Ricardo Salinas Pliego estuvo muy activo en redes sociales después de la victoria electoral de Lula da Silva sobre Flávio Bolsonaro en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil. Una victoria para la humanidad, la cultura y la gente de bien, pero una derrota para quienes, como el mencionado empresario, han convertido la acumulación de riqueza en el único sentido de sus vidas.
¡Qué derrota política para el dueño de Elektra y TV Azteca, y para no pocos de sus simpatizantes en los medios de comunicación, como Jorge Fernández Menéndez, Sergio Sarmiento, Jorge Castañeda y otros que abierta o veladamente pronosticaban —porque así lo deseaban— una derrota de la izquierda brasileña para que México se quedara solo en el escenario internacional!
Ayer dije aquí que, si Lula perdía, eso representaría para Claudia Sheinbaum una ventaja: la singularidad. Estar en la minoría de uno (Gandhi dixit) siempre es una oportunidad para destacar y afianzar liderazgos.
Pero también era una gran cosa para Sheinbaum y la izquierda mexicana que nuestra presidenta no se quedara sola. Que Morena no terminara como el único proyecto progresista de gran relevancia en América Latina frente a lo que se veía venir como una verdadera aplanadora conservadora encabezada por Donald Trump y secundada por gobiernos abiertamente alineados con él: el de Javier Milei en Argentina, el de Abelardo de la Espriella en Colombia, el de Daniel Noboa en Ecuador, el de José Antonio Kast en Chile y el de Nayib Bukele en El Salvador.
Sheinbaum parecía condenada a enfrentar prácticamente sola a ese bloque. Pero Lula hizo el milagro futbolístico de la remontada —algo que solo podía ocurrir en el país con más victorias en los mundiales de futbol y en el que nació y se desarrolló el mejor jugador de la historia, Pelé— y, afortunadamente, nuestra presidenta ya no se quedó como la única para enfrentar a la derecha global: está con Lula, y esto no es poca cosa.
Es un tándem poderosísimo
En el ciclismo, el tándem es una bicicleta para dos personas que pedalean coordinadamente. El tándem Lula-Sheinbaum es más fuerte, más potente y más veloz que la grupeta de los conservadores latinoamericanos mencionados. (En el ciclismo profesional, la grupeta es el grupo de corredores rezagados que, en las etapas de alta montaña del Tour de Francia, llegan a la meta muchísimos minutos después que los líderes).
Donald Trump es un competidor formidable, nadie lo duda. Pero, por fuerte que sea, necesita equipo. Y los presidentes Milei, Kast, Noboa, De la Espriella y otros de su misma orientación política e ideológica no dan el ancho para seguirle el paso en una disputa geopolítica, ni en Latinoamérica ni en el resto del mundo.
En América Latina, los únicos gobernantes con el peso económico y político suficiente para pedalear al fuertísimo ritmo de Trump son Lula y Sheinbaum. No porque México y Brasil tengan la fuerza de Estados Unidos, sino porque tienen algo todavía mejor: dignidad patriótica. Además, son las dos mayores economías latinoamericanas —nuestro país es, por cierto, el principal socio comercial de EEUU— y poseen una capacidad de interlocución internacional que los demás gobiernos de la región no pueden igualar.
Canadá, hay que subrayarlo, no forma parte del bloque conservador que Trump ha pretendido articular en América. Europa, por su parte, ha rechazado numerosas pretensiones autoritarias del presidente estadounidense. Así que el tándem Lula-Sheinbaum puede contar, sinceramente, con el apoyo al menos moral, en caso de necesidad, de canadienses y europeos. Y hasta de China, una potencia que puede competir con Estados Unidos y que tiene muy importantes relaciones económicas con Brasil. Rusia navega a su aire: cuando le conviene, Putin se acerca a Trump; cuando no, se aleja. No se puede contar con el exespía de la KGB.
Lula y Sheinbaum y el entripado de Salinas Pliego
Ricardo Salinas Pliego reaccionó a la victoria brasileña con una frase bastante reveladora: “Bueno, la izquierda mexicana parece no se va a quedar solita, habrá que darles una paliza en el 2027 aquí en México”.
La derrota de Lula era la esperanza de Salinas Pliego y de otros adversarios de Morena: que la izquierda mexicana se quedara sola en el concierto internacional y así poder golpearla con todo, mediáticamente hablando, en las elecciones del próximo año.
No ocurrió. La presidenta Sheinbaum sale fortalecida por la posibilidad de seguir trabajando con Lula, ahora con un presidente brasileño de influencia política renovada y, por lo pronto, duplicada.
¿Qué sigue? Que Morena haga su tarea
La izquierda brasileña ya hizo la suya. La izquierda mexicana debe ahora demostrar que está a la altura. ¿Cómo? Ganando en 2027. Con unidad, con responsabilidad y, definitivamente, continuando el proceso de higienizar la casa.
La fumigación que ha empezado la presidenta Claudia Sheinbaum —o, si se prefiere, el sistema político de la 4T—, y cuyo episodio más reciente ha sido la renuncia anunciada de Guadalupe Taddei a la presidencia del INE, después de gravísimos señalamientos de presunta corrupción, debe continuar.
No afirmo que se haya demostrado una intervención presidencial para conseguir la salida de Taddei. Pero sí considero que sin el visto bueno de Sheinbaum no habría sucedido. Lo que sea, tal renuncia representa una oportunidad para profundizar la limpieza institucional.
Hay muchos otros escándalos relacionados con personajes de la 4T que no son aceptables y no pueden serlo de ninguna manera. Tienen que investigarse, aclararse y, donde corresponda, sancionarse. Es una tarea que no debe concluir.
Otro factor fundamental será una mayor unidad dentro de Morena. Y también reconocer cuando el partido se haya equivocado en la selección de candidaturas que no son competitivas. Parece haber varias.
Fue una hazaña lo que hizo Lula
Venía de abajo. Tenía en contra a gobiernos vecinos abiertamente alineados con Donald Trump. Tenía en contra al propio presidente estadounidense. Y enfrentaba una elección dificilísima, en la que durante buena parte de la campaña parecía inevitable su derrota.
El pronóstico de numerosos analistas era que Lula perdería y que Claudia Sheinbaum se quedaría solita. Si hubiese ocurrido, hoy estaríamos leyendo celebraciones en redes sociales y en columnas políticas sobre el supuesto aislamiento internacional de México.
Pero no ocurrió. Lo que encontramos son reacciones de frustración, como la de Salinas Pliego, y seguramente no pocos silencios incómodos entre quienes esperaban escribir sobre la soledad de Sheinbaum.
Me imagino a algunos columnistas de derecha que quizá ya tenían redactados sus artículos sobre el aislamiento de México y que debieron guardarlos después del triunfo de Lula.
Porque no hay tal aislamiento. De hecho, frente a la dimensión económica de Brasil y México, los gobiernos latinoamericanos de derecha se ven pequeñitos. Su número es mayor, pero su peso económico conjunto es considerablemente menor.
Quiero pensar que en Argentina debe haber quienes se pregunten por qué Brasil tiene un gobernante de la trayectoria de Lula, por qué México tiene una presidenta con la proyección internacional de Sheinbaum y por qué ellos tienen que soportar los espectáculos payasescos de Javier Milei.
¿Y en Colombia? Bueno, pues horrible lo que tiene Colombia. ¿Ecuador? Da pena su presidente.
Lula ya hizo su tarea. Sheinbaum está haciendo la suya. Ahora le toca a Morena demostrar, en las elecciones de 2027, que está a la altura de ambas personalidades históricas.



