Algunos diarios nacionales han reproducido las declaraciones de especialistas en materia de seguros médicos en relación con el aumento de los costos para este año que ha iniciado; derivado de una reforma fiscal, misma que contempla que las compañías aseguradoras no podrán deducir el IVA de sus pólizas emitidas ante el SAT.
Ante esta nueva realidad, las empresas han estimado que aumentarán los costos de las primas hasta un 20%, pues buscarán, como resulta lógico para una compañía privada, reparar el daño que presenta la nueva disposición oficial. Es decir, serán las personas aseguradas quienes terminarán pagando, mediante un cambio drástico en el valor de su póliza, la nueva medida implementada desde Hacienda.
Sumado a ello, debe recordarse que la salud pública en México ha atravesado los últimos años por sus peores momentos. Lejos de aumentar el gasto federal en salud, se ha acreditado la falta de medicamentos, de vacunas, de hospitales funcionales y de personal médico en un gran número de regiones del país.
Esta irresponsabilidad de los gobiernos sucesivos quedó de manifiesto durante la pandemia de covid-19, cuando México se convirtió en uno de los países más duramente golpeados por la crisis, amén de las muertes del personal hospitalario.
Los políticos son conscientes de esta pavorosa realidad. De allí que no se vea a personajes de la clase política, de todos los colores partidistas, acudir a hospitales públicos para un tratamiento. Por el contrario, ha trascendido que van a los más onerosos centros de salud en el país.
La presidenta Claudia Sheinbaum, ante pregunta expresa de una reportera, declaró que pediría a la Secretaría de Hacienda que se evite que el aumento fuera absorbido por los tenedores de las pólizas. No suena mal. Se antoja como una buena medida. Sin embargo, se anticipa difícil de materializar. Lo veremos.
En todo caso el gobierno mexicano, sediento de recursos ante la baja recaudación, ha decidido echar mano de cualquier instrumento a su alcance.
En suma, México vive en el peor de los mundos. Por un lado, las clases medias, sabedoras de la exigencia de contar con un seguro de gastos médicos privado, pues son realistas en torno a la alta probabilidad de perder su patrimonio en caso de hospitalización, sufrirán un nuevo golpe asestado por las compañías de seguros. Y por el otro, las clases menos favorecidas seguirán sin contar con una salud pública de calidad, atención temprana y trato digno frente a cualquier adversidad en materia de salud. Así las cosas.



