“El eslabón más débil no será Cuba: seremos nosotros, con tal de quedar bien… con nadie.”

“Nada dice ‘irresponsabilidad’ como enviar petróleo a la isla mientras esperamos medicinas para nuestros hospitales…”

“Ayudar está bien. ¿Pero a costa de qué?”

TRES REFLEXIONES

Una cadena se rompe por lo más débil… y a veces ese “más débil” no es el eslabón remoto del Caribe, sino nosotros, los que pagamos impuestos, sufrimos carencias y aplaudimos cuando nos venden héroes y explicaciones de quinta (esto es, de cuarta).

Hay una máxima que, aunque trillada, sigue siendo dolorosamente cierta: una cadena se rompe por su eslabón más débil. Puede ser seguridad, logística… o la lógica política. El principio de vulnerabilidad es simple: un sistema solo es tan fuerte como su componente más débil. Y eso debería preocuparnos mucho más de lo que Sheinbaum y su séquito parecen admitir.

Porque mientras en el gobierno se desgastan ocupándose (hasta cierto punto con razón) por la influencia de lo que sucede en Venezuela en el nuevo orden mundial, nadie parece querer hablar de la obsesiva, constante e innegable relación entre la 4T y Cuba. Esa misma relación que ahora tiene a México —sí, a México— como el principal proveedor de petróleo para la isla.

Así como lo lee usted: México desplazó a Venezuela en 2025 como el mayor exportador de crudo a Cuba, con un promedio de más de 12 mil barriles diarios, casi la mitad de todo el petróleo que importa la isla.

¿Y qué hace nuestro gobierno en la mañanera? Asegura que no hay “envíos extraordinarios” y que todo está dentro de lo que “siempre se ha hecho”. ¡Fantástico: la realidad supera a la ficción!

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Ahora, con la presión retórica de Trump —quien amenaza con consecuencias por la entrada de petróleo extranjero a Cuba—, Sheinbaum tendrá que responder algo más creíble que su consabido “es ayuda humanitaria”. Porque hasta el momento, esa explicación suena a que alguien vio un meme sobre solidaridad y decidió aplicarlo a la política energética de un país de 130 millones de habitantes.

¿Podrá probar que no hay más petróleo enviado que antes? ¿Está seguro de que Pemex lo acredita de forma transparente —no como la telenovela contable que hasta ahora hemos visto—? ¿Creerá Trump en los números que a nosotros nos han negado, ocultado, al menos los últimos siete años? ¿Cuadra todo eso con los informes de Pemex ante sus consejos o ante la Bolsa de Nueva York? Preguntas que, a estas alturas, la 4T debería poder responder antes de que lo haga Washington.

Imaginemos, solo por un segundo, que todo fue auténticamente donado, como limosna humanitaria usando pañuelo blanco. Entonces queda la pregunta obligada: ¿cuál será el sentimiento de millones de mexicanos que preferirían ver ese dinero en hospitales, medicinas o en encontrar a sus desaparecidos? ¿Qué pasará cuándo la gasolina en México se siga encareciendo o, peor aún, escaseando? ¿No merecemos acaso la misma “solidaridad” que se le expresa a Cuba? Y pensando mejor: si Pemex está en números rojos, quizá lo humanitario debería empezar en casa. Saldar los adeudos con los proveedores. Pero no, resulta que primero ayudamos al Caribe.

Y si, en cambio, México le cobra a Cuba ese petróleo… entonces la pregunta es: ¿dónde está ese dinero?, ¿cómo ha entrado?, ¿quién lo vigila?, ¿en qué se invierte? No me digan que en refinerías que no refinan; en trenes que se descarrilan; en aeropuertos que no despegan.

¿La versión oficial?: todo está documentado y es legal… Solo que el gobierno federal no nos ha mostrado las cuentas completas, detalladas, claras y sin letra chiquita.

Que le quede claro a Claudia y a su gabinete: cualquier respuesta será verificada por agencias de inteligencia y reguladores de Estados Unidos —más serios en estos asuntos que la transparencia que tenemos aquí—.

Y ahí está otro problema: en México dependemos de investigaciones de El Universal, de Reforma, de Loret, del Financial Times para enterarnos de verdades incómodas sobre la 4T. ¿Hasta cuándo?

Como país deberíamos tener cuidado de no salir perdiendo en nuestra relación con Estados Unidos y el T-MEC por andar de hermanita de la caridad con Cuba. La advertencia de Trump va en serio: no porque Cuba sea el eslabón más fuerte, sino porque México —con sus números y su política— es definitivamente el más débil de la cadena.

Más nos vale tenerlo muy presente.