Coincido totalmente con la ciudadana presidenta Claudia Sheinbaum quien, en su conferencia mañanera de este martes 17, admitió que “se debe ser consecuente” en la correspondencia que como individuos mantenemos entre nuestras formas de actuar y de pensar; debemos conectar nuestros pensamientos, en clara alusión a que Julio Scherer Ibarra no lo había sido y eso tácitamente lo descalificaba, en el juicio mismo de la jefa de las instituciones mexicanas. Fue lapidaria y contundente la primera mandataria, quien afirmó “ni ha leído ni leerá el libro Ni venganza ni perdón”.

La publicación oportunista y ruín de un texto donde se ensucian reputaciones, a diestra y siniestra y de manera injusta, las más de las veces.

Porque ciertamente, se es consecuente cuando se expresa un desacuerdo o una inconformidad y se muestra rebeldía en aceptar una decisión que se considera injusta, sea mayoritaria o no y provenga de la voluntad de quien provenga, para eso se es un hombre o una mujer libre; para expresar la coincidencia o el desacuerdo; eso no debe necesariamente tampoco conducir a una ruptura con el grupo o la filiación a la que se deba pertenencia.

Lo que seguramente indignó, ofendió y defraudó de la conducta del hijo de don Julio Scherer García, no solo a Claudia Sheinbaum, sino a todos los mexicanos, fue que el autor de ese “chismógrafo” denominado Ni venganza ni perdón, es la impúdica y desvergonzada propensión del también muy rico empresario y abogado Scherer Ibarra, a disfrazar entre sus textos y publicados, una notoria intención de presentar ideología, mitos, mentiras y falacias jurídicas, para cubrir quizá hoy, sus conductas, sus faltas y quizá hasta sus actos que violentan la norma vigente, precisamente como todos aquellos prevaricadores de la función pública del pasado añejo y reciente de nuestro país, a quienes dijo él combatir, como su padre lo hizo, a través de su valioso medio de comunicación semanal, el reputado Proceso y, en su tiempo, el viejo Excélsior.

Aun así, los defectos y las virtudes de Julio Scherer Ibarra se habían mantenido incólumes, aun a su salida repentina del gobierno de extracción morenista.

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Sus maniobras palaciegas, pretendiendo sorprender y manipular al entonces presidente de la República que hoy reside en Palenque, Chiapas, generaron desconfianza en él y la 4T lo tuvo que expulsar, decretándole congelación política.

Sin embargo, personajes que habían caminado junto a él en las duras y en las maduras, en la formación del movimiento que hoy gobierna en todo el país de manera casi hegemónica (Morena), como Alfonso Durazo Montaño, actual gobernador de Sonora, seguían apartando un lugar muy especial para Julio en los afectos personalísimos.

Pero fueron los afanes de notoriedad de Scherer y la búsqueda de salvar su honor tras las denuncias que se han hecho en su contra en sendas publicaciones, que a nuestro personaje poco le importó lastimar la imagen de su otrora gran amigo y aliado, Alfonso Durazo.

Juntos, habían enfrentado las primeras y más estruendosas turbulencias de la 4T en el poder, al lado del presidente López Obrador, conformando ambos el llamado “Grupo de judicialización”, una especie de órgano deliberativo que se ocupaba de solventar asuntos de extrema seguridad nacional, que cobró tal importancia en la primera mitad del sexenio de López Obrador que hasta incluso terminó deliberando sobre asuntos políticos, dada la confianza que se ganaron al interior del grupo y con el jefe del Ejecutivo.

Cabe recordar que Scherer llegó a tener más poder que la entonces secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero; tanto, como para haber impulsado a Alejandro Gertz Manero y colocarlo como Fiscal General de la República.

Scherer y Durazo eran los rostros más visibles del grupo de moderados al interior del gobierno de Andrés Manuel y que generaban un necesario equilibrio al interior del gabinete en su toma de decisiones, pues en contrapartida, estaban (y están) los llamados “puros o duros”, de línea radical extremista y que forman parte de la 4T; que siempre han sido además, la expresión más radical y cruda del anarquismo y de esa forma de populismo woke que impulsan gentes como Martí Batres y sus hermanas, Ernestina Godoy, Clara Brugada, Epigmenio Ibarra, Paco Ignacio Taibo II, Marx Arriaga, Gerardo Fernández Noroña, las integrantes de la familia Alcalde (Luisa María y Bertha), y Jesús Ramírez Cuevas, entre muchos otros.

Pues es el caso que, no obstante todo lo anterior y siguiendo en la lógica del gran garantista florentino, Luigi Ferrajioli, el texto de Scherer Ibarra que circula profusamente ya entre los mexicanos curiosos y los detractores del actual régimen, mostró el cobre y en varios momentos de su narrativa, se torna violento contra sus propios amigos, seguidores y protectores de antaño.

“La violencia -dice Ferrajioli- es lo contrario a la comunicación… La violencia es el último recurso del incompetente.”

También el intelectual mexicano, Jesús Silva Herzog-Márquez, derrocha razón y tino en su artículo publicado en el diario Reforma este martes 17, pues hizo “cera y pabilo” de Julio Scherer y su obra, en el texto titulado “Memorias de un coyote”.

Y es que del doctor Alfonso Durazo, actual mandatario sonorense, el exconsejero jurídico presidencial escribió a manera de insinuación -sin ofrecer nombres- que el entonces candidato de Morena a la gubernatura de Sonora recibió dinero del huachicol fiscal por conducto de Jesús Ramírez Cuevas, procedente del extinto Sergio Camona, para el financiamiento de su campaña.

Lo cual fue rechazado rotunda e inmediatamente por el gobernador Alfonso Durazo, después de haberle solicitado a Scherer que aclarara la situación que se prestó a calumnias y malediciencias.

Durazo se expresó, deslindándose de lo sugerido por Scherer en su libro, que “ambos sabemos que jamás he recibido ni un solo peso de procedencia ilícita ni de persona alguna vinculada a actividades de esa naturaleza”.

Y continuó el mandatario en su publicado de extrañamiento: “Como gobernador del Estado y por la responsabilidad frente a quienes me otorgaron su confianza, me veo obligado a rechazar de manera categórica cualquier insinuación falsa que pretenda atribuirme, aunque sea de forma indirecta, en esa publicación (libro Ni venganza, ni perdón). La historia merece ser contada como fue, no como a algunos les conviene recordarla. ¿Cuántas fe de erratas más harán falta para decir toda la verdad?“, cuestionó irónico el gobernador Durazo Montaño.

Porque cabe destacar que el propio Scherer le habría explicado en privado a Durazo para calmar la molestia del mandatario sonorense, que se trataba de una “fe de erratas”; que lo señalado en el texto correspondía en realidad al año 2018, año en que Durazo ni siquiera competía aún por la gubernatura. Y que de esa forma quedaría aclarado que él -Durazo- no tuvo nada que ver con lo relatado en esa parte del referido libelo. Sin embargo, hasta hoy, reconoció Alfonso Durazo, no ha habido ninguna precisión pública de parte de Scherer. Y el colmo de Julio fue, cuando le afirmó a la periodista de la televisión Denise Maerker, que “nadie le ha desmentido en su libro”.

Ante la declaración contundente y exigente de Durazo, Scherer respondió en un publicado:

“Respeto la postura del gobernador Alfonso Durazo… El libro no hace referencia a su postura en 2021 ni a su gestión. Lo mencionado está claramente situado en 2018 (p. 253)… No existe imputación personal ni señalamiento directo. Una lectura completa del texto lo confirma”.

La respuesta del responsable del intríngulis, el doctor Julio Scherer, fue más que tenue... insuficiente. No corresponde a la amistad y el afecto que le profesó siempre el doctor Durazo Montaño, pues se infiere que sus referencias si no fueron directas, fueron indirectas.

Todo este lodazal ha servido para que los envidiosos e intrigantes, que solamente están buscando cómo golpear al gobernador Durazo, para impedir su evolución y su ascenso.

Auténticos francotiradores, se aprovecharon ya diciendo que en el libro de marras se decía que en el tema de los gobernadores involucrados con Sergio Carmona, incluían también al gobernador Alfonso Durazo Montaño y, eso es absolutamente falso.

Ya lo aclaró mediante sendo y contundente mensaje el sonorense, publicándolo en sus redes sociales. Lo cual incluso ha sido divulgado en los medios de comunicación social convencionales.

Y es así como se defrauda la confianza con la gente; es así como se pierden las grandes amistades.

Porque una cosa es atacar a Sergio Carmona o a Jesús Ramírez Cuevas o a Américo Villarreal o a Rubén Rocha Moya, si se cuenta con las pruebas y los datos duros, y otra cosa muy distinta es insinuar o sugerir, calumniosa y malévolamente al gobernador de Sonora, sin prueba alguna y fracturando una entrañable como fraternal relación amistosa entre Durazo y Scherer.

Los daños ya están consumados.

Y que “lance la primera piedra el que esté libre de pecado”, como dice la Biblia, Durazo se defendió y lanzó la suya.

Julio Scherer lastimó y afectó la relación que existió por décadas entre ambos personajes de la vida pública en este país.

Y el doctor Alfonso Durazo mismo, echó por tierra el infundio; porque como dicen en Sonora los rancheros de la sierra, como en Bavispe, la tierra donde nació Don Alfonso: “Aclarando, amanece”.

Héctor Calderón Hallal en X: @pequenialdo; @CalderonHallal1