La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) es una piedra para la educación pública en México y para la gobernabilidad del país. Surgida a partir de una escisión del SNTE, ha buscado desde siempre, bajo el discurso de una supuesta “democratización” del sindicato, obtener prebendas y beneficios para sus líderes, en detrimento de los niños y jóvenes mexicanos.

Para ello la CNTE ha hecho uso de todo tipo de chantajes políticos dirigidos a desestabilizar gobiernos, causar desórdenes, imponer agendas y llevar a los presidentes y secretarios de Educación en turno a las mesas de negociaciones con las peores amenazas.

En días recientes, la CNTE ha bloqueado calles, obstaculizado vías y provocado caos en una Ciudad de México que más que nunca, está obligada a demostrar al mundo que es la capital de un pais con el orden e infraestructura suficientes para organizar con éxito un Mundial de futbol. Si bien no fueron capaces de provocar mayores conflictos en el Estadio Azteca el día de la inauguración, han continuado con sus movilizaciones.

La CNTE ha sido empoderada por Morena. Se recordará que la reforma educativa de 2013 buscó el debilitamiento del control del SNTE y de la propia coordinadora mediante una serie de reformas legales que les arrebataron el control de la asignación de plazas, mermando, en los hechos, sus capacidades de dominio sobre la voluntad de los docentes. Sin embargo, AMLO en 2018, ávido de contar con el apoyo de los “maestros”, les apoyó abiertamente, para que ellos, a su vez, le ofrecieran sus votos.

¿Se han olvidado acaso de que fue el propio candidato López Obrador y una parte de la clase política morenista los que acompañaron a la CNTE en las marchas de 2016 con el objetivo de desestabilizar el gobierno de Peña Nieto y asegurar, dos años más tarde, el triunfo de Morena? ¿No son ellos responsables de un nuevo empoderamiento de la Coordinadora que hoy pretende cobrar favores?

La presidenta Sheinbaum y su gobierno están obligados hoy a hacer frente a su exaliada. Si bien la CNTE existe desde antes del triunfo de Morena, el morenismo, en su afán de conquistar el poder en 2018, les arropó, abrazó y les concedió la abrogación de la reforma educativa. Sin embargo, como todo poder fáctico con propósitos de desestabilización, nunca está conforme, no tiene colores partidistas y ahora pretende doblegar a la presidenta con nuevas exigencias.