“Todas y cada una de las respuestas de tu prueba están de 10 a 15 años tarde” me dijo el examinador, quien parecía más divertido que decepcionado al tratar de evaluar si yo podría cambiar (a finales de mi carrera) de artes decorativas a especializarme en artes plásticas. El profesor que me puso la prueba estaba descubriendo un patrón en los errores de mis respuestas en el examen… y como el cambio era dentro de la misma universidad en Londres, él estaba en verdad intrigado por lo que evidenciaban mis conocimientos adquiridos ahí mismo en Sotheby’s Institute.

Para considerarse que has respondido correctamente a la pregunta de fechar las obras en las pruebas en esta escuela, las respuestas toleran un margen de error de solo 5 años aproximadamente. Entonces la consistencia de mis ‘equivocaciones’, igual que en la arquería, era un extrañísimo acierto. Me resulta imposible no recordar a mi maestro de arquería quien insistía que no importa si la flecha da en el blanco, sino que ‘haga un grupo’, o sea, que todas las flechas acabaran en el mismo lugar. “Tener buena puntería”, él decía, “es repetir el tiro exactamente igual, uno después del otro, sin importar si da o no en el blanco. Con esa maestría dominada, dar a un blanco ya no tiene chiste: lo difícil es replicar el mismo tiro siempre”.

Regresando al tema de mi examen de historia del arte, mis conocimientos de cada estilo y época tenían un muy uniforme retraso al tratar de adivinar la fecha de creación de las pinturas y esculturas que me mostraban en la prueba. El profesor examinador (Tony Godfrey, autor de Conceptual Art, Phaidon, 1998), muy inteligente, me hizo la pregunta clave que resolvería la intriga: “¿Conoces las obras en el examen?” El misterio se esclareció para los dos con mi respuesta reveladora: “No”. Los dos abrimos los ojos y la boca y llevando la mano a los labios exclamamos un poco asustados ¡Haaaa! Porque se evidenció que feché las pinturas en el examen solo con la información del estilo decorativo que yo podía distinguir en cada pieza. Tomando en cuenta que ambos sabíamos que yo tenía una de las más altas calificaciones de mi generación y que estaba a punto de terminar mis estudios en artes decorativas del siglo XVI al XX, lo que eso significaba (y que nos sorprendió a ambos tanto) es que los estilos reconocibles en la historia de las artes decorativas (diseño industrial, diseño de interiores, moda, tapicerías, cerámica utilitaria, muebles, etc) en las que yo ya era competente, tenían una fecha de creación de 10 a 15 años más tarde que en las artes plásticas (pintura y escultura) que eran las obras que yo estaba fechando mal en el examen.

En el momento, ese extraño suceso permitió que, aunque todas mis respuestas estuvieron equivocadas en el examen de admisión, por la consistencia de la falla me permitieron cambiarme de especialidad a artes plásticas y después pasé sin contratiempos a la maestría en Historia del Arte Contemporáneo y terminé siendo profesora en la UDEM en este tema. Pero esta extraña anécdota de hace más de 35 años la narro porque vuelve a ser relevante hoy.

Tengo mucho tiempo tratando de integrar los músicos del pasado que voy descubriendo a los estilos de creación artística que conozco y en los que me he especializado. Tras la experiencia en este examen de la universidad, estoy plenamente consciente de los riesgos que implica tratar de ubicar en la historia, en una fecha y estilo, a un arte que pertenece a otra disciplina diferente al que domino. Pero estas grietas entre una disciplina y otra son precisamente mi foco de atención ya que me parecen divertidísimas. He encontrado un desfase muy intrigante si empalmamos la historia de la música con la de las otras creaciones artísticas que conozco bien en general. Como esa es mi perspectiva, la de las artes plásticas y decorativas, mi aproximación a la música está sesgada, y por lo tanto, me parece relevante hacer otra aproximación a la de los expertos en música.

Las columnas más leídas de hoy

Para exponer mi punto quisiera discutir solo a Johann Sebastian Bach (1685-1750) y a Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791). Mi maestro de historia de la música, al describir a Bach, además de explicar por qué es el más grande genio, el más influyente y claramente reconocible hasta por las masas, incluso hoy, también enumeró todos los elementos en Bach que identifican a su música como barroca, y no me sorprendió que coinciden con los lineamientos conceptuales detrás del estilo barroco en las artes. El desconcierto para mí viene cuando te das cuenta que las obras maestras del arte Barroco ocurrieron más de 100 años antes que la música que compuso Bach con las mismas características de estilo.

El problema no solo es que Bach está muy tarde para seguir haciendo creaciones barrocas, sino que además, ya había otro estilo de moda. Las creaciones importantes de Bach no coinciden en fechas con el periodo Luis XIV de estilo Barroco (como un conocedor de historia del arte como yo esperaría), sino que es contemporáneo de Luis XV, época asociada al estilo Rococó. Muchos académicos del arte, especialmente en Alemania, argumentan que es un problema de nomenclatura, y que el Rococó es simplemente un Barroco tardío. Pero pues son tantas las diferencias en las artes de ambos estilos que a mí me parece demasiado forzado agrupar a 200 años de creadores bajo una sola categoría, no solo por su distancia histórica sino porque los dos estilos no se parecen casi nada.

Tengo que decir que desde mi perspectiva, casi toda la obra de Bach, especialmente el periodo cuando trabajó como maestro en la capilla de la corte del príncipe Leopoldo de Anhalt-Köthen, (estoy pensando por ejemplo en los Conciertos de Brandenburgo o las Suites para Violoncello), no logro oírlas como música de fondo en el contexto de la vanguardia del diseño y el arte que le corresponde como contemporáneo: el Rococó.

Me doy cuenta si al apreciar música uso el lenguaje que conozco para describir el arte, a esa música barroca de Bach la describiría igual que como explicaría cualquier obra de arte barroca: altos contrastes, maestría de claroscuros, simetría, una base muy sólida en la composición (tanto en la parte inferior del cuadro como en la superficie compositiva en relación con en el fondo y el espectador), sombría, demasiado compleja, oscura, de una maestría técnica nunca antes vista, sobria, seria y pesada. Si oigo los conciertos de violoncelo de Bach, usaría esta misma descripción, que aplicaría en la pintura a cualquier obra maestra del Barroco, por ejemplo, al Cristo de Velázquez del Museo del Prado. Pero aunque compartirían la misma descripción, hay casi 100 años de distancia entre esas dos obras, las suites de violonchelo son de 1717-23, y el Cristo de Diego Velázquez es de c.1632. Además, estas descripciones barrocas se aplicarían no solo a Velázquez, sino a casi todo el fabuloso arte Barroco que encontramos en esa época, como por ejemplo en la corte de Felipe IV (a partir de 1621), en artistas como Rubens, o en las colecciones reales de la corte española de esa época como José de Ribera.

Estudiando las descripciones musicales que usa el maestro de la historia de la música, me doy cuenta que mi observación no es exhaustiva porque también describe a ciertas obras de Bach como se podría describir a obras de arte Rococó. Por ejemplo cuando el profesor describe las fugas, coinciden con suficiente naturalidad con los lineamientos estilísticos del período Rococó. Lo raro es que aunque son obras tardías en su producción en la última década de vida, ni si quiera así ningún músico estaría de acuerdo en situarlas en el estilo ni el periodo Rococó. Esto podría tener muchas explicaciones, puede ser tal vez porque la vanguardia del Rococó, aunque contemporánea, no había llegado a la vida de Bach. Aunque el Rococó sí estaba ya presente en Alemania, las grandes obras arquitectónicas del Rococó en Leipzig se terminaron sus construcciones justo después de la muerte de Bach. Sin embargo, seguro que Bach vio al menos la Casa Hansen, del famoso George Werner, porque su construcción fue de 1748 al 49, de manera que se terminó antes de que Bach muriera en 1750.

Otra explicación podría ser que simplemente era un nuevo estilo que no le interesaba y prefirió seguir elaborando a un grado de maestría imposible los lineamientos estilísticos del barroco aunque que ya eran famosos en toda Europa desde 1620. Creo que dado al genio, talento e influencia del compositor, ningún músico estaría dispuesto a ver Bach como anticuado. Es comprehensible porque fue pionero en tantísimos aspectos que el estilo en el que encaje, o no, es lo de menos. Pero desde mi perspectiva, aunque sea el mejor expositor de la creación Barroca, también es innegablemente el último. Mi reflexión es que tal vez en las artes plásticas y decorativas ser el primero de un estilo determinado es más valorado que en la música.

Este mismo desfase, aunque no tan escandaloso, encuentro en Mozart. Es menos exagerado porque el problema estilístico que veo en Mozart es entre los estilos de arte Rococó y el Neoclásico. Estos dos estilos son bastante cercanos y conviven muy bien, además de ser periodos cortos y también muy cercanos en fechas entre sí. Pero bueno, si describimos a cualquier obra maestra Rococó, lo caracterizan el tema galante y de la fiesta y la frivolidad, la delicadeza afeminada y naturaleza sutil, la inspiración en la ligereza y asimetría de las composiciones orientales, su simplicidad casi vulgar y, me atrevo a decirlo, un poco cursi. Si bien es verdad que la ligereza y simplicidad del Rococó siguieron vigentes en el Neoclacisismo que fue el estilo que lo siguió, perdió mucho de la gracia que llevaba la asimetría lúdica fantasiosa oriental.

Yo creo que es válido cuestionar si el arte Rococó es estilísticamente más cercano a Mozart (aunque sea anterior en fechas), que la obra, por ejemplo, de Jacques-Louis David, el vanguardista neoclásico francés por excelencia, que es su contemporáneo y además supuestamente le corresponde a Mozart estilísticamente. Mozart sí fue contemporáneo de Luis XVI, y en efecto no desentona con el estilo Neoclásico que caracteriza su época, solo cuestiono si no queda mejor en el período anterior, el de Luis XV. Sobre todo tomando en cuenta que grandes obras maestras del Rococó fueron también producidas a finales del reinado de Luis XV aunque el estilo neoclásico ya comenzaba a ponerse de moda, como por ejemplo el famoso columpio de Jean-Honoré Fragonard (Les Hasards heureux de l’escarpolette, 1767). No hay respuesta posible, solo propongo la pregunta.

Tal vez por mi propia biografía me he obsesionado últimamente por las personalidades que crearon tarde, en estilos ya pasados de moda, y sin embargo, fueron los más grandes exponentes de ese universo estilístico. Llegué tan tarde a la vida monástica que probablemente sin querer trato de esperanzarme buscando modelos a seguir y pensando que si grandes maestros pudieron hacerlo, a lo mejor yo todavía tenga una oportunidad de aportar algo al mundo.

Sobre la autora:

Sor Stella Maris es una monja ermitaña diocesana de Monterrey y es Familiaris Cisterciense de la abadía de Heiligenkreuz en Austria. Después de trabajar en arte contemporáneo como crítica y curadora casi 30 años, dejó su trabajo en Frieze Art Fair (Londres y NY) y el Museo Tamayo en CDMX en donde dirigía la Fundación (FORT) y se mudó a Alemania del este en 2018 para ser monja. Vivió sola en una granja que convirtió en su ermita por ocho años desde donde ayudó a fundar un nuevo claustro de monjes Cistercienses en Neuzelle.

El nuevo monasterio en construcción fue diseñado por la arquitecta mexicana Tatiana Bilbao. Stella Maris creó y fue dueña de Editorial Celeste asociada con Federico Arreola y después con Jorge Vergara donde editó la revisa Celeste entre muchas otras revistas y libros.

Ligas al canal Ábreme los labios, de Sor Stella Maris:

YouTube:

https://www.youtube.com/@Abremeloslabios

Facebook:

https://www.facebook.com/reel/1639481417246964?locale=es_LA

Instagram:

https://www.instagram.com/p/DSLNCPzkUs9/

TikTok:

https://www.tiktok.com/@abreme_los_labios