Cada 7 de junio recordamos la importancia de la libertad de expresión, uno de los derechos más valiosos que tiene una sociedad democrática. Sin ella no existe el debate público, no hay rendición de cuentas, no se pueden señalar errores ni proponer soluciones. Sin libertad de expresión, la democracia pierde una de sus herramientas más importantes para mantenerse viva.

Con los años, he aprendido que informar implica una enorme responsabilidad. No basta con tener la posibilidad de hablar; es necesario hacerlo con honestidad, con respeto a los hechos y con un compromiso permanente con la verdad. La libertad de expresión no es un privilegio de los medios de comunicación, sino un derecho que pertenece a todos los ciudadanos.

Vivimos tiempos complejos. La velocidad de las redes sociales ha multiplicado las voces, pero también ha abierto espacio a la desinformación, la confrontación y los juicios precipitados. En este contexto, el periodismo profesional tiene la obligación de actuar como un puente entre los acontecimientos y la sociedad, ofreciendo información verificada y contextos que permitan comprender mejor la realidad.

La crítica es parte esencial de la vida pública. Ningún gobierno, institución, empresa o personaje público debe estar exento del escrutinio ciudadano. Sin embargo, también debemos entender que la libertad de expresión conlleva responsabilidades. Defender este derecho significa proteger la posibilidad de disentir, incluso cuando no compartimos la opinión de los demás.

México ha recorrido un largo camino en la construcción de espacios más abiertos para la expresión de las ideas, pero aún enfrenta desafíos importantes. La violencia contra periodistas, la intolerancia al pensamiento distinto y los intentos de desacreditar a quienes informan son recordatorios de que las libertades nunca están garantizadas de manera permanente. Deben ejercerse y defenderse todos los días.

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He procurado contribuir a la conversación pública con independencia, apertura y respeto a la pluralidad. Creo firmemente que los medios de comunicación deben ser espacios donde converjan distintas voces, distintas visiones y distintas propuestas para construir una mejor sociedad.

El Día de la Libertad de Expresión es una oportunidad para reconocer el trabajo de miles de periodistas, comunicadores, fotógrafos, camarógrafos y creadores de contenido que todos los días salen a buscar historias, documentar acontecimientos y acercar información a la ciudadanía. También es una fecha para recordar que la libertad de expresión no pertenece únicamente a quienes ejercemos el periodismo; pertenece a cada persona que decide alzar la voz para expresar una idea, una preocupación o una esperanza.

Defender la libertad de expresión es defender el derecho de la sociedad a conocer, cuestionar, participar y decidir. Es defender la posibilidad de construir un país más libre, más informado y más democrático. Porque al final, una sociedad que puede expresarse libremente es una sociedad que tiene la capacidad de transformar su propio destino.