Platicando con una amiga y colega, me contaba que estaba por mudarse de ciudad, porque en donde vive no ha encontrado lazos de amor o redes de apoyo que la sostengan y la acompañen. Ella es soltera y vive sola, por lo que creo que como nos pasa a todos, a sus cincuenta años entró en esta crisis existencial.
Le mencioné que sí, que era fundamental sentirse acompañado por otros, amados por otros y ser mirados por otros.
Entonces sacó a la plática la película “La sociedad de la nieve” y me dijo: “Si el accidente del avión que se estrelló en Los Andes hubiera sucedido en este siglo, en pleno 2024, nadie hubiera sobrevivido, porque a nadie le hubiera importado el otro”.
Me dejó pensado. Y sí. Le doy la razón y es aterrador.
Lo vemos en los videos que circulan en redes, videos en donde en nuestro país se pelean a golpes, ya sea en accidentes de tránsito o en alguna otra explosión de ira pero nadie interviene, nadie mete las manos. Lo vemos en el actual video en donde se ve que en la carretera hacia Yautepec, Morelos, una niña pide a gritos ayuda y junto a ella, un auto rafageado con 3 cadáveres; ella herida con un balazo en el pie, suena a película de terror ¿cierto?
La persona que viene grabando solo dice “ya se los cargaron”, con una frialdad impresionante, como si simplemente hubiera visto un accidente de tránsito… pero no da cuenta si se acercó a auxiliar a la pequeña o no.
El tema es que ese video se ha hecho viral, y pues nada. A mi parecer era para que medio México estallara en indignación y en coraje y algo pasara, alguna reacción masiva de protesta, de dolor... Pero no, nada.
Ahí quedó el video nada más. Mientras tanto, todos seguimos con nuestras vidas y preocupaciones.
Ahí es cuando le doy la razón a mi amiga: Si sucediera un accidente como el del avión de Los Andes en este momento, todos los sobrevivientes hubieran muerto, porque nadie se hubiera detenido a darle la mano a otros, ni muchísimo menos arriesgar la vida por los demás.
Incluso, tristemente, hasta dentro de nuestras familias o amigos esa película te pone a reflexionar: ¿Quién de ellos daría la vida por ti?
Nos hemos vuelto insensibles e indiferentes al dolor ajeno. Y es doloroso porque por naturaleza el mexicano es solidario con otros, pero creo que el presidente de este país nos ha hecho mucho daño, tanto que hasta en la parte emocional ha afectado el comportamiento de la gente.
Y es que no es para menos, llevamos 6 años escuchándolo hablar cargado de ira y rabia contra otros. Creo que finalmente sí tiene un impacto (y lo digo y escribo como psicóloga) en la psique y alma de los mexicanos.
Porque hay de dos: O está el que se engancha con el discurso de odio del presidente y entonces también se pone a odiar a los demás, o están los que no nos enganchamos con su discurso de odio, pero odiamos que el presidente odie todos los días... ¿Captan?
Al final, el clima es de enojo e indignación constante. Entonces nuestro combustible emocional, digamos, se agota y nos colocamos en un lugar donde vemos con nuestros propios ojos toda clase de tragedias, pero le damos vuelta a la página rápidamente, como que aquí no pasó nada.
¿Qué habrá sido de esa niña que en medio de la carretera, a plena luz del día, gritaba por ayuda junto a un auto rafagueado y con cadáveres dentro? ¿Quién la ayudó? ¿Quién está ahora con ella y le está dando ahora cobijo emocional y psicológico para enfrentar el duelo y el trauma?... ¿Dónde están los asesinos?
Son tantas preguntas sin respuesta que me confirman la teoría de mi amiga: No hay una sociedad sana, consolidada, no sabemos hacer comunidad.
En los chats vecinales que tengo la gente empieza a pelearse: Unos a favor otros en contra del presidente como si de verdad al presidente le importaran sus vidas.
Ni siquiera nos organizamos ya para salir a marchar. La apatía, el desgano, la propia depresión, la falta de recursos económicos hacen que desde nuestro sillón nos manifestemos. Pero no hacemos más.
Y yo insisto, con una persona a la que le des la mano, cambia toda la energía de tu vida y de tu día y es tan fácil ayudar y ¡no lo hacemos!
Todos estamos heridos, dolidos, solos y asustados. A mí no me cuenten que la economía anda muy bien porque mi cartera tiene otros datos.
Ojalá hagamos conciencia y comunidad no para atacar al presidente como seguramente él piensa, sino para salvarnos la vida.
Ya ven que hasta se tomó personal el que la sociedad mexicana quisiera organizarse para llevar ayuda a Acapulco por el huracán Otis.
Ya no deberíamos de hacerle caso y seguir en nuestro intento por tejer redes de apoyo, vecinales, de amigos, de familia, para darnos las manos y agarrarnos fuerte porque viene una ola gigantesca cargada de discurso de odio, sembrando resentimiento en las personas, generando rivalidades unos contra otros.
Ojalá y tuviéramos esa clase de sociedad, como aquella que formaron los sobrevivientes del avión estrellado en Los Andes.
Incluso, cuenta uno de los sobrevivientes que en uno de tantos aludes, él decidió y pensó que ya era momento de partir y se empezó a dejar morir, cuando de pronto sintió como una mano y lo desenterró de la nieve con toda fuerza... y hoy por hoy sigue con vida.
A veces tenemos que ayudar sin que nos lo pidan. Tal vez no lo tomara a bien la gente… pero uno está cumpliendo con una misión y con un objetivo: Hacer que la vida le sea más fácil a otros.
No es difícil unirse, de hecho creo sin temor a equivocarme que es a lo que más miedo le tiene este presidente. Vernos unidos para él es letal.
Pero, insisto, no se trata de unirnos para perjudicarlo, ya dejémosle a él a un lado. Se trata de unirnos para que ningún alud acabe con nuestra vida y la de otros.
Para que el contexto del video aterrador de la pequeña hubiera sido otro: cientos de personas que se hubieran detenido a ayudar a esa pequeña que en medio de la carretera pedía ayuda.
Aún tengo fe en la humanidad. Tengo fe en las personas. Tengo fe en que dejen a un lado sus preferencias políticas y ayuden al vecino, al amigo, al familiar con el que no se hablan…
Debemos recuperar nuestro sentido de comunidad y humanidad porque sino, estamos muertos entonces.
Y si no lo hacemos, no habrá un solo presidente o presidenta que componga a este país si el tejido social no se reestructura y se vuelve a tejer.
Tengo esperanza.
Es cuanto.




