En el periodo de Vicente Fox, antes de presenciar una de las etapas menos productivas para México, el entonces presidente lanzaba consignas en contra del PRI. Sus asesores, mediante discursos pegajosos y arengas que exigían con vehemencia la salida del priismo, elaboraban eslóganes de campaña. Debemos admitir que aquello, más que una realidad, sirvió para que Fox ganara la elección de manera contundente. Lo demás quedó marcado por la desatención y la simulación de una administración que pasó sin pena ni gloria. El pan de cada día, asentado en la dinámica legislativa, confirmó que el PRIAN, en el ejercicio de sus funciones, siempre operó como una misma sociedad. Podemos decir que su trabajo, sostenido en una bisagra, fue únicamente el telón de fondo de un espiral de reformas constitucionales que, por un lado, ignoraban el sentir popular y, por el otro, beneficiaban a los sectores acaudalados que se enriquecieron mientras el país acumulaba deuda y desestabilidad.
Vicente Fox, en resumen, fue un fiasco y un fracaso como presidente. Ignoró los grandes problemas sociales y dejó de lado la oportunidad de construir programas sociales sólidos; a medias, concretó políticas públicas. Al agravarse su falta de popularidad y mediante un fraude sistemático, el PAN continuó gobernando otro sexenio bajo la conducción de Felipe Calderón. Incluso fue posible perpetrar una elección facciosa que terminó por deslegitimar el ejercicio democrático de 2006. Fueron muchos los mecanismos estratégicos que operaron para impedir la llegada de Andrés Manuel López Obrador. El propio Fox, sin empacho alguno, ha reconocido que él mismo se encargó de descarrilar el avance contundente que tenía la izquierda en aquel entonces.
En el fondo, fue evidente que se pusieron en marcha estrategias perniciosas que pronto salieron a la luz pública. Aunque la contraparte resistió, se impuso el engaño y el espiral de irregularidades que plagaron una elección que jamás se legitimó. Lo demás es conocido: nunca hubo un presidente que asumiera plenamente la autoridad de jefe de Estado. Al observar la magnitud de la ignominia, lo que sí pudimos atestiguar fue el florecimiento de una sociedad política como el PRIAN. Ambos bandos, de común acuerdo, pactaron mantener una mancuerna para seguir ayudándose mutuamente. Ese momento terminó siendo el parteaguas para que la sociedad comenzara a identificarse con otra expresión política. Consciente de ello —y ahora que hablamos de personajes cruciales—, la resistencia de Andrés Manuel López Obrador supo mantenerse en medio de los reflectores. A lo largo del país, al intensificar sus giras, canalizó el hartazgo generalizado y alimentó un programa de gobierno que hoy rinde frutos.
Para contrarrestar el enorme dominio de convocatoria que había construido AMLO, revivió la alianza variopinta que, obligados por las circunstancias, se apresuró a sellar un frente opositor. Hay que tener claro que su papel, debilitado y en medio de las penurias, ya no suministraba el poder de convocatoria que alguna vez representó su base social. Así, sin éxito y acorralados por su pasado corrupto, el PRIAN, de la mano de Xóchitl Gálvez, fracasó rotundamente. Ese momento sirvió, por separado, para realizar un control de daños en cada partido. El PAN, por ejemplo, concluyó que ese binomio jamás tuvo eco entre su militancia. Convencidos de ello, Jorge Romero aseguró que la próxima alianza que construirían sería con la sociedad. Incluso se quejó de que, en retrospectiva, no se escuchó el sentir social, sino que se tomaron decisiones unilaterales obedeciendo al pragmatismo.
A pesar del costo político tan elevado que han pagado por unirse al PRI, el PAN prepara el terreno para levantar una nueva sociedad política. En los pasillos de la dirigencia nacional del priismo ya se observa al mismísimo Vicente Fox. Su presencia, sin embargo, no provoca ningún efecto y, por lo tanto, no puede interpretarse como un frente sólido. Podemos decir que, por mucho, lo único que logró fue tomarse una fotografía con Alito Moreno. Al enterarnos de ello, la lectura es amplia y no difícil de cuestionar. Primero, de botepronto, no vemos que esa situación genere confianza en una población que, de norte a sur, está volcada hacia la imagen de Claudia Sheinbaum. Buena parte de esa ciudadanía —diría su inmensa mayoría— simpatiza con los colores de la coalición Seguimos Haciendo Historia.
Por ello, la reunión entre Vicente Fox y Alito Moreno, con todo y sonrisas, no significa nada. El expresidente no es un personaje que capte la atención de la población. Sus desfiguros y la forma en que ha expresado públicamente su rechazo a los programas sociales —llamando “huevones” a sus beneficiarios— lo han dejado muy mal parado. Podemos decir, viendo las circunstancias, que la posición de Fox solo suma un voto al PRIAN, especialmente cuando hay alianzas que restan. Proponer una oferta política conocida por todos no es ninguna revelación ni algo que abra paso para que ellos ganen. Es simple: Morena, en conjunto con sus aliados, ganará 15 de 17 entidades federativas.
