TÚ DECIDES

Hay domingos que dicen más de un país que mil discursos oficiales. Este domingo, la Ciudad de México volvió a confirmarlo. Miles de familias —mamás, papás, niñas, niños— tomaron las calles no para protestar ni para exigir, sino para celebrar. El tradicional paseo ciclista dominical se transformó en algo más que una rodada: fue una fiesta de la vida, del futuro y de esa vocación profundamente mexicana de ser mamá y ser papá.

Ahí, entre bicicletas, patines y patinetas, risas y camisetas blancas, La Vida Por Delante se hizo presente como un mensaje vivo: la maternidad y la paternidad no frenan la vida, la impulsan. Cientos portaron con orgullo playeras que decían: “Es increíble ser mamá”; “Es increíble ser papá”; “Mi familia es increíble”. No eran consignas vacías; eran testimonios andando, pedaleando, respirando esperanza en una ciudad que a veces parece olvidarla.

En tiempos donde se insiste en presentar a los hijos como una carga, como un obstáculo para el desarrollo personal o profesional, la escena fue conmovedora. Porque mientras algunos discursos reducen la maternidad al sacrificio y la paternidad a una obligación que limita, la realidad —esa que no cabe en eslóganes ideológicos— mostró otra verdad: ser mamá y ser papá transforma, fortalece y da sentido.

Ser padre no es solo proveer; es estar. Es quedarse incluso cuando hay miedo, dudas o circunstancias adversas. Es descubrir que la plenitud no está en una vida sin problemas, sino en una vida con significado. La paternidad importa, deja huella y cambia historias. No detiene a los hombres: los impulsa, los vuelve más humanos, más responsables, más capaces de pelear por un futuro que ahora vale el doble.

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Y ser madre —en un país donde el embarazo sigue siendo causa de discriminación laboral— es un acto de valentía cotidiana. No porque sea fácil, sino porque es profundamente real. La maternidad no quita sueños: enseña a soñarlos distinto. No apaga la vida: la llena de propósito. Defender la maternidad hoy es defender la dignidad de las mujeres y el derecho de los hijos a ser recibidos con esperanza, no con miedo.

Por eso lo que ocurrió en la rodada dominical fue mucho más que un evento. Fue un mensaje colectivo, una afirmación pública de que México sigue creyendo en sus familias. Que la alegría también puede ser una forma de resistencia cultural. Que cuidar la vida, acompañarla y celebrarla es un acto de libertad auténtica.

La fotografía final frente al Ángel de la Independencia no fue casual. Recordó que el verdadero futuro no se construye solo con políticas públicas sino con padres presentes, madres acompañadas y una sociedad que deje de ver la vida como problema y vuelva a verla como promesa.

Porque sí: la vida está por delante. Y cuando hay mamás y papás dispuestos a dar el corazón, el futuro no se reduce… Se expande.

X: @pablomieryteran