En la actualidad las innovaciones informáticas juegan un papel fundamental en la vida cotidiana, cambian y enriquecen la interacción humana, la comunicación y las transacciones sociales de todo tipo.

Desde el punto de vista de las y los usuarios finales, podemos hablar de que en este campo, el de la informática, al momento hemos vivido tres grandes olas de innovación tecnológica: en la introducción de las computadoras personales, Internet y los dispositivos móviles. Actualmente, la cuarta ola de innovación informática se está desarrollando en torno a tecnologías inmersivas espaciales como la realidad virtual (VR) y la realidad aumentada.

La idea es que esta ola conforme el próximo paradigma de computación ubicua; ello, con el potencial que conlleva, en el sentido de poder transformar la educación, los negocios, el trabajo remoto y el entretenimiento. Este nuevo paradigma es el denominado “metaverso”, término acuñado a partir del prefijo griego “meta” que significa post, después o más allá y universo.

Dicho de otro modo, el metaverso es un universo post-realidad o más allá de ella, un entorno multiusuario perpetuo y persistente que fusiona la realidad física con la virtualidad digital. Sus aplicaciones permiten una mayor y mejor interacción humana, pues esta tecnología pareciera ser el remedio contra las limitaciones fundamentales de las herramientas digitales bidimensionales, basadas en la web.

Estos recientes avances tecnológicos, de hecho, ya están cambiando rápidamente la forma en que interactuamos con el mundo físico que nos rodea. Diariamente, más corporaciones exploran en el metaverso y, así, desdibujan en gran medida las fronteras que unen nuestra vida física con la virtual, a través de inteligencias artificiales y algoritmos que sobrepasan nuestra imaginación, en cuanto a sus capacidades de aprendizaje de quiénes somos para facilitarnos la vida en muchos aspectos, pero que en tal proceso pueden ser altamente intrusivas en la vida, dignidad, privacidad, intimidad y autodeterminación informativa de las personas.

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Aún no entramos por completo al metaverso, pero el destino ya es claro. El problema en nuestro tránsito hacia él radica en que, desde ahora, nuestra huella digital y vestigios digitales se rastrean activamente y ello puede revelar no solamente nuestra identidad, sino también nuestra ubicación, edad, preferencias de compras, amigos, películas favoritas y mucho, mucho más.

En el peor de los casos, dicho seguimiento que ya se realiza, a veces a nuestras espaldas, y muchas otras porque no prestamos el debido cuidado de nuestros propios datos, puede llevar a que entidades hostiles conozcan información sensible y/o altamente confidencial, como, entre otras, el historial médico de las personas, números de tarjetas de crédito, números de identidad y que pueden dar lugar a conductas indebidas o ilegales, pero que, en todo caso, al final siempre acaban por lesionar las libertades y los derechos de las personas.

En este contexto, al Estado corresponde acelerar el paso para aprovechar y generar, las vinculaciones existentes y viables, con el objeto de que global, articulada y coordinadamente con la comunidad internacional, avancemos hacia una efectiva regulación del metaverso con el que paulatinamente nos fundiremos como una extensión de nuestras mentes. A las personas nos toca reflexionar, ser cuidadosas, preventivas y, en su caso, denunciar lo indebido o ilegal; es decir, ser responsables.

Mtro. Julio César Bonilla Gutiérrez, Comisionado Ciudadano del INFO CDMX