Aunque el panorama parece confuso, en la madre de todas las batallas, que es el proyecto de reforma electoral, tengo la sensación de que todavía se puede encontrar una salida ahora que la revisión se está prolongando. Esto nos lleva a suponer, ante el clima de polarización, que habrá ajustes técnicos en el tema de la representación proporcional, básicamente por el cruce de posicionamientos que han hecho todos los partidos, incluida la oposición. Por eso tiene demasiada importancia. Después de todo, por las promesas de campaña, esto marcará un antes y un después más allá de si se aprueba o no. La solución, repito, está ni más ni menos en los 200 espacios que se conservarán y, a la postre, se distribuirán. Es ahí donde se está discrepando del partido oficial y la propia mandataria. Hay, viéndolo desde esa perspectiva, una línea muy delgada que ha hecho que esto se alargue mucho más que la reforma judicial.
No había visto una reacción similar desde hace muchos años o décadas. Este tema, de verdad, se ha robado por completo los reflectores de la prensa y la atención del público. Eso, que da la sensación de que se alargará, terminará si existe voluntad de ajustes ahora que se ha prolongado su revisión. El mérito radica allí. De hecho, no es que sea una actitud displicente la que fijen algunos, sino es velar por los intereses de cada partido. Independientemente de eso, lo dijimos, la presidenta puede estar tranquila porque ha cumplido con la propuesta de este esquema reformador. Lo demás, ella lo sabe, está en otra cancha donde los jugadores merodean la pelota en los confines de cada una de las narrativas que despliegan. Entonces, más allá de lo que suceda, Sheinbaum continuará teniendo ese margen tan elevado de aprobación. Sus proezas hablan por sí solas. Inclusive, la población no tardó mucho en expresar las muestras de afecto y cariño ahora que comenzamos un nuevo mes y, por ende, las metodologías hacen su trabajo en medir la percepción positiva y el grado de efectividad.
Desde nuestra perspectiva, entonces, llegamos a la conclusión de que, a 17 meses de haber hecho historia como la primera mujer presidenta de México, Sheinbaum ha efectuado una verdadera proeza. El razonamiento lógico es simple: Claudia ha roto todos los paradigmas para afianzarse como una de las mujeres más poderosas del mundo. Algo más llamativo, si queremos verlo desde esa mirada más profunda, es el trabajo efectivo para seguir convenciendo a la población de que son la mejor alternativa, mucho más ahora que muy pronto se renovarán las gubernaturas y la cámara de diputados. De hecho, seguimos sin pasar por alto que más de 13 millones de mexicanos han salido de la pobreza. Lo más importante de ello, lo que significa como un acto de solidaridad, es seguir buscando el bienestar a través de más programas de asistencia y acompañamiento. Son, al fin y al cabo, mecanismos elaborados precisamente para ello.
Lo que Claudia tiene en sus manos, además de elogios y reconocimientos, se llama legitimidad. Por eso no tardan en llegar siempre los buenos efectos que reflejan las encuestas. Todo eso, mediante un proyecto de nación bien detallado, es lo que ha dado resultados plausibles. La agenda es clara: salud, seguridad, movilidad, programas sociales, desarrollo, economía, ciencia y educación. En este último rubro podríamos hablar de infinidad de espacios de enseñanza y aprendizaje, pero me quedo con un modelo que ha traspasado fronteras por la calidad que ofrece. Nos referimos al plan que delineó la presidenta con la multiplicación de las Universidades Rosario Castellanos. Después de que Chiapas fuese pionero, entidades como San Luis Potosí, Michoacán, Puebla, Morelos, Oaxaca, Tabasco y otros puntos estratégicos, han comenzado a realizar gestiones a través de los gobiernos estatales que, a plenitud, saben lo sustancial que es la operación de la federación para cubrir buena parte de las políticas públicas.
De ese tamaño es el encargo de Claudia Sheinbaum. Desde mi perspectiva, lo puedo llamar, más que un compromiso, una responsabilidad social, fundamentalmente de la continuidad de un ciclo que comenzó AMLO en aquel histórico 2018. Eso es lo que hemos escogido la mayoría de la población que, ante la irresponsabilidad de la derecha, optamos por una alternativa de lo que hoy es considerado el segundo piso de la transformación. Por eso, todo aumenta en proporción positiva, básicamente cuando hablamos de desarrollo. Todo eso es lo que reconocemos como una proeza que sigue rompiendo paradigmas, brechas y barreras. Sheinbaum es una mujer valiente y de convicciones firmes.
Me da mucho gusto que las mujeres sigan ganando terreno. Se lo merecen, sobre todo por esta cadena de acontecimientos históricos que hemos vivido con la llegada de más mujeres a la función pública y legislativa. Hoy, de hecho, las mejores evaluaciones, de acuerdo con los mecanismos que se encargan de medir el desempeño, las encabezan las gobernadoras de Morena. Algunas de ellas son Clara Brugada, Rocío Nahle, Marina del Pilar, Evelyn Salgado, Margarita González Saravia, Lorena Cuéllar e Indira Vizcaíno.
