“Déjame ser tu voz

Déjame ser tu capitán

Déjame ser la cruz del mapa

Donde puedas regresar

Si vas a preguntarme de nuevo

Créete la respuesta

Si vas a dispararme con hielo

Deja que me resguarde”.

Manuel Carrasco, ‘Déjame ser’

Dice López Obrador, al recorrer las carreteras de Pitiquito, comunidad del municipio seri de Sonora: “¿Ya ven por qué no sirven los helicópteros? Porque si viene uno en helicóptero no se da uno cuenta de cuántos hoyos y baches hay”. Convicción (yo creo más bien embuste, pero esa es otra historia) del primer mandatario, desde mucho antes de asumir la presidencia, el que él y los funcionarios de su gobierno no utilicen helicópteros oficiales, aviones privados, el TP-01, así como aeronaves de las fuerzas áreas para trasladarse. Menos aún cuando se trata de realizar actividades no directamente relacionadas con sus responsabilidades.

Consejo que su titular de Gobernación a nivel federal ciertamente no tomó en cuenta hace unas semanas cuando —todo indica- utilizó un avión de la Guardia Nacional para realizar actividades proselitistas para promover el ejercicio de revocación de mandato presidencial en el norte del país.

En ese entonces, tan consciente estuvo de lo evidente del “desacato” que, al ser increpado por reporteros de la prensa nacional sobre si utilizó un avión oficial, se negó a responder, argumentando que tenía prisa.

La directriz que Adán Augusto López Hernández sí escuchó muy claramente fue cuando AMLO lo mencionó como posible candidato a sucederlo y le dio autorización para buscar la candidatura por Morena. Sí, lo de llevar a Adán al primer plano del escenario político no era broma; lo de tener la venia del presidente tampoco.

Tan es así que al titular de Gobernación se le ve hoy de lleno en campaña. Ahora, apenas hace un par de día en Hidalgo donde a él también le tocó su dosis de vítores ¡Presidente! ¡Presidente!; antes en otras entidades de la República.

¿La justificación para esos paseos? La misma que utiliza Claudia Sheinbaum y Marcelo Ebrard, las dos corcholatas más fuertes que ha anunciado Palacio Nacional: promover y apoyar las candidaturas de Morena a las gubernaturas de Aguascalientes, Durango, Hidalgo, Oaxaca y Quintana Roo y Tamaulipas que se disputarán este 5 de junio (así sea que esto les signifique pedir un permiso oficial de ausencia y que se les descuente uno o dos días de sus salarios).

Si de por sí cuestionable —en términos normativos, éticos y políticos— lo que llevan a cabo unos y otra, hay muchas diferencias, sin embargo, entre lo que hace Adán Augusto y sus coetáneos partidistas. Quizá dos de ellas las más destacables.

Veamos. La primera es que para el caso del secretario de Gobernación en funciones se ha desplegado una campaña en forma promocionando su candidatura a la Presidencia. ‘Adán Va’ se llama y se pueden apreciar promocionales en diversos lugares de la República; desde espectaculares en Progreso de Obregón hasta calcomanías en rutas de transporte público en Acapulco.

No está expresamente prohibido que funcionarios hagan proselitismo en apoyo de miembros de su partido cuando estos últimos estén en tiempos de campaña promocionándose para un cargo de elección popular. La cosa cambia, no obstante, ¡cuando es un funcionario el objeto mismo de una campaña política! Y eso es precisamente lo que está ocurriendo con ‘Adán Va’. A lo anterior se le denomina campaña electoral adelantada —sumamente adelantada, diría yo— y cuando se hace de manera formal, como podemos apreciar de los promocionales, se encuentra penada por ley.

Yo en lo particular sigo poco convencida de que el objetivo primordial de Adán Augusto López —dado que viene de tan atrás en la intención del voto del electorado mexicano—, sea contender realmente por la candidatura a la Presidencia. Hace unas semanas escribí una columna al respecto aquí en SDPnoticias: La función de Adán Augusto es debilitar a Marcelo.

Lo que me lleva a lo segundo: las posiciones de las que parten Sheinbaum y Ebrard versus López Hernández. Se entiende la presión que deben de tener quienes apoyan al secretario en hacerlo, ya que viene de mucho más lejos en los números que sus contrincantes morenistas y mucho es lo que tiene que remontar para ser competitivo (suponiendo que competir por ‘la grande’ sea su objetivo).

Me parece, entonces, que en el fondo estamos ante una estrategia para restarle votos al canciller Ebrard y atajarle el camino a la jefa de gobierno capitalino, Claudia Sheinbaum.

Como fuere, el asunto es que hay una campaña DESPLEGADA para Adán Augusto que lo promociona a la Presidencia de la República y se llama ‘Adán Va’.

Lo que no se entiende o cabe preguntarse —independientemente de lo ilegal o ilegal de la campaña— es ¿si así, con promocionales, es la mejor forma de destacar? ¿Ese tipo de campaña traerá los beneficios esperados? ¿Funcionará entre el electorado?

Es posible que no haya sido el propio Adán Augusto quien haya ordenado esta campaña promocional; vaya, que ni siquiera estuviese enterado o consciente de ella. En todo caso, tiene todo el aparato de Gobernación —es decir, le sobran instrumentos— para averiguar quién o quiénes están detrás; las personalidades que lo apoyan y los financiamientos que los respaldan.

También tiene tiempo, por cierto, aunque no de sobra, para considerar si ‘Adán Va’ le beneficia más de lo que le perjudica. No vaya a resultar que ese ‘Adán Va’, como ese otro que ha hecho costumbre trasladarse en aviones oficiales, no vaya a ninguna parte.