Con la integración laboral de México en el T-MEC, bajo los mandatos de Donald Trump, se han caído dos pilares conceptuales que sostuvieron por décadas el derecho obrero y la manera de concebir la producción en nuestro país, nos referimos a la idea de que el aumento al salario mínimo era inflacionario y de que el mercado laboral se regula a sí mismo.

El primer pilar se derrumbó desde Harvard, en donde se publicó (con 20 años de retraso) que el aumento al salario mínimo no era inflacionario, cuya hipótesis se aplicó y comprobó a partir del primer año del sexenio de López Obrador.

En cuanto a que el mercado laboral se regula a sí mismo, también se cuestiona desde Estados Unidos, mediante la incorporación de los mecanismos laborales de respuesta rápida en materia laboral, los cuales han servido para detener algunos de los abusos que en materia de libertad de sindical se cometen todo los días.

Ambos pilares deberían haber logrado que se mejorara la competitividad laboral de México, que hubiera una mejora sustancial en las condiciones laborales de los trabajadores, sobre todo en las empresas que componen el eje comercial del T-MEC, para que las compañías no vieran a nuestro país como un refugio de maquila con trabajos de tercera, mal pagados, repletos de violaciones a los derechos y bajo el zapato de un líder sindical charro que se enriquece a costillas de los obreros.

En marzo de 2026 comienzan las consultas sobre el T-MEC, los empresarios mexicanos insisten en eliminar la intervención de estos mecanismos laborales de respuesta rápida, no les ha gustado que los ventilen, que se sepa cómo han continuado las prácticas golpeadoras en contra de los trabajadores, para evitar que ellos opinen, que piensen que pueden organizarse, que pueden hablar por sus derechos.

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A la fecha se han resuelto 25 mecanismos, todos han desnudado el actuar ilegal y servil del Centro Federal de Conciliación y Registro Laboral, la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, así como del Tribunal Federal de Asuntos Colectivos, pues se han referido a los procesos que estas autoridades han autorizado y legitimado con sus actuaciones en registro de asociaciones y pruebas de recuentos en juicios de titularidad. Otras se han referido directamente a violaciones patronales como el despido de comités ejecutivos y demás prácticas que han sido la normalidad de los últimos 40 años del derecho laboral en México.

Lograr el cambio laboral ha sido casi imposible, insistimos, en parte porque la simulación se instrumentó directamente desde el Estado, de las autoridades laborales que no han sido factor de imperio de la ley, además de que el sector patronal no ha aceptado que sus trabajadores puedan organizarse y tener derechos.

Esperemos que en esta revisión del T-MEC estos mecanismos se refuercen, que se amplíe su margen de acción, que se combata la subcontratación, la simulación, que se busque una integración real en el ámbito laboral entre los países a partir del desarrollo social, en especial de la clase trabajadora, que al final es la consumidora y la que impulsa la economía.

X: @riclandero