no quedé satisfecho; bebí, y seguí teniendo sed. ¡Denme al menos un vaso de agua!”, exclama el condenado a muerte por falta de dinero, por no poder comprar su vida.

|Va una aproximación a la obra|:

Algunos comentaristas y comentarios sobre Mahagonny

1. “Fuera de Alemania, Kurt Weill (1900 – 1950) es mucho mejor conocido, en buena parte por su asociación con Bertolt Brecht. La primera obra en que colaboraron fue Die Dreigroschennoper [La ópera de los tres centavos, 1928, traducida quién sabe por qué arte como La ópera de los cuatro reales por Marta Guastavino], una obra maestra inspirada en La ópera del mendigo; el estilo popular de Weill, ácidamente romántico, fue muy admirado. Mucho mejor fue The Rise and Fall of the City of Mahagonny [El ascenso y caída de la ciudad de… 1930] en que satiriza a una ciudad norteamericana obsesionada por los placeres materiales, y que fue una brillante y agradable ópera política… Aunque su influencia sobre la ópera fue indirecta, le hizo un gran servicio al demostrar que había una manera popular de presentar una ópera moderna”; en Guía de la ópera, de Robin May; Plaza & Janés, 1987.

Ya he hablado en ocasión anterior sobre la primera colaboración de Brecht y Weill, sus antecedentes y sus influencias en el contexto de la trama política mexicana de los años recientes.

2. “Mahagonny es un monumento a la ópera plutocrática, y sus ocupaciones –comer, beber, amar y disputar– son los pecados mortales de la forma. El ascenso y la caída de la ciudad representan por lo tanto la degeneración de la ópera”.

Extraña y abigarrada explicación de Peter Conrad en Canto de amor y muerte. El significado de la ópera. Vergara, 1988. Porque si bien es cierta la presencia de la plutocracia en la obra, no se trata de un monumento sino de una crítica objetiva a ella en el sentido brechtiano. Por tanto, no se representa la degeneración de la ópera sino la degeneración en la ópera; el género artístico es usado para representar la degeneración social dentro del capitalismo salvaje. Lo abigarrado es mayor si se lee todo el comentario de Conrad sobre la obra, lo dejamos en esas pocas frases.

3. “La misma vida moderna entra en el ámbito del teatro lírico: radio, película sonora, técnica, ‘cabaret’, ‘varieté’, revista, todas esas manifestaciones características de nuestra época van ofreciendo nuevo material dramático y musical a la ópera ya muy alejadas de la ideología de Bayreuth y de toda la herencia romántica…”.

Lo anterior lo establece acertadamente Walter Jacob en un viejo libro sobre algunas de las características del trabajo conjunto de Brecht y Weill. Y agrega: “ahora parece adquirir más importancia con el poeta Bert Brecht, un revolucionario político y artístico. Sobre la letra de los ‘songs’ de Brecht, poemas excelentes en forma de sencillas canciones populares, Weill compone ahora sus números de jazz, que representan encarnaciones legítimas de música moderna. Mahagonny, pieza teatral en un acto, está compuesta de estos ‘songs’. Escrita en 1927 para los festivales de música contemporánea de Baden-Baden, esta crónica de la fundación, evolución y decadencia de una fingida ciudad americana da lugar a un escándalo, enorme, en 1929, al ser transformado en una ópera para un programa completo”. El arte lírico, P. Walter Jacob, 1944.

Jacob se refiere en particular a Mahagonny-Songspiel, un trabajo de 1927 previo a la forma definitiva de la ópera sobre Mahagonny, un espectáculo experimental intermedio dado que el proyecto mayor se vio interrumpido por la producción de La ópera de los tres centavos, estrenada en 1928.

Entre canciones escenificadas, cabaret, cantata, ballet, opereta y ópera, la colaboración entre Brecht y Weill consiste en siete trabajos. Aparte de Mahgonny-Songspiel de 1927 que es el anticipo preparatorio del Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny, llama la atención el interés por la crítica a partir de los pecados: En la ópera son cuatro: comer, fornicar, pelear, beber. Y en el ballet satírico cantado de 1933, última colaboración de Brecht y Weill, los convierten en Los siete pecados capitales: Pereza; Soberbia; Ira; Gula; Lujuria; Codicia; Envidia.

4. Sobre la puesta en escena, ciertas obras “tienen aquello de lo cual carece la mayor parte de las óperas: una atmósfera teatral tan evidente, que las compañías de ópera que son teatralmente débiles (y la mayoría lo es) por lo general las evitan. Algunos tontos, no lo hacen. Para mencionar solamente un ejemplo, el Metropolitan no pudo evitar la ingenuidad americana (sic) cuando montó Aufstieg und Fall der Stadt Mahagonny en 1979, ni eludir el sentimentalismo que Brecht aborrece… el director John Dexter insistió en recalcar la secreta ternura del ‘argumento amoroso’. No hay ternura alguna en Mahagonny, ni amor de ninguna especie… [los artistas] debieron hacerle un juicio a Dexter por degradación de talento… Con todo, la presencia de artistas de la talla de Varnay y Stratas contribuye a mantener viva la conexión del teatro con la ópera, aunque son más escasos los actores-cantantes que los cantantes-actores”. Ethan Mordden en El espléndido arte de la ópera; Vergara, 1985.

Y es que claro, la exigencia teatral y la estética crítica de Brecht-Weill son tan demandantes que se requiere de artistas y directores que compartan o cuando menos comprendan esas exigencias.

Habían pasado apenas veinte años desde que Giacomo Puccini diera a conocer La Fanciulla del West cuando se estrenó Mahagonny. Pero entre 1910 y 1930 mucho había cambiado el mundo, la Primera Guerra Mundial y el nuevo orden occidental, el asomo de la crisis económica de 1929-1933 y el asomo también del nazismo y el fascismo. Ambas obras tienen como centro el brillo del oro, la ambición de la llamada fiebre del oro californiana. Pero la ópera italiana, estrenada en Nueva York, aunque influida musicalmente por el wagnerismo vanguardista, es una concepción de gran ópera, acaso neorromántica, donde el amor puro aún salva del mal y redime. La ópera alemana, estrenada en Leipzig, ya no cree en la redención ni en el amor ni en el bien; es cruda, realista. Entre ambas hay un cambio radical en el concepto de ópera como género: una con un pie todavía en el período entre siglos y la segunda con un pie en el siglo XX y marchando ya a la contemporaneidad aún vigente.

Ahora bien, la música de Weill es de una vitalidad vibrante. Fue capaz de dar sentido, por decir un absurdo, neoclásico de ruptura, a la unión de música clásica con ritmos, estilos y melodías populares de ese tiempo: cabaret, jazz, el llamado ragtime y demás canciones populares, que apelan de manera entusiasta al espectador que se ve envuelto en una demandante atmósfera estética, histórica y de crítica política.

Aquí va “Alabama song”, fragmento de la ópera:

Héctor Palacio en X: @NietzscheAristo