El distanciamiento que ha tomado la sociedad respecto a los partidos de derecha ha permitido concentrar la atención en uno de los proyectos más sólidos de las últimas décadas. Podemos decir que un hecho determinante —antes de finalizar el sexenio de Enrique Peña Nieto— fue el andamiaje de ignominias que se acentuaron y que llevaron a la sociedad, de una vez por todas, a brincar hacia un proyecto de auténtica avanzada social. Otro de los aspectos que tensó la relación con el gobierno, en aquel entonces, fueron los actos de corrupción que se consumaron a la par de los gasolinazos y la propia ingobernabilidad. Eso, junto con una inmensa estructura territorial que ya se asomaba a favor de la causa de Morena, hizo posible acelerar el cambio o, mejor dicho, la anhelada alternancia. Romper esa inercia y cerrar un ciclo anacrónico hizo plausible lo que ahora estamos atestiguando.

Antes de analizar algunos factores, es fundamental profundizar en el impacto de los aspirantes a puestos de elección popular que, por encuesta, resultan ungidos. En retrospectiva, Morena ha actuado con apego a los principios de sus estatutos. Se aplica el método de la encuesta y, por ende, salen a flote los referentes de mayor peso. No hablamos de ningún experimento ni de improvisación. Sabemos con exactitud que la marca de Morena ha cautivado a un número sustancial de votantes en todo México; sin embargo, se necesita buscar quién conduzca esos quehaceres con compromiso y responsabilidad. Por eso, quienes se encargan de esa exhaustiva labor, luego de adjudicarles un trabajo titánico, deben evaluar hasta el más mínimo detalle. Al ser uno de los procesos más minuciosos, pero menos visibles, resulta evidente que lo que se analiza, además de la popularidad, es la elocuencia, el arrastre y el poder de convocatoria.

Al conocer esos pormenores, y dado lo que está en juego, visibilizamos que las decisiones son atinadísimas para garantizar un proceso de alta competitividad. Si observamos los rasgos de quienes en su momento fueron candidatos, podremos darnos cuenta del grado de preparación. Los casos más recientes, que destacaron por el margen tan abultado con el que ganaron, fueron algunos perfiles que trascendieron en las elecciones intermedias de 2021: Alfredo Ramírez Bedolla, Evelyn Salgado, Miguel Ángel Navarro, Marina del Pilar, Víctor Manuel Castro, Layda Sansores, Indira Vizcaíno, Mara Lezama y David Monreal. Todos ellos, luego de la campaña ganadora que realizaron, imposibilitaron a la contraparte acortar la diferencia que se fue gestando.

Con esos estándares tan elevados, luego de recibir su nombramiento en vísperas de 2024, vimos desfilar una nueva camada de candidatos a la gubernatura que, aun percibiendo el apoyo de una marca, supieron aprovechar su liderazgo. Hablamos de Eduardo Ramírez Aguilar, Javier May, Salomón Jara, Alejandro Armenta, Margarita González Saravia, Joaquín Díaz Mena, Clara Brugada y Rocío Nahle. Ellos, inclusive, arrinconaron a una oposición que, literalmente, no metió ni las manos ante el tsunami morenista.

Y ya que hablamos de lo que se avecina, luego de abordar el poder de convocatoria de Morena, los protagonistas que se reunieron con el CEN del partido guinda alzaron el puño en señal de protesta por la nueva encomienda que les ha delegado el pueblo de México. Tras tomarse esas decisiones, y concluyendo la primera etapa de este ejercicio democrático, viene en puerta un proceso de organización para revalidar el triunfo en puntos clave como Michoacán, Guerrero, Nayarit, Colima, Sinaloa, Sonora, Baja California y Baja California Sur. Aun cuando en Nuevo León, Querétaro y Chihuahua gobierna otra fuerza distinta a la de la izquierda, la designación de perfiles, dada su influencia, permitirá competir para ocupar la posición de gobernador. Lo entendemos así a partir de la degradación que viene mostrando la derecha en todas sus expresiones. Reconocer eso, en el umbral de un proceso democrático, permite identificar que estamos ante un hecho similar a lo ocurrido en Estado de México y Yucatán. De hecho, se garantiza, desde la parte oficial, una competencia al nivel que se requiere, mucho más ahora que hay identidad y arraigo en todas las entidades de la República con Ana Lilia Rivera, Clara Luz, Lorenia Valles y Cruz Pérez. Incluso, todo este interés aumentó para cicatrizar cualquier herida que haya provocado el ejercicio interno. Nos referimos a subsanar las posibles fracturas para quienes quedaron en la orilla.

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Notas finales

Hace unos días, luego de escuchar una trágica noticia en Puebla, el propio gobernador, ante el entramado de comentarios sin fundamento, puso fin a tantas especulaciones sobre el caso del maestro Curiel Tejeda. Al manifestarse frente a la narrativa de malas expresiones, el mandatario recordó que hay que ser respetuosos con la familia y con los amigos que siempre han acompañado una larga y exitosa carrera como la del catedrático. Ese llamamiento, que no se quedará en el camino, sino que ha permeado, debería servir de ejemplo para que muchos seudoperiodistas se abstengan de hacer comentarios como el caso de Paco Burgos, quien, tras un micrófono, comenzó a construir teorías de la conspiración que derivan en conclusiones sin fundamento.

Por otro lado, la gobernadora de Morelos, en esa estrategia de seguridad, sigue construyendo espacios de participación que, desde luego, resultarán fructíferos para que la pacificación del territorio siga caminando por la dirección correcta. La reunión interestatal, donde acudieron mandatarios de Estado de México, Hidalgo, Ciudad de México y Guerrero, alimenta el andamiaje de estrategias, especialmente para la coordinación con todas las autoridades. Eso se llama responsabilidad, pero también voluntad para salvaguardar la seguridad de miles de morelenses.