El fin de semana fue demoledor para Morena. Los acontecimientos políticos lo dejaron prácticamente en la lona: una presidenta rebasada por los hechos y una Cuarta Transformación que parece ir perdiendo liderazgo, rumbo y aliados.
En apenas unos días el partido perdió el respaldo de sus principales socios políticos, el Partido del Trabajo (PT) y el Partido Verde Ecologista de México (PVEM), lo que prácticamente sepulta la aprobación de la reforma electoral, pieza central del proyecto político iniciado por Andrés Manuel López Obrador.
Al mismo tiempo, en el escenario internacional, México no fue convocado a la reunión organizada por el presidente estadounidense Donald Trump en Miami, denominada Escudo de las Américas que congregó a varios países aliados para discutir sobre seguridad regional y combate al crimen organizado.
La ausencia del gobierno mexicano en un foro donde se discutía la operación de los cárteles dejó, por decir lo menos, una imagen incómoda para la administración de Claudia Sheinbaum.
La ruptura con sus aliados
Pero quizá el golpe político más fuerte vino desde dentro. El rechazo del PT y Verde a la reforma electoral exhibió una fractura del bloque oficialista. A pesar de las presiones desde el poder, ambos partidos mantienen su negativa de apoyo a la reforma, dejando un claro mensaje: la alianza que permitió a Morena dominar el Congreso comienza a resquebrajarse de cara a la elección de 2027.
Las razones no son difíciles de entender. La propuesta que se inspira en planteamientos del expresidente López Obrador, incluye la eliminación de legisladores plurinominales, la reducción del financiamiento y cambios sustanciales en la estructura del árbitro electoral.
En términos políticos, la reforma no solo debilitaría a la oposición, sino también a los aliados de Morena, que dependen del sistema para mantener su representación política.
El PT y el PVEM, partidos con amplio instinto de supervivencia, entendieron rápidamente que podría significar su propia desaparición o una reducción drástica. Por eso se niegan a respaldarla y al hacerlo, dejan a Morena prácticamente solo.
Mirada puesta en el pasado
Otro acontecimiento que se sumó fue el Consejo Nacional morenista celebrado el fin de semana, donde lo que debía ser una muestra de fuerza y cohesión terminó exhibiendo exactamente lo contrario.
Lejos de proyectar liderazgo interno el movimiento volvió a recurrir a la figura de su fundador como eje de unidad. La escena fue reveladora: la dirigente nacional, Luisa María Alcalde y Andrés Manuel López Beltrán no figuraron como protagonistas del encuentro, mientras que el presidente del Consejo Nacional de Morena y gobernador de Sonora, Alfonso Durazo, intentó encender el ánimo de los asistentes con el grito símbolo del obradorismo: “¡Es un honor estar con Obrador!”.
Un recurso que dejó a la vista la debilidad en la estructura del partido. Si necesita invocar constantemente a su líder histórico para generar cohesión, lo que en realidad revela es la ausencia de un liderazgo capaz de sostener la disciplina interna.
Por cierto, la figura de Sheinbaum, quedó prácticamente al margen de ese momento simbólico. El partido que la llevó a encabezar el gobierno federal, parece que no reconoce su liderazgo o, en el peor de los casos, dejan entrever que una parte importante del movimiento no está con ella.
El silencio frente a Trump
Mientras tanto, en el escenario internacional, las declaraciones de Donald Trump en la cumbre Escudo de las Américas tampoco ayudaron. El mandatario estadounidense combinó elogios personales a Sheinbaum con críticas duras hacia la situación de seguridad en México.
Incluso se burló de la negativa del gobierno mexicano a permitir una intervención militar estadounidense contra los cárteles, hasta el grado de imitar en tono de falsete la voz de la presidenta durante su discurso.
Más allá del espectáculo político, el mensaje fue claro: Washington marca la agenda en materia de seguridad regional.
Llama la atención la reacción de Morena. Ni el partido ni sus bancadas en el Congreso salieron a defender ni apoyar a la presidenta. Las voces del oficialismo se dispersaron entre polémicas mediáticas y declaraciones sin relevancia.
De no construir una conducción política efectiva para esta nueva etapa, el partido que dominó la política mexicana en los últimos años podría entrar en una fase de desgaste acelerado.
Si bien, hoy Morena gobierna el país concentrando un poder que parecía indestructible, ya empieza a mostrar fisuras que la retórica no alcanza a ocultar. Si el oficialismo necesita mirar constantemente a su liderazgo del pasado, en realidad revela que el futuro ya no le pertenece con la misma claridad.
X: @diaz_manuel




