En México, la justicia es una caricatura de mal gusto, baste subrayar que por ahí del 1% de los delitos llega a una sentencia condenatoria (y se asustan, algunos, por la reforma judicial).

Vemos cómo hace ya dos décadas al jefe de Gobierno de la Ciudad de México se le retiró el fuero, y si no es por el pueblo enardecido y sus protestas, procedía su proceso penal (la cárcel, eventualmente) con motivo de no acatar el gobierno de la Ciudad un amparo para detener las obras de acceso vial a un hospital. La justicia politizada en su máxima expresión, por iniciativa de un presidente que ganó su elección a base del hartazgo de muchos a 71 años de priato, también de billetazos, sin importar su origen, al por mayor (su campaña, en los hechos, arrancó desde 1997) y a carísimos despachos de publicidad. Luego, todo México cayó en el horror de la realidad: ese candidato que prometía milagros, era una bestia.

Ahora, con el brutal ataque del esperpento Alito (Alejandro) Moreno Cárdenas, senador y presidente del (lo que queda de) PRI, veremos más aberraciones jurídicas, públicas estas, que no hacen sino enviar mensajes torcidos a la sociedad en su conjunto.

El caso de #LordPadel y familia es idéntico, aunque los golpes y el abuso no fueron tan lesivos cómo los del impresentable Alito, al del miércoles por la tarde en el viejo recinto del Senado, y (teóricamente) se debieran castigar con similar rigor. De entrada porque tienen la característica principal para que un ilícito se procese en México (salvo la Ciudad de México y quizás una o dos entidades más) que es el haber sido grabado y luego subido a redes sociales (la Justicia en México se basa en los chismes de Facebook y X, antes Twitter) y no en el impartimiento de una justicia auténtica y expedita.

Pero veremos, en la lógica del caso de #LordPadel, más de uno (Alito) debiera ser procesado penalmente, Cárdenas el campechano, con juicio de desafuero incluido, pero lo dudo, ya que en México prevalece la mentalidad, entre la clase política de “entre gitanos no nos leemos las cartas.