Si las y los políticos extranjeros conocieran mejor la sabiduría mexicana en torno a la muerte podrían resultar más previsores y exitosos o al menos no tan dolientes. A algunos nos les quedará más que lamentarlo y a otros celebrarlo.
Así, por ejemplo, si Netanyahu, Trump y Bolsonaro hubieran reflexionado sobre el “Como te veo me vi y como te ves me verás”, habrían evitado o quizás prolongado más su caída, en lugar de pensar que la frase solo aplicaba a los gobernantes de izquierda.
Por ello es que ahora solo les queda asumir en silencio: “Mas vale decir aquí corrió que aquí murió” o en su defecto “Ya nos llevó la Parca”.
Algo así deberán estar meditando lo mismo Macron que Sánchez, aunque es probable que se sentirían mejor si entendieran que “Cuando te toca, aunque te quites y cuando no aunque te pongas”, o bien, “si me han de matar mañana que me maten de una vez”.
Entre las y los mexicanos no se puede cantar mal las rancheras.
Para algunos, pocos, al saber que el Ing. Cárdenas dejó este mundo, tuvieron que admitir sus propios desaciertos: “Cuando vivía el infeliz, ¡ya que se muera!, y hoy que está en el veliz. Ay que bueno era!"
El gran líder michoacano, por el contrario, bien podría sonreír diciendo, luego de tres resurecciones pos-dominicales en 1988, 1994 y 2000, y al final de una larga y valiosa vida: “A mí la muerte me pela los dientes”.
Mientras que en el círculo de nuestro querido INE, que tanta vida nos ha procurado, diversas voces insisten: ‘A mí no me cuelguen ese muertito”, sin recordar la sabia afirmación: “Donde lloran está el muerto”, a la vez que “caite cadáver”, pero en el entendido, advierte la gente de a pie respecto a la propia institucion: “Lo que no te mata te fortalece”.
Hay más, pero es mejor dejarlo a la imaginación y creatividad de cada quien.
Por ahora prefiero guardarme a recibir a mis difuntos, no sin antes pensar en lo que debe pensar el mexicano que no alcanzó el tren madrileño mortal: “Mas vale un minuto tarde que un minuto de silencio”. Los que sí llegaron, desde luego lo sentimos y que descansen en paz.
Acá es pertinente cerrar invocando al payaso en su lecho de muerte: “Me voy, no los entretengo más”.
Nos seguimos leyendo en la resurrección cotidiana del chat, si es que estamos, que ya es ganancia.


