México, ante los ojos de todos, fue uno de los grandes organizadores de la Copa del Mundo de futbol. Todos los países, sin excepción alguna, hicieron buenos comentarios de la hospitalidad que brindaron a sus aficionados, lo mismo que el cariño y la convivencia, que fue una de las que más salieron a relucir en las propias imágenes que dieron la vuelta al universo. Uno de esos seleccionados que se fue encantado, sin duda, fue el del conjunto de Inglaterra. Hablamos no solo del entorno que compartieron en el monumental estadio Azteca, sino en las mismas inmediaciones de la Ciudad de México, en donde los ingleses, justo durante su visita, pudieron departir, festejar y hasta abrazarse con la ciudadanía de nuestro país. Eso es justamente el fin de una cumbre como esta, mayormente cuando se pone a prueba esa capacidad de planeación y logística. Sin perder en ningún momento las formas de comportamiento, en efecto, le proyectamos a los invitados que somos excelentes anfitriones, empezando por la calidad humana que, desde luego, atraviesa una apoteosis por la imagen de la presidenta constitucional, Claudia Sheinbaum.

Es verdad, los partidos de futbol concluyeron muy pronto en suelo mexicano. Me hubiera gustado que más encuentros se hubiesen llevado a cabo. En México, más que en otros países anfitriones, se vivió una verdadera fiesta que, por fortuna, propició la unidad, el respeto a lo cultural y, lo más importante, nos juntó para que el universo supiera que atravesamos un momento sustancial gracias a un proyecto de nación que, desde todas las perspectivas, se enfoca en el bien colectivo y en el amor a la patria. Sin duda, eso nos hizo avanzar como sociedad, pero también nos catapultó ante los reflectores de una agenda global. Sheinbaum, de hecho, fue la mejor portavoz de la paz, que no tenemos la menor duda de que dejó una huella trascendental para quienes tuvieron las chances de pisar suelo mexicano.

Al aprovechar esta enorme oportunidad, evidentemente, México ganó presencia y respeto. Hablamos, en concreto, del trato humano y solidario que le brindamos a todos los asistentes. Con ello, en definitiva, le dijimos claramente al mundo que somos una nación de avanzada y en pleno despegue por las relaciones diplomáticas que hemos fortalecido. Nuestra economía, por ejemplo, se consagra como una de las más fuertes del planeta, básicamente con una estrategia que hemos desplegado con nuestro principal socio comercial: los Estados Unidos. Lo más apremiante, por supuesto, es que estamos evaluando ese afianzamiento a través del T-MEC ahora que se revisan los pormenores técnicos en la tercera ronda formal.

Con ese papel destacado de nuestros representantes institucionales, propicia que México continúe posicionándose. No me gustan mucho las comparaciones, pero es importante esbozar algunas luego de escuchar las opiniones de algunos argentinos. Primero que nada, si nos vamos a la esencia de un proyecto, hay una diferencia abismal. Nosotros, por ejemplo, somos afortunados en tener una administración que se preocupa por el bienestar social. El papel determinante de los programas sociales que, basta con ver, constituyen un motor y son la consecuencia de que la gente viva mucho mejor que antes. Hoy que todos vemos y percibimos eso, nos permite comparar y contrastar que nuestra presencia se ha ido elevando en la agenda internacional simple y sencillamente porque somos una nación que se ocupa de las necesidades y de las demandas de la gente.

Por eso y por diversas razones, podemos decir que México ganó mientras Argentina, uno de los países que más ha criticado la política de nosotros, perdió interés y, en algunos casos, el propio respeto por la magnitud de las acotaciones que se han realizado en algunos espacios de comunicación. No generalizo; sin embargo, escuché muchas entrevistas con simpatizantes del seleccionado argentino y, en muchas de ellas, los comentarios negativos hacia el país fueron duros y punitivos. Aunque son irrelevantes si nos ponemos a analizarlos, sirven de ejemplo para decir que México, ante la realidad que impera, gana sin duda mucha presencia. La otra cara de la moneda, por supuesto, son los malos perdedores que son los argentinos, que buscan, entre muchas teorías de la conspiración, excusas para justificar la derrota merecida que les propinó España. Al parecer no aceptan del todo lo que sucedió y, por ende, insinúan aspectos de presiones diplomáticas que son, desde luego, salidas fáciles para evadir la enorme presión de haber perdido en la cancha. Por eso, como en muchas otras naciones, mostramos simpatía por el equipo español. No hay duda de que al seleccionado de Argentina, no en uno sino en muchos encuentros, salió beneficiado de las decisiones arbitrales y, por lo tanto, de la indiferencia del VAR. Puede parecer repetitivo, pero hablamos de justicia social.

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Entonces, lo de Argentina, que se trasladó a la cancha, es la manifestación más clara de los problemas políticos y sociales que viven en su país. Hay, desde el presidente Javier Milei, un desgaste diplomático con muchas otras naciones. Eso, por supuesto, se ve reflejado en el nulo crecimiento económico dados los mecanismos improvisados que ponen en marcha. No hay estabilidad ni mucho menos una visión a largo plazo. Eso, por añadidura, los hace caer en la contradicción ante la nula productividad. Habrá que reflexionar mucho sobre eso, mayormente ahora que escuchamos la arrogancia de algunos argentinos que, pese a todo lo que les ha dado el país, fomentan esa narrativa de odio.

Notas finales

En los próximos días, la presidenta de México hará una visita a Morelos, uno de los territorios que ha mostrado mayor avance gracias al proyecto integral impulsado por Margarita González Saravia. La gobernadora, en coordinación estrecha con Sheinbaum, ha logrado consolidar condiciones de estabilidad y tranquilidad, un objetivo que la ciudadanía ha colocado como prioridad central para que reine la paz.