Octubre se viste de rosa para recordar la lucha contra el cáncer de mama. Hoy 25 de octubre, “Día Naranja”, esta campaña debe cruzarse con la exigencia de erradicar la violencia de género. Debemos llamarlo por su nombre: negar, obstaculizar o descuidar el acceso de las mujeres a servicios ginecológicos, diagnósticos a tiempo y tratamientos dignos es una forma cruel de violencia.
Existe una violencia sistémica que mutila vidas en silencio. Cuando el sistema de salud falla, cuando se normaliza el dolor ginecológico o cuando escasean las mastografías, se vulnera el derecho directo a la vida. A la par de estas fallas institucionales, la violencia machista en el hogar sigue siendo un obstáculo latente. Suele aún darse la situación de parejas que, por celos o control, impiden que las mujeres asistan a una revisión ginecológica integral, despojándolas de su autonomía y del derecho a prevenir enfermedades que les cuesta la vida.
Por si fuera poco, quienes logran llegar a la consulta a veces enfrentan la violencia del propio personal médico. La condescendencia, la minimización de los síntomas y el juicio moral sobre la vida sexual alejan a miles de mujeres de una detección oportuna por miedo a ser juzgadas o ignoradas.
No basta con portar un lazo rosa un mes al año ni con vestir de naranja cada día 25. Erradicar la violencia de género exige humanizar la medicina y entender que la salud pública es el primer frente de defensa. Por una atención médica digna, libre de prejuicios y al alcance de todas, juntas y juntos impulsemos un sistema de salud que garantice, que cure, que cuide y que respete la vida de todas sin distinción alguna.
Jennifer Islas. Política, feminista y conferencista.
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