El obradorismo ama lo símbolos y los eslóganes. Con esa mezcla de acepciones adoptadas del socialismo y de las frases de AMLO, la autoproclamada 4T construye sus discursos, implementa sus estrategias y conduce su programa electoral.
Los comités de defensa de la cuarta transformación es el término que las cúpulas morenistas han adoptado para contravenir la ley electoral. Han copiado (pues ni siquiera para eso son originales), el nombre de los núcleos revolucionarios cubanos utilizados para “defender” el castrismo contra los intereses de las mafias del poder y de los estadounidenses.
Según se ha informado, el partido oficial, de la mano de Luisa María Alcalde y Andrés López Beltrán, y con el respaldo de sus más eficaces operadores, ha comenzado a desplegar a estos comités en los territorios electorales que serán motivo de disputa en 2027. Lo que han iniciado es, a todas luces, una vulgar precampaña dirigida a que estos “responsables de la defensa de la 4T” comiencen una operación política en las 17 entidades federativas con el objetivo de asegurar su victoria en las elecciones del año que viene.
Se trata de una vulgar contravención de la ley y de la ética electoral, optando por adelantarse seis meses a los procesos electorales. De igual manera, han empezado a circular los nombres de estos “coordinadores”, que resultarán confirmados, una vez hayan recibido el visto bueno de Palenque. De esos mismos grupos de los comités surgirán los candidatos a alcaldes y diputados locales.
Sin embargo, y a pesar de lo escandaloso que puede resultar en términos democráticos, no es novedoso. Morena desprecia la ley. Y aunque resultasen sancionados, cuentan con el control político sobre el INE, y para mayor vergüenza, del Tribunal Electoral; mismo que decidió desechar los recursos en contra de las pruebas presentadas en ediciones anteriores y que avaló la circulación de acordeones que permitieron que nueve sujetos y cientos de jueces y magistrados obtuviesen una posición como impartidores de justicia.
El despliegue de estos “coordinadores” no es sino un componente más de una abierta operación de Estado dirigida a asegurar que el oficialismo no pierda sus estados, y si fuese posible, obtener el control de las entidades que hoy están en manos de la oposición como Nuevo León, Chihuahua y Aguascalientes. Y sobre todo, lo que tal vez más les inquieta es la posible pérdida de la mayoría calificada en el Congreso federal. Así las cosas.
