Según los sondeos, los debates en realidad importan poco, pues en general los votantes, una vez convencidos sobre el candidato que tendrá su voto, difícilmente cambiarán de opinión. Así es el caso en todos los países. En otras palabras, los resultados de los debates no determinan el curso de una elección.
Sin embargo, sí que ofrecen material para los titulares. El jueves pasado Delfina Gómez se enfrentó a Alejandra del Moral en un debate que será recordado principalmente por tres cosas: la mayor capacidad de la priista frente a Delfina, la desafortunada intervención de Ana Paula Ordorica haciendo hincapié en lo innecesario de apoyar a las minorías y a la candidata de Morena intentando sacudirse el escándalo de corrupción que involucra los diezmos de Texcoco.
Tras el debate, un buen número de comentaristas y líderes de opinión se dieron a la tarea de informar sobre quien había ganado el debate. Sin conclusiones. No puede haber una clara ganadora pues cae irremediablemente en lo subjetivo y en ejercicios de especulación. Mientras algunos aseguran que Delfina ganó el debate tras no haber caído en las provocaciones de Del Moral, otros medios aseveran que la candidata de la alianza expuso ante los mexiquenses las enormes deficiencias de Delfina y sacó a la luz las acusaciones que envuelven a la ex secretaria de Educación Pública.
Alejandra del Moral se mostró aguerrida y dispuesta a lanzarse contra Gómez. Delfina, por su parte, recurrió a la rancia estrategia morenista de mostrarse como una mujer humilde y cercana a la gente. En el tema de la corrupción, Del Moral se llevó la mejor parte. Acertó en asegurar que en sus veinte años de servicio público no había sido jamás observada por temas relacionadas con conductas impropias. La “maestra”, por su parte, no tuvo más remedio que esconderse detrás de su caparazón de mujer cercana a las necesidades de los desfavorecidos.
El Estado de México es la joya de la corona y la próxima elección será histórica. Por un lado, supondrá la posible desaparición del PRI de la escena nacional en términos de número de gubernaturas (a reserva de conocer lo que ocurra en Coahuila) y por el otro, podría significar la consolidación del dominio de Morena a la vieja usanza priista.
En adición, quien resulte vencedora en las elecciones del próximo 4 de junio puede resultar determinante para 2024. Pondrá en evidencia la efectividad y pertinencia de las alianzas y colocará un alfil en el tablero de ajedrez en términos de la utilización de fondos públicos (seguramente en contravención de la legislación electoral) y movilización de los electores mexiquenses para apoyar al candidato presidencial que porte las siglas del partido de la gobernadora.
