A finales de 2025 y principios de 2026, la economía mexicana se caracteriza por una marcada desaceleración, estancamiento productivo y un entorno de alta incertidumbre. Las proyecciones de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) son particularmente bajas: estimaciones que oscilan entre 0.1% y 0.4% colocan al país en un riesgo latente de recesión técnica.
Si bien el sector servicios mantiene cierto dinamismo y el consumo interno no se ha desplomado, el estancamiento de la inversión pública y privada limita seriamente las posibilidades de un crecimiento sostenido. La falta de certidumbre, la desconfianza hacia la iniciativa privada y la debilidad institucional han pasado factura a la economía.
El modelo económico de la 4T
El gobierno federal enfrenta crecientes presiones para financiar un elevado gasto en programas sociales, al tiempo que debe cubrir el servicio de la deuda pública y una carga cada vez mayor derivada de los pasivos de Petróleos Mexicanos. El déficit fiscal se ha ampliado y su financiamiento depende de un mayor endeudamiento, lo que reduce el margen de maniobra de las finanzas públicas y compromete la estabilidad de mediano plazo.
Existen, además, factores estructurales que evidencian los límites del modelo económico impulsado por la llamada Cuarta Transformación. Uno de los más preocupantes es la alta concentración del ingreso y la riqueza. La fortuna del empresario Carlos Slim equivale aproximadamente al 3% de la economía nacional, mientras que los 15 hombres más ricos del país concentran más del 25 por ciento.
De acuerdo con un reporte de Oxfam Internacional, en México apenas 15 mil 215 personas —el 0.01% de la población— poseen una riqueza equivalente a alrededor del 36% del PIB nacional. Estas cifras contrastan con el discurso oficial de justicia social y redistribución del ingreso.
Datos oficiales
La Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) 2024 confirma esta tendencia. El decil X, correspondiente al 10% más rico de la población, concentra el 30.3% del ingreso total, mientras que la mitad más pobre del país apenas acumula el 23.3 por ciento. Esta brecha se amplió entre 2022 y 2024, lo que refleja un deterioro en la distribución del ingreso durante el actual modelo económico.
Estos resultados contrastan con las tres décadas previas, en las que, con aciertos y errores, la estabilidad macroeconómica permitió un crecimiento promedio cercano al 2.5 por ciento. El cambio de modelo promovido por la 4T: estatismo a ultranza, desconfianza hacia la inversión privada y debilitamiento institucional, ha derivado en una caída de la inversión, un mercado laboral frágil y un endeudamiento creciente.
2026, más allá de la narrativa
De acuerdo con México Evalúa, 2026 será un año especialmente complejo para la economía nacional. La organización advierte que, pese al optimismo expresado por el gobierno federal, el margen de maniobra fiscal es cada vez más estrecho y los ingresos públicos resultan insuficientes frente a una extensa lista de gastos y obligaciones.
A pesar de este escenario, la presidenta Claudia Sheinbaum insiste en que “vamos bien”. Aunque reconoce un menor ritmo de crecimiento en 2025, sostiene que la economía se mantiene sólida, destacando la estabilidad del peso y el aumento de la inversión pública. Según su narrativa, el modelo basado en programas sociales y obra pública fortalecerá el mercado interno y sentará las bases de un crecimiento más equitativo.
Esta postura contrasta con la reciente reunión que convocó en Palacio Nacional con ocho economistas, presuntamente propuestos por Gerardo Esquivel. De lo poco que trascendió, fue lo señalado por Gabriela Dutrenit: se abordó el tema del crecimiento económico. El encuentro no fue informado oficialmente.
En una columna publicada en Milenio, Esquivel calificó la reunión como “inédita” y la presentó como un ejercicio de apertura al diálogo. Una lectura más cercana a la propaganda que al análisis, ya que del encuentro no surgió nada concreto y todo indica que se trató de una estrategia mediática para simular atención ante el deterioro económico.
Resulta además discutible presentarlo como un hecho sin precedentes. Desde Miguel de la Madrid, gobiernos y aspirantes presidenciales han dialogado con la comunidad académica. La diferencia es que hoy, bajo la lógica de la 4T, prevalece la consigna de “estás conmigo o estás contra mí” y la máxima heredada de López Obrador de no moverle “ni una coma” a las iniciativas oficiales.
La reunión en Palacio Nacional no marcó el inicio de una política económica renovada ni de un diálogo plural. Más bien pareció un intento por paliar mediáticamente los problemas del país. Porque los grandes desafíos siguen sin atenderse y pretender resolverlos con un cafecito es, por decir lo menos, una ilusión peligrosa.
X: @diaz_manuel




