La historia reciente nos recuerda que el acceso al conocimiento ha estado marcado por una profunda desigualdad derivada de la brecha de género. Mi papá es ingeniero y me platica, con una mezcla de indignación y asombro, cómo eran sus años universitarios.
En su época, la realidad era drásticamente distinta a la actual, no tenía ni una sola compañera en la carrera, los salones de clase estaban ocupados única y exclusivamente por hombres.
Este testimonio es el vivo reflejo de una sociedad que, por generaciones, encasilló las habilidades y los sueños de las personas en función de su sexo.
El Día Mundial de la Ingeniera, es un momento crucial para reflexionar sobre esa herencia y acelerar el cambio.
Es verdaderamente importante inspirar a las niñas y a las adolescentes desde edades tempranas. Debemos trabajar con constancia para que sepan, con absoluta certeza y sin pizca de duda, que pueden estudiar lo que quieran.
Ninguna joven debería renunciar a su vocación por miedo a enfrentarse a un entorno mayoritariamente masculino o por la falta de referentes que le demuestren que es capaz de liderar proyectos de gran impacto.
Seamos realistas, las palabras de aliento y los discursos motivacionales no son suficientes para derribar las barreras estructurales. El verdadero cambio social requiere de acciones tangibles y compromisos firmes.
Es urgente fortalecer el sistema educativo mediante programas sólidos de becas económicas y de manutención.
Estos apoyos financieros deben estar dirigidos específicamente a mujeres que desean ingresar a diversas ingenierías, garantizando que el factor económico jamás sea el motivo por el cual las mujeres se quede fuera de las universidades.
Juntas y juntos impulsemos a las nuevas generaciones para construir un mundo más justo, equitativo y lleno de oportunidades para todas y todos.
Jennifer Islas. Política y conferencista.
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